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“El cine, dijo André Bazin, sustituye nuestra mirada por un mundo acorde con nuestros deseos. El desprecio es la historia de ese mundo”, así comenzaba el largometraje de Godard El desprecio (Le mépris, 1963), que con esta presentación en off sobre las imágenes de una cámara en pleno rodaje introducía su particular declaración de intenciones sobre el artificioso engranaje generador de la llamada magia del cine. Cinco años después, un cortometraje ruso aportaba su visión paródica de todo el proceso cinematográfico. Fyodor Khitruk, su director y guionista, conocía bien la obra de Godard, con quien conecta en “Film film film” en su doble intención de reprobar el rígido sistema de las productoras que constriñen la libertad creativa y de homenajear a quienes experimentan la odisea que a veces supone realizar una película (tan dura como la de Homero que el propio Fritz Lang adapta en el largo de Godard). Ambos se erigieron en autores renovadores en sus respectivos países.

Imágenes de los créditos iniciales de “Film film film” y de “El desprecio”, dos arranques antológicos

A Fyodor Khitruk (1917-2012) se le considera un maestro de la animación rusa, no solo porque fue uno de los fundadores, en 1993, de SHAR Studio, prestigiosa escuela y productora de animación en Rusia donde enseñó hasta los noventa años, también por su impulso innovador de la animación soviética desde que llegó en 1937, recién graduado de su formación en artes gráficas e ilustración, a los jóvenes estudios Soyuzmultfilm, donde se alejó de los cánones promovidos por Disney y el realismo socialista.

Tras su periodo como un miembro más del departamento de animación, Khitruk demostró su mayor valía en el salto a la realización, tanto en su faceta de animaciones para niños, siendo enormemente populares sus cortos sobre el león BonifacioVinni Pukh, la versión rusa de Winnie Pooh (1969-1972), como en la de animación para adultos, donde su ópera prima, “Historia de un crimen” (1962), ya contiene las marcas de su estilo: trazos sencillos en perspectivas planas, fondos con poco detalle, juegos multinivel y con el cromatismo y gusto por el collage visual con imágenes reales. En este corto de un hombre que mata a dos de sus vecinas, Khitruk trata de que entendamos las razones que llevaron a su protagonista a tal delito, no sin olvidar la crítica social, que desarrollará ampliamente en “El hombre en el cuadro” (1966), demoledora sátira contra la burocracia a través de la evolución de un arribista.

En 1968, con “Film film film” su autor articula otra vez la idea de la empatía, dirigida en este caso a los sufridos promotores de un largometraje, y ante los obstáculos que frenan su consecución despliega su habitual gran carga humorística, que arremete especialmente contra los procedimientos cuadriculados e institucionalizados.

Los trepidantes créditos de arranque incluyen la primera ironía usando una alegre canción que desmiente lo difícil que es rodar, describiendo toda filmación como un sueño dulce y mágico. Esta pegadiza composición, interpretada por la banda Sokol (Los Falcons), integrante de la primera generación de música rock de la Unión Soviética, será el simpático leitmotiv que acompañe a los protagonistas en sus múltiples avatares. El collage de introducción discurre tan rápido (incluso hoy más acostumbrados con la estética publicitaria, del videoclip y de los videojuegos) que es casi imposible en un primer visionado capturar todos sus guiños, que van desde el tributo a las gentes pioneras del mudo a los más vanguardistas del momento (el propio Godard en un fotograma de “Alphaville”), desde el reconocimiento al glamour de las estrellas hasta la mención a los medios que las potencian. Ninguno de estos cuarenta segundos tienen desperdicio, pues incluso los varios dedicados a Buster Keaton resuenan a varios niveles, y no únicamente por haber fallecido solo dos años antes del estreno de “Film film film”: por una parte, evocando su genio desde su primer largo “Las tres edades, parodia de “Intolerancia” de D.W. Griffith como caricatura resulta este corto de Khitruk de la trastienda de las superproducciones de corte histórico (no las de Eisenstein, como la mayoría cree, sino las del también director ruso Grigori Roshal); por otra, recordando algunas de sus últimas apariciones en el cine en esas fechas, tanto en el documental “Buster Keaton está de vuelta” como en el corto experimental precisamente titulado “Film” y, como el que nos ocupa, sin diálogos. En otro ámbito, hasta los colores de la grafía del título, en azul, blanco y rojo, tienen su razón correspondiendo con los de la bandera tradicional rusa, siendo Godard también afín a usar estos tres colores de su bandera francesa en los créditos de sus películas.

