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Coartar el amor. Imponerle límites legales. O regular el aire que respiramos como forma de hegemonía.

El próximo 12 de junio se cumplirá el cincuenta aniversario del fallo unánime del Tribunal Supremo estadounidense que proclamó la libertad de contraer matrimonio con persona de otra raza. Ello ponía fin a la ilegalidad imperante en numerosos estados del país del matrimonio mixto, penado con prisión. Un paso adelante en la desaparición del segregacionismo. El avance lo hizo posible el pleito judicial de los Loving contra el Estado de Virginia. Un hecho histórico que ha dado el salto a la pantalla grande en una película que, por su apariencia, corre el riesgo de pasar inadvertida, pero que contiene más cine en estado puro que mucho del que se nos vende como tal.

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El arranque del film contiene la esencia de su tono: los sonidos nocturnos del campo, presentes ya en los créditos iniciales, envuelven la confidencia de una mujer preocupada: está embarazada. Un hombre, visto en contraplano a su lado, le replica de forma tranquilizadora acogiendo positivamente la noticia. En plano general los contemplamos a los dos uniendo cariñosamente sus manos y cabezas en el porche de una casa rústica. Una escena que destila amor con una sencillez apabullante y que formalmente condensa la intriga de predestinación propia del cine clásico, aquella que anuncia veladamente la conclusión del relato.

Porque una de las fortalezas de “Loving” es ilustrar, a través de una coherencia formal absoluta, la historia de una pareja real que nunca buscó protagonismo, con una narración desde el reposado ritmo de la cotidianidad de sus vivencias, sin un crescendo dramático que desemboque en ningún clímax especial subrayado por una música intensa. Y ello mediante las convenciones del clasicismo cinematográfico que tan bien parece dominar en su filmografía el director Jeff Nichols, que en sus cuatro largometrajes anteriores también abordaba conflictos de gente corriente, sin explosiones rítmicas desbordadas, enmarcados en paisajes rurales norteamericanos.

Loving_WeddingPor eso la trama de amor entre Richard Loving y Mildred Jeter discurre con serena fluidez mostrando su vida en común desde esa sobria boda celebrada en 1958 en el Distrito de Columbia. Los problemas comenzaron al regresar a su estado natal y de residencia, Virginia, donde la ley prohibía el matrimonio entre una persona blanca y otra de color. Fueron condenados a prisión, si bien sus sentencias quedaron en suspenso a condición de abandonar Virginia. Un largo exilio hasta que decidieron enfrentarse judicialmente a la injusticia sufrida.

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Nichols se toma el tiempo justo para ilustrar, sin artificios especiales de montaje (salvo en la escena del accidente), la sucesión dramática de los acontecimientos de los nueve años entre la celebración del matrimonio y la obtención de su reconocimiento jurídico nacional. Una selección de instantes decisivos donde se prima la relación íntima de la pareja condicionada por su situación legal, pero sin olvidar a su entorno familiar y amistoso aportando certeras pinceladas sobre cómo se ven afectados. Mérito añadido el que no desplace su énfasis al típico filme de pleitos, relegando el contexto histórico-político a mero telón de fondo y la contienda judicial definitiva a un breve duelo final de alegatos, síntesis de las dos posturas enfrentadas.

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Jeff Nichols dando indicaciones a Joel Edgerton

Especialmente valiosa en “Loving” resulta su cartografía emocional marcada por la contención y la sutileza, donde lo que calla la voz lo transmite el gesto y la mirada. Partiendo de una excepcional química, tanto Joel Edgerton (Richard) como Ruth Negga (Mildred) componen sus personajes desde una economía tan admirable como acorde con la esencia del relato. Ambos merecedores de, al menos, competir en la popular carrera para el apreciado Oscar, aunque solo Negga haya sido nominada (única estatuilla dorada a la que puede aspirar el largometraje). Inolvidables sus momentos de honda complicidad sin necesidad de palabras o aquellos donde el rostro pensativo de Mildred nos transmite ese maremoto interior que la motivará a escribir una carta personal al entonces fiscal general Robert F. Kennedy, lo que les condujo al asesoramiento y apoyo de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU).

El documental inspirador: The loving story

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Esta historia ya motivó un telefilm en 1996 titulado “Mr. and Mrs. Loving“, protagonizado por Timothy Hutton y Lela Rochon, del que Mildred Jeter no quedó muy satisfecha.

Posteriormente Nancy Buirski dirige en 2011 el documental “The loving story“, en el que se basa parcialmente el largometraje de Nichols, como declaran sus créditos finales. La enorme similitud entre estas dos obras no es gratuita si tenemos también en cuenta que Buirski es una de las productoras de la actual película. Precisamente el haber podido ver tras esta el documental aún me ha revalorizado más la puesta en escena del filme. Otro olvido injusto entre las nominaciones a la estatuilla de Hollywood: no aspirar al Oscar a mejor guion adaptado. Y es que en este caso el juego de las comparaciones implica un estimulante ejercicio de observación sobre los mecanismos motores del documento social y de la ficción cinematográfica.

