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destino_short_disney_dali_posterWalt Disney y Salvador Dalí: innovadores, ingeniosos, artífices de muchos de los iconos de nuestro imaginario colectivo, mentes artísticas arrolladoras unidas en un cortometraje de animación que fusiona dos universos con estilo propio.

Sus trayectorias e intereses propiciaron su conexión; los imperativos del tiempo, su separación; su recíproca amistad, sus reencuentros. Vida, Cronos, Amor, fueron precisamente personajes simbólicos de su proyecto en común, inconcluso en un primer momento pero finalizado décadas después en una especie de jugada poética del destino.

Recordaremos algunas de las claves de esa relación personal y creativa y nos dejaremos sumergir en el insondable mundo onírico de esta maravillosa pieza, finalmente de seis minutos, titulada “Destino”.

Primero, disfruta del corto:

Paralelismos, cruces y proyectos comunes

Ambos nacidos en los albores del siglo XX: Disney en 1901 en Illinois (Chicago) y Dalí en 1904 en Figueras (Gerona); con un entorno familiar semejante: madres alentadoras y cariñosas frente a padres dominantes y estrictos, pronto descubrieron sus vocaciones artísticas y no dudaron en apostar por ellas con unas firmes creencias en sus talentos.

Ya asentadas sus carreras, frutos de sus respectivos trabajos coincidieron el año 1936 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), que albergó obras de Dalí dentro de la muestra “Arte fantástico, dadaísmo, surrealismo” y un avance del corto de animación “Los tres lobitos“, segunda secuela del oscarizado corto “Los tres cerditos” (1933). Ambas breves piezas formaban parte de la exitosa serie del estudio de Disney “Sinfonías tontas” (Silly symphonies), filmes musicales de pocos minutos que servían a su creador como terreno de experimentación. Precisamente Dalí, gran cinéfilo que pronto probó también la creación cinematográfica junto a su amigo Buñuel en las revolucionarias “Un perro andaluz” (1929) y “La edad de oro” (1930), conocía bien la citada serie desde su primera historia, realizada en 1929 y que le llamó poderosamente la atención: “The skeleton dance” (verlo aquí). Incluso, tras un viaje a California en 1937, había expresado por carta al padre del surrealismo, André Breton, cómo había tomado contacto con los tres surrealistas de Hollywood, citando a Walt Disney nada menos que junto a Cecil B. DeMille y a los hermanos Marx (para quienes ese año confeccionó un guion y dibujos como base de un proyecto, tristemente fallido, conocido como “Jirafas en ensalada de lomos de caballo“).

Time_Dali_1936_Disney_1937

Los dos protagonizaron en varias ocasiones la portada de la prestigiosa revista norteamericana Time. Sus primeras apariciones fueron casi consecutivas: en el número 24 publicado en diciembre de 1936, Dalí; en el número 26, de diciembre de 1937, Disney

Por su parte, Walt Disney se interesó especialmente por el pintor tras leer su autobiografía, “La vida secreta de Salvador Dalí” (1942), enviándole una carta en 1944 con la petición de que le firmase su ejemplar. Este será el arranque de una relación epistolar en la que se manifestaron su admiración mutua. Un año después por fin se conocieron personalmente en una fiesta en casa del productor Jack Warner. Por entonces el artista español ya había realizado parte de la secuencia del sueño (accede aquí) de “Recuerda” (Spellbound, 1945), convirtiéndose luego la aportación daliniana (aunque cercenada su idea original por cuestiones presupuestarias) en lo más celebrado de esta incursión en el mundo del psicoanálisis del maestro Hitchcock.

El 14 de enero de 1946, Disney y Dalí suscriben un contrato para concebir una pieza animada, de unos ocho minutos, que formase parte de un largometraje de episodios (package film) al estilo de la recién terminada “Make mine music” (estrenada a lo largo de 1946). Bajo el nombre de “Destino”, el punto de partida sería una melodía del mexicano Armando Domínguez, con letra escrita por Ray Gilbert e interpretada por Dora Luz.

Now I can smile and say
Destino, my heart was sad and lonely
In knowing that you only
Could bring my love to me
Destino, this heart of mine is thrilled now
My empty arms are filled now
As they were meant to be
For you came along
Out of a dream I recall
Yes you came along
To answer my call
I know now that you are my destino
We’ll be as one for we know
Our destiny of love.

Del texto de esta canción solo será al final reconocible en la historia en imágenes el sentimiento de anhelo, tal será la libertad creativa de Dalí en su desarrollo, para lo que se traslada varios meses a los estudios de Disney en Burbank (California), donde trabajará intensamente en estrecha colaboración con uno de los animadores de confianza de Disney: John Hench,  miembro del equipo realizador de “Fantasía” (1940), “Dumbo” (1941) y “Los tres caballeros” (1944).

Tras varios meses de efervescencia daliniana, incluyendo cada vez más elementos, como un jugador de béisbol como alternante referencia masculina en la ya enrevesada trama, el coste se incrementó tanto que la compañía de Mickey Mouse terminó por considerar “Destino” como un riesgo inasumible entonces, recordando los fracasos económicos de “Pinocho” (1940) y “Fantasía”, dos fuertes apuestas que, aunque hoy sean clásicos, en su día no recuperaron ni de lejos en taquilla la suma invertida. En plena posguerra, el abandono de la obra se justificó por entenderse que se atravesaban malos tiempos para un proyecto tan extraño y difícilmente comprensible. John Hench intentó salvarlo, sin éxito, montando poco más de quince segundos en los que dos enormes bustos avanzan sobre unas tortugas formando con su unión una silueta que enseguida cobra vida propia.

