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Como una historia de amor y odio, como un duelo al sol al estilo de la magnífica película de King Vidor, planteó Jesús Palacios su seminario impartido en el 55º Curso de Cinematografía de la Universidad de Valladolid en torno a las no siempre bien entendidas relaciones entre la literatura y el cine encuadrados en el género western.Jesús Palacios, crítico y escritor de cine

A Jesús Palacios, uno de nuestros grandes críticos y escritores cinematográficos, habitual colaborador de la Cátedra de Cine de la UVA, le he escuchado en estos últimos cursos vallisoletanos hablar de temas tan variados como las mutaciones de los géneros populares en España (años 50-80: paella western, erotismo softcore, fanterror…), el cine noir ruso y de los países del Este en la era post-soviética y la influencia del movimiento simbolista en el cine.

Jesus Palacios_Escritor_Critico de cine

La imagen recoge una selección de la amplia trayectoria de Jesús Palacios

Incluso aquellos que, a priori y según gustos, pudieran parecer menos apetecibles sobre el conjunto del programa, resultaron una sabrosa aportación para todo el auditorio. Siempre un torrente de conocimientos transmitidos con la vehemencia de quien domina la materia y, lo mejor, de quien sabe comunicarlos con dinamismo contagiando de forma especial el interés por ellos. En esta ocasión, otro lujo de seminario del que aquí dejaremos un resumen-crónica.

Como avance del conjunto de la exposición y para centrar su contenido, Palacios concretó que el llamado género western o del Oeste americano cabe articularlo básicamente sobre dos elementos definitorios: por un lado, su localización geográfica en torno a la frontera como espacio físico y mítico y, por otro, su secuencia histórica alrededor de la conquista del norte de América, delimitada con la llegada de los primeros colonos blancos (con historias como la de Pocahontas) o más en los inicios del siglo XVIII (con historias como la de “El último mohicano”) hasta finales del siglo XIX con la pacificación de los territorios de Nuevo México y Arizona, es decir, ligado al límite temporal de la formación de los Estados Unidos de América al hilo de la expansión de su Frontera (con mayúsculas, como todo un símbolo para los estadounidenses).

¿Por qué el olvido o menosprecio en España hacia la literatura western?

Haciéndonos conscientes del vínculo ampliamente abordado entre sus orígenes literarios y el cine de géneros como el negro (con autores como Dashiell Hammett y Raymond Chandler), el de ciencia-ficción (Asimov, Clarke, Philip K.Dick, etc.), el de terror (Bram Stocker, Mary Shelley…), entre otros, ¿por qué al analizar el western apenas se ha ocupado la crítica especializada o el ámbito académico de las inspiraciones literarias siendo que casi un ochenta por cien de su cine clásico procede de ellas? Un interesante interrogante que Jesús Palacios respondió considerando el contexto español: porque a la mente de quienes se dedicaban al estudio o a la historia del western cinematográfico acudían autores poco estimables.

En este sentido, uno de los escritores españoles más prolíficos y exitosos en este ámbito, “culpable” de que este tipo de literatura, de bolsillo mayoritariamente (los bolsilibros), haya sido aquí tan poco valorada y considerada solo popular, fue Marcial Lafuente Estefanía. Sus historias se inspiraban directamente en el cine western, tomando arquetipos y los grandes rasgos del género en su expresión más básica, que convertía en literatura para todos los públicos sin especiales ambiciones creativas o artísticas.

Junto a él, Francisco González Ledesma, bajo el seudónimo de Silver Kane, también escribió multitud de novelas western de bolsillo, si bien cultivó asimismo seriamente la novela negra, ganando en 1984 el Premio Planeta con “Crónica sentimental en rojo”. José Mallorquí, por su parte, escribió historias más extensas, documentándose de forma rigurosa, incluso buscando fundamentos históricos conectados con España. Así creó su propia versión de El Zorro con la figura de El Coyote, que llegó a convertirse en uno de nuestros más populares héroes enmascarados. Mallorquí contribuyó también a la configuración del spaguetti western rodado en España participando en diversos guiones (p.ej. “El hombre que mató a Billy el Niño” y “Brandy”, primer largo de José Luis Borau).El Coyote_José Mallorquí_Western_España

No obstante, ninguno de los autores españoles con los que identificábamos aquí la novela western tiene nada que ver con los escritores norteamericanos cuyas obras sirvieron de base para el gran cine western que hoy recordamos.