“The loving story” se estructura en diversos apartados (el delito, el exilio, volviendo a escondidas, el clima, el caso, el tribunal) usando toda la gama de recursos propios del documental: grabaciones de archivo de la pareja y de su familia (tanto de los años sesenta en blanco y negro como en color de los años ochenta), otros audiovisuales de la época y numerosas entrevistas. Mención especial para las fotos tomadas en 1965 por Grey Villet para el reportaje que le encargó la revista Life, que contribuyó a dar a conocer el caso de los Loving. Se erige ya en toda una declaración de intenciones que la primera de las imágenes sea una de estas fotografías en captura de espaldas con sus manos unidas, seguida de una grabación en la que, desde ese mismo punto de vista, se nos muestra cómo ambos avanzan hacia el tribunal, mientras una voz en off invoca la voluntad divina de crear diferentes razas separadas por continentes como justificación de la prohibición de los matrimonios mixtos. Este es un mero ejemplo de lo bien que articula su directora, también guionista y productora de la obra, la divulgación de la historia elegida mediante el contraste y el uso de fuentes originales. Dosifica asimismo muy bien el tempo narrativo y la elección musical, incluyendo en la banda sonora la Sinfonía del Nuevo Mundo, compuesta por Antonín Dvořák con inspiración en los espirituales afroamericanos escuchados en Estados Unidos, y su pieza “Going home”.

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El documental, que contó en su fase de proyecto con el asesoramiento de Martin Scorsese y se estrenó en la cadena HBO el Día de San Valentín de 2012, recoge también referencias a tres significativas películas donde se plantean historias interraciales: “El nacimiento de una nación” (1915), “Adivina quién viene esta noche” (1967) y “La gran esperanza blanca” (1970).

En la comparativa con el largometraje de Nichols apreciamos la fidelidad de este a su precedente documental, si bien aligerado de todo su contenido estrictamente judicial, que recrea con gran detalle Nancy Buirski, sobre todo a través de los testimonios directos de los abogados defensores de los Loving: Bernard S. Cohen y Philip J. Hirschkop, cuya caracterización en “Loving” es tan encomiable como la del matrimonio protagonista.

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Los abogados reales del caso (imagen superior) son encarnados en la película por Nick Kroll y Jon Bass (imagen inferior)

Los rótulos explicativos del final del documental (en cierre de círculo con los de su inicio aportando relevante información en breve tiempo), son sustituidos casi en su integridad en la película por un plano panorámico que funciona como conciso compendio del mayor deseo de los Loving, tan sencillo como profundo.

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El poder de la imagen fotográfica: Grey Villet y su reportaje para Life

A diferencia del documental, donde solo figura su obra fotográfica, en el largometraje aparece brevemente la figura de Grey Villet, encarnado por Michael Shannon, el actor fetiche de Nichols (e inolvidable protagonista de la excelente serie “Boardwalk Empire” y de la reciente “Animales nocturnos“). Su intervención vertebra una interesante consideración: el poder de las imágenes. Fueron fundamentales en la lucha por los derechos civiles aproximando al gran público situaciones ninguneadas por algunos poderes fácticos. En el reportaje preparado por Villet para la revista Life primó un punto de vista diferente al habitual: en lugar de mostrar reivindicaciones desde la protesta o la indignación, atrapó con su cámara la intimidad doméstica y cotidiana de los Loving, lo que resultó aún más elocuente. Por eso es otro gran logro del filme de Nichols cómo retrata a Villet: desde la verosímil actitud del profesional que sabe que debe ganarse la confianza de sus modelos para capturar su esencia.

Dos famosas citas a este respecto:

“La fotografía ayuda a la gente a ver” (Berenice Abbott).

Si sabes esperar, la gente se olvidará de tu cámara y entonces su alma saldrá a la luz” (Steve McCurry).

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Erich Fromm en su libro “El arte de amar” (publicado en 1956 con el título The art of loving) concluye su último capítulo afirmando que siendo el amor “la única respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana, toda sociedad que excluya, relativamente, el desarrollo del amor, a la larga perece a causa de su propia contradicción con las necesidades básicas de la naturaleza del hombre. Hablar del amor no es predicar, por la sencilla razón de que significa hablar de la necesidad fundamental y real de todo ser humano”.

Cada 12 de junio en Estados Unidos se celebra a nivel popular, como la mayor fiesta multirracial nacional, el “Loving Day” en recuerdo del triunfo judicial del matrimonio homónimo. Una pareja que no aspiró a que su historia trascendiera, solo a poder practicar el lema “vive y deja vivir” y que, sin embargo, desde su valiente testimonio público haciendo honor a su apellido, consiguió cambiar la historia legal norteamericana.

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