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Rueda de prensa en Valladolid con Juliette Binoche e Isabel Coixet

  Josephine Diebitsch Peary (1863-1955), no quiso ser una Penélope más en espera de su Ulises y compartió la pasión por el Ártico de su marido, el explorador estadounidense Robert Peary (1856-1920), al que acompañó en varias de sus primeras expediciones por Groenlandia. En una de ellas, en 1893, nació su hija Marie Ahnighito Peary, lo que documentó en un libro ilustrado con numerosas fotografías: “The snow baby” (El bebé de la nieve), sobrenombre que le dieron los nativos, que nunca antes habían visto un niño blanco. Anteriormente ya había recogido sus experiencias viajeras en “My arctic journal”. En un viaje posterior emprendido con su hija para reencontrarse con su esposo, tras varios años separados, su barco resultó dañado por un iceberg y se vieron obligadas a pasar el invierno muy alejadas del campamento de destino. Durante esos meses conocieron a Allakasingwah, la joven amante esquimal de Robert, con quien tuvo un hijo. Este descubrimiento no quebró el apoyo incondicional que Josephine siempre prestó a la obsesión de su marido por ser el primero en plantar bandera en el Polo Norte, incluso cuando, tiempo después, esta conquista fue cuestionada. Hasta su muerte, a los 92 años, tras recibir por sus méritos personales la medalla más prestigiosa de la National Geographic Society, no dejó de defender la memoria de Robert Peary.

Hasta aquí la historia real. Y a partir de ella el largometraje de Isabel Coixet, partiendo del guion de Miguel Barros, que se define como una trama “de aventuras, de descubrimiento, de dolor, de supervivencia y, por encima de todo, una increíble historia de amor”.

Ciertamente la narración de “Nadie quiere la noche” difiere sustancialmente de los hechos reales, en cuanto que se centra en el intento de reencuentro en 1908, en solitario, de Josephine (Juliette Binoche) con su marido con la intención de poder compartir con él la gloria por alcanzar el Polo Norte, compensando así parte de tantos sacrificios familiares. Aunque prevenida de los peligros de su aventura en una inoportuna época estacional, inminente la inclemente gran noche ártica, la temeraria tenacidad y resolución de esta mujer de la alta sociedad norteamericana le llevará a los límites de su resistencia, además de permitirle conocer a una mujer inuit, Allaka (Rinko Kikuchi), que cambiará su forma de enfrentarse a la vida.Nobody Wants the night_Women

La película inauguró la 66ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín y clausuró la 60ª Seminci. Se estrenará en España el viernes 27 de noviembre pero antes inaugurará el Festival de Cine de Zaragoza que se inicia este jueves.Binoche y Coixet_Photocall_Nobody Wants the night_Foto Seminci

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Primer día de rodaje en tierras noruegas

La concurridísima rueda de prensa en Valladolid aportó interesante información sobre su duro rodaje, que se inició en nevados exteriores de Noruega (a catorce grados bajo cero y sufriendo gélidas ventiscas), continuó en un plató de Bulgaria y concluyó en pleno mes de junio en unos estudios de Tenerife donde se recrearon las escenas finales en un iglú.

El trabajo siguiendo la cronología de la historia y cada vez en un espacio más reducido, favoreció la inmersión de Juliette Binoche en su personaje, cuya interpretación declaró le supuso “un gran esfuerzo físico y mental, incluso mayor que el de otras películas que han sido superexigentes para mí desde este punto de vista, como Camille Claudel 1915. Un mes después de terminarla aún seguía dentro de la historia”, algo que raramente le ocurre. Binoche destacó la evolución de su personaje, que empieza en un extremo, sintiendo el gran orgullo de la supuesta primacía del hombre blanco, y termina en otro, con una humildad total ante la cercanía de la muerte, o de forma más gráfica: es una mujer que empieza la historia “como un pavo real y termina como un perro”. En ese trayecto resulta esencial el encuentro con Allaka, la amante esquimal de su marido: “la confrontación con la que siente como rival enemiga se convierte en un laboratorio de sentimientos magnífico, porque le provoca un sinfín de emociones”.Nobody Wants the night_Juliette Binoche_Josephine