La gran novela pionera del género: The Virginian

“El virginiano”, escrita en 1902 por Owen Wister, se considera la novela fundacional del moderno western, que inaugura la visión histórica, en retrospectiva, del concepto de frontera norteamericana. Pronto estimada como un gran clásico de la literatura estadounidense, se trata de una novela de costumbres, de cierto estilo decimonónico, muy compleja, con cierto humor y no exenta de violencia, que describe la forma de vida de los vaqueros, su aislamiento, el choque cultural entre las gentes del este y del oeste y cómo va desapareciendo el universo salvaje del cowboy. Totalmente alejada de las novelitas del oeste de mero entretenimiento que triunfaron en España.The Virginian_Publicaciones_Jesús Palacios durante el seminario del Curso de Cine de Valladolid_2018

Cecil B. DeMille la trasladó en 1914 por primera vez al cine, conociendo otras adaptaciones en 1923, 1929, 1946, 2000 y 2014.

A la izquierda, carteles de la primera versión fílmica de “El virginiano”, de 1912, y de la penúltima hasta la fecha, del año 2000. A su lado, los de las versiones de 1929 y 1946.

Para toda una generación este título ha estado ligado a la famosa serie de televisión de los años 60. Siendo interesante destacar que en esa década el western clásico ya había entrado en cierta decadencia, tomando la televisión el testigo de las historias épicas, lo que revela el interés que seguía suscitando la obra de Wister.

Clarence Mulford y Hopalong Cassidy

Clarence Mulford fue otro de los grandes nombres de la “infancia” de la literatura western donde se gestan los grandes rasgos de sus arquetipos (como el vaquero solitario a modo de caballero andante del oeste). Algunas de sus obras se publicaron también en España, no en el marco de la literatura de bolsillo, sino dentro de la colección de novelas ilustradas de la Serie Azul de la Biblioteca Oro, editadas por Molino. Ese fue el caso de “Rancho B-20”, primera aparición en 1904 de Hopalong Cassidy, que se convirtió en el prototipo de gran vaquero. Su serie de novelas inmediatamente también fueron adaptadas al cine, la radio, la televisión y el cómic. William Boyd, ya popular durante el cine mudo, se transformó en su encarnación directa para el gran público.

Zane Grey, hasta en versión operística

Zane Grey será uno de los nombres más representativos de la popularización de la frontera norteamericana, el primer autor de bestseller especializado en novelas del oeste (se dice que el primer escritor millonario de la historia), con más de un centenar de películas y numerosas series basadas en ellas. Su obra más famosa, “Los jinetes de la pradera roja”, escrita en 1912, incluso ha conocido una espectacular versión operística, lo que demuestra la relevancia de la literatura western en Estados Unidos.

Max Brand y la mitología trasladada al oeste

Max Brand, seudónimo del estadounidense Frederick Schiller Faust, publicó gran parte de su obra en el ámbito de la pulp fiction (ficción impresa en papel de bajo coste), destacando por transportar con gran acierto influencias de los clásicos de la literatura universal (de la tragedia griega y de la mitología, entre otras) al western, considerando que su épica de conquista de la frontera se adecuaba muy bien a la tradición de la épica homérica o de las historias de caballerías. Así, por ejemplo, en su exitosa “Destry rides again”, de 1930, trasladaba la figura del mito de Hércules a un vaquero forzudo, ingenuo y bonachón, que dio el salto también a la gran pantalla en numerosas ocasiones, la primera, en 1932 encarnado en Tom Mix, también en Audie Murphy en 1954, si bien la más recordada es la versión de 1939, en España titulada “Arizona“, con James Stewart y Marlene Dietrich como protagonistas.

Ernest Haycox y el paso a la gran narrativa

Con producciones cada vez más cuidadas, el western va cobrando en Hollywood más relevancia que la de un mero serial o película de bajo presupuesto. En esta “adolescencia” se enfoca todavía a un gran público familiar, con grandes estrellas y elementos de drama romántico, si bien, progresivamente se va estimando como género mayor. Como autor relevante en este cambio, Ernest Haycox (admirado por coetáneos como Ernest Hemingway y Gertrude Stein), que aunque falleció prematuramente dejó más de trescientas historias de gran calado psicológico que luego tuvieron su impronta en el cine. Su relato de 1937 “Stage to Lordsburg” se convirtió dos años después en el clásico de John Ford “La diligencia”, el gran paso del western de su infancia y adolescencia como género popular a una entidad narrativa cinematográfica de gran peso. John Wayne, actor icónico de los seriales western ya en su época muda, dio aquí el salto a un personaje mucho más complejo psicológicamente. Ford, a través de los diversos episodios del viaje en diligencia, confrontará y pondrá a prueba las diferentes personalidades arquetípicas de sus personajes.