Parpadeas y te lo pierdes: fotograma de “Alphaville”, el thriller futurista con tintes de cine negro de Godard, que en 1965 se alzó con el Oso de Oro en el Festival de Berlín

Aunque nos lleguen ecos del acorazado Potemkin viendo “Film film film”, este no trata de parodiarlo, pues su autor tenía en mente a otro director ruso popular por sus recreaciones históricas: Grigori Roshal

El guion, una semilla a la que le espera un largo camino por delante hasta convertirse en película vista por el gran público

El tópico de lo difícil que es dirigir a niños también encuentra su momento divertido en el corto

Tras los créditos vendrá todo un ingenioso relato sobre la larga gestación fílmica: desde la soledad y falta de inspiración del guionista (impagable su amago de suicidio) a las mil puertas que hay que llamar para obtener financiación, pasando por las imposiciones externas propias de un gran estudio, los imprevistos del rodaje, las indisciplinas… La paciencia y los nervios a prueba hasta el momento del estreno. ¿No nos lleva a reflexionar sobre lo injusto que puede resultar que como receptores del producto final a veces lo descalifiquemos con un simple epíteto?

Entre los segmentos en que se estructura la pieza, a destacar el de la descripción de la estratégica formación del equipo técnico y artístico, todo un tributo al cine como trabajo coral de carácter interdisciplinar, donde Khitruk aprovecha, subrayando así la importancia del acabado plástico, para múltiples referencias artísticas mediante fondos de cortes abstractos, geométricos y con especial uso de los contrastes cromáticos. Es fácil pensar aquí en particulares homenajes a pintores paisanos como Wassily  Kandinsky y Aleksandra Ekster (vinculada también al cine por sus diseños gráficos para “Aelita“, clásico del cine mudo ruso con gran influencia estética posterior).

Con ecos del submundo del trabajo de “Metrópolis” de Fritz Lang, director y guionista emprenden su personal periplo en busca del resto de su equipo laboral

Un simbólico ascensor facilita el tránsito entre los diferentes departamentos del estudio de cine enmarcados entre rectas y curvas de estilizados diseños

La banda sonora como relevante elemento atmosférico. Y en “Film film film” el piano como instrumento esencial para marcar los ritmos

Siguiendo con un compatriota coetáneo de Khitruk, el escritor y crítico ruso Viktor Shklovski en su ensayo sobre el lenguaje cinematográfico establecía las semejanzas entre la pintura china y el cine, que “vive a mitad de camino entre el dibujo y la palabra. Los hombres que se mueven en la pantalla son como jeroglíficos. No son cine-imágenes sino cine-palabras, cine-conceptos, mientras el montaje es la sintaxis y la etimología del lenguaje cinematográfico”. Khitruk, que confiaba en el gran potencial de la animación más allá del mero entretenimiento, con “Film film film” ilustra muy bien esta idea, de forma diáfana a veces y otras con más lecturas de las aparentes, pero siempre de manera inteligente y divertida.

Concluyo dedicando esta publicación a mis estimados compañeros y compañeras del 54º Curso de Cinematografía de la UVA, con quienes tanto aprendo y disfruto en nuestra compartida pasión, y que sé que sienten también especial predilección por este cortometraje.