En esa renuncia a que el film se concluyese también influyó la diferente concepción del mismo por parte de Disney y Dalí. El primero lo definió como una sencilla historia de amor, donde chico conoce a chica. El segundo explicó que trataba de reflejar una “mágica exposición de los problemas de la vida en el laberinto del tiempo“. En una superficial lectura de las notas y composiciones dalinianas, cabría decir que en la trama una mujer, luego bailarina, llamada Dhalia, protagoniza un intento de unión con Cronos, dios y, a su vez, esclavo del tiempo que adopta al final la forma de un jugador de béisbol. Lo cierto es que a Walt siempre le interesaron más las tramas sencillas con personajes sólidamente perfilados, mientras que a Salvador estos no le importaban, huyendo de lo narrativo a favor del simbólico mundo imaginario de los sueños. En su personal “Destino”, Dalí buscaba que el espectador practicase un método de su invención: el paranoico-crítico, de modo que se dejase llevar en el visionado por su particular interpretación desde su subconsciente. En sus propias palabras: lo que vemos en las cosas no está en las cosas, sino en el fondo de nuestra alma.destino_dali_disney_short-3

Este malogrado plan no arruinó su amistad, como lo prueba el que en 1951 Dalí y Gala visitasen al matrimonio Disney en su mansión californiana en Palm Springs y este les correspondiese en 1957 alojándose en su casa en Cadaqués (ver clip), donde llegaron a barajar un nuevo proyecto adaptando Don Quijote.disney_dali_catalogue

La exposición “Disney y Dalí: Arquitectos de la imaginación“, ubicada hasta enero de este año en el Museo Familiar de Walt Disney en San Francisco y después, hasta el pasado junio, en el Museo Dalí de la americana San Petersburgo (Florida), ha explorado a fondo la relación de estos dos carismáticos artistas. Dentro de su programación tuvo lugar una interesantísima charla de una hora impartida por Peter Tush que está divulgada en abierto en VO en el canal de YouTube de The Dalí Museum (acceso aquí). Tush propone una curiosa lectura de “Destino” apoyándose en las notas de Dalí y de varios de sus estudiosos formulando esta estructura de la obra:

  • Parte 1: primer encuentro, la fiesta y los falsos destinos.destino_dali_disney_short-1
  • Parte 2: vuelo, segundo encuentro y el baile de la flor de diente de león.
  • Parte 3: relojes biológicos y barreras.destino_dali_disney_short-4
  • Parte 4: el laberinto de las reliquias y el destino mostrando su camino.destino_dali_disney_short-5
  • Parte 5: el ballet del béisbol.
  • Final: el templo del amor; el viaje de Cronos desde la lujuria al amor.destino_short_disney_dali_love_cronos

Renacimiento

En 2003 un sobrino del fundador de los Estudios Disney, Roy Disney, aprovechando el abundante material conservado en su compañía y en la Fundación Dalí, promueve finalizar el corto encargándole la dirección al francés Dominique Monféry, que recibe el asesoramiento del propio John Hench.

En el resultado en animación tradicional mezclada con minutos de técnica digital, se identifica plenamente el universo daliniano: referencias mitológicas, paisajes áridos, imágenes a partir de otros objetos evocando el estilo de su admirado Giuseppe Arcimboldo, su obsesión por el tiempo y las metamorfosis, elementos recurrentes como los teléfonos, las hormigas, los hombres en bicicleta…

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En la obra de Dalí el ciclista aparece por primera vez en el primer trabajo con su amigo Buñuel, “Un perro andaluz”, y luego lo repetirá pedaleando con piedras sobre su cabeza en pinturas como “Placeres iluminados”, “Coloquio sentimental” y “Góndola surrealista sobre bicicletas en fuego”

Se presentó en junio de 2003 en el prestigioso festival de cine de animación de la ciudad francesa de Annecy y obtuvo numerosos reconocimientos en otras muestras cinematográficas, incluso la nominación al año siguiente al premio Óscar como mejor corto animado.

Posteriormente se divulgó en la edición especial de 2010 en Blu-Ray del clásico “Fantasía” junto a su estimable continuación “Fantasía 2000“, que incluía el corto junto a un documental concebido para la ocasión: “Dali & Disney: A Date with Destino“, dirigido por Ted Nicolau, posteriormente comisario de la exposición citada “Disney y Dalí: Arquitectos de la imaginación”. Este clarificador documental figura íntegro, en su versión original, en vimeo (clic aquí).

Pinceladas subjetivas

Para finalizar, practicando el método propuesto por Dalí, entrelazo instantáneas y evocaciones personales, pues en cada fotograma del corto cabe un universo de interpretaciones, tan subjetivas como los sueños de cada individuo.destino_corto_dali_disney_tortugas

  • Dalí se autorretrata por partida doble aproximándose a sí mismo: con barretina-homenaje a su tierra y con su bigote-homenaje a su admirado Velázquez. Avanza, lento pero firme, sobre los caparazones del inexorable tiempo. Testigo, el jugador de béisbol, álter ego del yanqui que le lanzó el reto de esta singular obra.destino_dali_disney_short_dandelion
  • Desencuentro y fractura. La conclusión de la historia no parece feliz, pero las semillas de diente de león, como sueños que aspiran a cumplirse o energías que buscan su reproducción, vuelan hacia nosotros como una invitación a la esperanza, o, simplemente, como una bella despedida abierta de este misterioso poema visual.

¿Te animas a formular con palabras lo que “Destino” te provoca?