Paul I. Wellman, el realismo salvaje

También periodista e historiador, de sus más de treinta novelas, siete fueron adaptadas al cine. Entre las más famosas, “Apache” (Robert Aldrich, 1954), con Burt Lancaster como orgulloso guerrero, western revisionista (en línea de otros como “Flecha rota”, de 1950) que mostraba al nativo norteamericano de forma mucho más empática, no tan racista como habitualmente, si bien en la novela el retrato es mucho más crudo y violento. En este sentido, conviene resaltar cómo el cine, por los condicionantes impuestos por el Código Hays, determinó que el western clásico resultara mucho más suave que sus referentes literarios, de modo que no pudo reflejar fielmente el estilo, lleno de realismo salvaje, de las historias de Wellman. No obstante, Aldrich, en 1972 se tomará su particular revancha de Hollywood realizando “La venganza de Ulzana”, una historia también sobre un grupo de indios apaches donde usó muchos elementos narrativos de Wellman. Otra destacable adaptación de este autor fue “Los comancheros”, si bien primando las aventuras y romance dirigidos por Michael Curtiz.

Louis L’amour, autor por partida doble

Otro de los autores más prolíficos y populares de este género, que él prefería llamar “novelas de frontera”, se dedicó plenamente a ellas tras la Segunda Guerra Mundial, al comienzo bajo seudónimo y desarrollando aventuras de Hopalong Cassidy, ya fallecido su creador. Su novela “Hondo” representa muy bien las ricas relaciones entre literatura y cine western, pues surgió como producto de la película homónima, protagonizada por John Wayne y Geraldine Page en 1953, a su vez adaptación de unos de los mejores relatos de L’amour: “El regalo de Cochise” (The gift of Cochise). Dicha historia llamó la atención de Wayne, continuo buscador de material literario que trasladar a la pantalla, que para la ocasión fue alargada en el guion. Su éxito motivó que L’amour volviera a su historia corta reescribiéndola en formato largo.

Cartel de “Hondo”. En algunas de sus secuencias se utilizó el formato 3D, que buscó implantación en aquellos años.

Otro de los títulos que le deben tributo es “Shalako” (Edward Dmytryk, 1968), western desmitificador de los años de coproducciones entre Hollywood y Europa donde ya podían presentarse elementos escabrosos de la frontera de forma más realista.

Una gran escritora del mejor western clásico: Leigh Brackett

En un contexto mayoritariamente masculino, justo es reivindicar la figura de Leigh Brackett, que también cultivó otros géneros literarios, sobre todo la ciencia-ficción épica (recordemos su gran influencia en la saga “Star Wars”, que no oculta sus reminiscencias con un western del espacio) y participó en diversos guiones (precisamente en “El imperio contraataca”), adaptando en algunos de ellos novelas del género negro, caso de “El sueño eterno” (escrita por Raymond Chandler, de quien también trasladaría “Un largo adiós” en 1973), su primera colaboración con Howard Hawks, con quien formaría tándem en otros cuatro largometrajes: uno de aventuras, “Hatari” (1962), y tres memorables western: “Río Bravo” (1959), “Eldorado” (1966) y “Río Lobo” (1970). Estos últimos conforman, en puridad, la gran trilogía Hawks-Brackett, caracterizada por un mismo arco argumental: una situación claustrofóbica en la que defenderse en situación de minoría, con diversas mujeres fuertes protagonistas. Un modelo narrativo luego reproducido en muchos otros géneros, como el de terror y acción (homenajeado, por ejemplo, por autores como John Carpenter en “La niebla”).