Isabel Coixet_Nobody Wants the night

Las tierras árticas recreadas en pleno verano en el Plató del Atlántico de Santa Cruz de Tenerife

Coixet reconoció algunos cambios respecto a la versión vista en Berlín, donde llegó recién concluida, sin tiempo para pulir, pero “ante la insistencia de la organización de que inaugurase el festival, se proyectó así”. A posteriori se añadió una voz en off grabada por Juliette Binoche que, según la directora, “redimensiona mucho más la película, de modo que ahora es mucho más compacta y más coherente. Y mejor, sí”. Añadió: “vosotros sabéis que estas cosas los directores las niegan siempre, pues yo no, lo he hecho y lo admito. Y ahora suscribo la película fotograma a fotograma”.

En la rueda de prensa hubo momentos incluso para la emoción:

Aquí el tráiler original en VOSE y un clip promocional de la película:

Resonancias

Cuando no haya camino, haz uno“, este es el lema de Robert Peary que aparece escrito sobre una raqueta de nieve que termina ardiendo para proporcionar calor. Toda una metáfora del alto precio que pagan algunos pioneros, y también muchos de los que les secundan.

Porque en “Nadie quiere la noche” se concede protagonismo a quienes habitualmente no aparecen en las crónicas de los descubrimientos y conquistas, pero que han sido esenciales para que quien se lleva su gloria haya alcanzado la meta. Como los profesionales que acompañan al “titular” de la expedición, los naturales del lugar que aportan su experiencia y conocimiento del terreno o las parejas sentimentales que nunca han dejado de apoyar y animar.

En este sentido, aunque breve y bastante difuminado en el conjunto, resulta significativo el papel del irlandés Gabriel Byrne como Bram Trevor, que ayuda a Josephine en su primera parte del viaje por las inhóspitas tierras heladas; la única voz occidental que ejerce de conciencia del menosprecio ejercido sobre la población nativa. Al margen de Binoche, le sigue en relevancia la presencia de la japonesa Rinko Kikuchi (que ya había trabajado con Coixet en “Mapa de los sonidos de Tokio“), que con su caracterización de la inocente y generosa Allaka aporta algunos de los momentos más entrañables de la historia, sirviendo como contrapunto cálido a la altiva gelidez inicial de Josephine.

Porque lo cierto es que la composición del personaje encarnado con gran solvencia por Juliette Binoche, dado su marcado carácter altivo y orgulloso, bordeando incluso el ridículo en un juego de contrastes entre “su civilización” y la cultura indígena, impide empatizar con gran parte de su aventura, a la que le cuesta adquirir temperatura emotiva. Solo a medida que, progresivamente, se va descongelando la armadura de arrogancia de Josephine, y sobre todo cuando esta se queda en carne viva de vulnerabilidad, la historia remonta y entras de lleno en la situación límite, que culmina en un memorable clímax gracias a la intensidad de sus intérpretes femeninas.

El film donde mejor funciona es en su faceta épica, sobre todo por el trabajo fotográfico de Jean-Claude Larrieu (colaborador habitual de Isabel Coixet). Convertida la naturaleza en un personaje desafiante, la belleza con la que se nos muestra transmite la magia que debió atrapar a sus primeros visitantes y que les motivó a arriesgar sus vidas en aras a conquistar sus espacios vírgenes.

Incluso con todas sus imperfecciones, “Nadie quiere la noche” resulta un retrato estimable sobre la obstinación, sobre la necesidad de trascender prejuicios, sobre la solidaridad que nos hace mejores, sobre la lucidez que adquirimos en situaciones inesperadas… Porque, aunque nadie quiera la noche, a veces es preciso sumergirse en el corazón de sus tinieblas para descubrir o recordar lo auténticamente esencial de la vida.

Juliette Binoche_Nobody Wants The Night