Carteles de la gran trilogía cinematográfica creada por Leigh Brackett-Howard Hawks

Un repaso a otros seis representativos autores responsables de diversas obras maestras del género

  1. James Warner Bellah y sus historias de caballería

Su larga experiencia en el ejército la volcó en gran parte de su obra, como en su relato “Masacre”, narrado desde la óptica del cuartel militar, cuyos derechos compró John Ford, que luego le contrató también como guionista. Fruto de su colaboración y amistad fue la llamada trilogía de la caballería: “Fort Apache” (1948), “La legión invencible” (1949) y “Río Grande” (1950), con la camaradería como fondo en torno al fuerte de frontera en el marco de un universo militar. Ford resultó el mejor en su traslación a la gran pantalla de ese mundo, sin olvidar el guion novelado por el propio Bellah “A thunder of drums” (Un tronar de tambores), llevado al cine por Joseph Newman en 1961 y titulado en España “Fort Comanche”.James Warner Bellah_John Ford_Trilogía caballería_Western

También Bellah fue responsable de los guiones de otros dos grandes largometrajes de la filmografía fordiana: “El sargento negro” (1960) y “El hombre que mató a Liberty Valance” (1962), que nos conecta con nuestra siguiente gran escritora.

2. Dorothy M. Johnson, desmitificando la épica de la frontera

Una de las más grandes en el marco de un género concebido como machista por excelencia. Su relato corto adaptado por James Warner Bellah y Willis Golbeck para John Ford bajo el título “The man who shot Liberty Valance” (1953), sigue siendo uno de los grandes western que comienza a desmitificar la propia construcción de la frontera, cuyas connotaciones críticas sirven para revelar la intrahistoria o lado oscuro de la génesis de su país, una historia crepuscular en torno a lo que es inherente al género al abordar un estilo de vida que desaparece a medida que la frontera avanza. En este aspecto también resulta muy relevante su libro “Flame on the frontier: short stories of pioneer women”, que rinde tributo, frente al arquetipo femenino tradicional, a muchas de las mujeres que contribuyeron a la formación de esa frontera.

En los años 50 publicó, asimismo, otras dos historias del oeste que luego se convertirían en celebrados largometrajes: “El árbol del ahorcado” (Delmer Daves, 1959) y “Un hombre llamado caballo” (Elliot Silverstein, 1970). La trama de este último, que recrea la historia real de un noble inglés capturado por los indios que termina por integrarse en una cultura muy alejada de la suya, se encuadraría dentro del western revisionista que, a diferencia de décadas pasadas marcadas por la censura, pudo ya en la fecha de su estreno mostrar escenas impactantes, como los ritos de la ceremonia del Juramento al Sol. Esencialmente fiel a una actitud etnológica y antropológica, resulta una clara muestra de la nueva sensibilidad sobre la cultura india, sin el buenismo de los inicios cinematográficos (partiendo el buen salvaje de Rousseau), que luego tomarían otras películas como “Bailando con lobos” (Kevin Costner, 1990), adaptación de la novela homónima de Michael Blake.

Una selección de sus mejores relatos han sido publicados en español por la prestigiosa editorial Valdemar.

Libros recopilatorios de la obra western de Dorothy M. Johnson

Como dato curioso, Dorothy M. Johnson, correspondiéndole una de las visiones literarias más certeras de las relaciones entre personas blancas recién llegadas y personas nativas, fue nombrada miembro honorífico de la tribu Pies Negros.

3. A. B. Guthrie Jr., explorando territorios salvajes

Su primera novela western escrita en 1947 “The big sky”, inmediatamente se adaptó al cine en 1952, en España con el título “Río de sangre”, de la mano de Howard Hawks y en el marco del llamado prewestern. El filme, protagonizado por Kirk Douglas, se apoya en la primera parte de la novela, aunque no se atreve a describir la vida de los tramperos en la naturaleza con la crudeza del original, una auténtica obra maestra de corte histórico y psicológico.

A. B. Guthrie Jr.-The big sky

Entre sus otras grandes historias western, “The way west” ganó el Premio Pulitzer de ficción en 1950, siendo trasladada al cine bajo el mismo título (en España se le conoció como Camino de Oregón) por el antiguo ayudante de dirección de John Ford, Andrew V. McLaglen, con Kirk Douglas, Robert Mitchum y Richard Widmark a la cabeza. Recrea la apertura a los colonos del camino a Oregón (la carrera más veces reconstruida en el cine de Hollywood), del que conformó todo un ciclo novelístico con otros libros como “Bajo cielos inmensos”.  Contribuyó también a adaptar a otros autores, como Felix Holt y su novela “El hombre de Kentucky” y el siguiente que nos ocupa, artífice de la famosa historia “Shane”, en España titulada “Raíces profundas”.

4. Jack Schaefer y su inolvidable Shane

Triunfó ya con su primera novela, escrita en 1949, “Shane“, considerada una de las mejores del género. Su popularidad se multiplicó tras la adaptación al cine en 1953 por George Stevens, titulada en España “Raíces profundas“. Las relaciones personales entre hijo necesitado y padre mítico que se generan entre el pequeño protagonista y el misterioso pistolero que da título a la historia han sido copiadas ampliamente en películas posteriores como “El jinete pálido”, “Mad Max II” y “Lobezno”.

Monte Walsh” es otra de sus mejores traslaciones a la gran pantalla, que usa precisamente a Lee Marvin y a Jack Palance, chicos malos habitualmente en este género, para encarnar papeles bien distintos en este western revisionista. Basta comparar el tráiler entre “Raíces profundas”, de corte épico, con el de este último o con sus créditos iniciales, de corte nostálgico, para comprobar la distancia entre el western clásico y el revisionista.Monte Walsh y Shane, dos historias de Jack Schaefer

5. Niven Busch y las turbias e intensas pasiones del oeste

En sus tramas aportó pinceladas muy eróticas y sensuales, además de un carácter mitológico. Tras participar en guiones como el de “El forastero” (The Westerner, William Wyler, 1940), bastante desmitificador, y el de “El cartero siempre llama dos veces“, basado en la novela de James Cain, fue el guionista de “Pursued” (Perseguido), una rareza en el western, mezclado con elementos de cine negro sobre un hombre sin memoria, dirigida por Raoul Walsh en 1947, con Teresa Wright (entonces casada con Busch) y Robert Mitchum.

Su novela más famosa fue, sin duda, “Duelo al sol”, adaptada con gran éxito en 1946 por King Vidor, con la singularidad de que este termina la historia trágicamente a diferencia de la original. Un western calificado como psicológico al recrear personajes de gran complejidad en el contexto de una historia épica sobre la saga de un gran rancho donde también se cuenta una intensa intrahistoria.

Mención especial, asimismo, para “The furies” (Las furias), escrita en 1948 y que ya remite en su título (el nombre del rancho de los protagonistas) a la mitología griega, con ecos de Electra y el Rey Lear, convertida en película en 1950 por Anthony Mann con toques de cine negro.The furies_Libro Niven Busch_Anthony Mann

Busch, en su doble faceta de escritor y guionista, fue capaz de crear otro enfoque del oeste norteamericano, sin indios ni colonizadores, con mujeres complejas, relaciones familiares turbias, apuntes de racismo… sin olvidar cómo la frontera se conformó también por la rapiña de los bancos. Todo ello derivaba en un tipo de western oscuro, con marcados simbolismos freudianos.

6. Elmore Leonard para terminar

Aunque más conocido por su obra de cine negro, en los años 50 empezó a escribir literatura western que dio lugar a películas tan sobresalientes como “El tren de las 3:10” (Delmer Daves, 1957. Con otra versión de James Mangold en 2007), “Hombre” (Martin Ritt, 1967, que presenta a un hombre blanco medio apache, típico de su obra) y “Que viene Valdez” (Edwin Sherin, 1971, modelo de venganza protagonizada por Burt Lancaster). Aunque a partir de los años 70 se especializó en thriller y crónicas de la vida subterránea del hampa de Detroit, en 1998, para celebrar el aniversario de la independencia de Cuba vuelve al género western con la novela histórica “Cuba libre” (que él mismo describe como un “western tropical”), con un vaquero, antiguo ladrón de bancos, como personaje principal. Preocupado por documentarse de forma exhaustiva sobre el periodo y escenario de sus tramas, en 2009 la Western Writers of America le concedió el premio de honor por su contribución al género.Elmore Leonard_Adaptaciones al cine

Coda

Con este amplio repaso a una selecta relación de autores y las plasmaciones de su imaginario en pantalla grande, Jesús Palacios no solo nos reveló muchas de las ricas fuentes literarias de las que ha bebido el mejor cine western, demostrándonos cuántos de sus artífices conviven en el olimpo de los grandes escritores, también supo guiarnos, con paso firme, por algunos de los más interesantes y atractivos títulos que conforman el vasto territorio de un género genuinamente norteamericano.

Después nos esperaban en el Aula Mergelina nada menos que John Wayne, James Stewart y Vera Miles para contarnos la verdadera historia de “El hombre que mató a Liberty Valance”, si bien una de sus frases finales se erige en toda una declaración de intenciones: Esto es el Oeste, señor. Cuando la leyenda se convierte en hecho, imprime la leyenda.