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«Somos seres narrativos. Las historias forman parte de lo que nos hace humanos.»

Esta frase de Patricia McConnell ilustra muy bien cómo nos construimos con relatos que vamos integrando en nuestro camino. Y el cine, cuando sabe usar su lenguaje audiovisual de forma certera, funciona como un especial escalpelo que graba en nuestro interior historias como si hubieran sido nuestras. 

Continúo, en el recién estrenado 2022, con mi subjetivo y parcial flashback a una selección de las narraciones cinematográficas de 2021 que ya forman parte de mí. Y que como todo lo que nos ha enriquecido, recomiendas plenamente, de corazón a corazón.

My Best Movies of 2021-01
Tras la primera parte dedicada a «Una joven prometedora», «Petite maman», «La metamorfosis de los pájaros» y «Quo Vadis, Aida?», completo mi relación con otros cinco largometrajes, todos ellos descubiertos en la pasada edición de la Seminci, un festival especializado en cine de autor que, personalmente, nunca me ha defraudado; una apuesta anual segura para la cinefilia.

Seis días corrientes (Sis dies corrents, Neus Ballús, España)

Los juegos de crear ficciones usando como laboratorio las realidades de los protagonistas, intérpretes no profesionales, pueden dar lugar a filmes tan entrañables como «Seis días corrientes», el tercer largometraje de la catalana Neus Ballús, que escogió a sus tres personajes principales tras dos años de casting entre más de mil fontaneros de la Escuela Gremial de Instaladores de Electricidad y Fontanería de Barcelona. Su trabajo previo de improvisación con Valero Escolar, Mohamed Mellali y Pep Sarrá, que nunca habían actuado antes, y la escritura del guion partiendo de sus experiencias, da como fruto una película plena de humor que destila verdad en la cotidianidad de sus peripecias en seis entornos distintos (coincidentes con una estructura de lunes a sábado). Los prejuicios raciales y la desconfianza al diferente, la disparidad de caracteres y la extrañeza ante lo inusual, se salvarán con la empatía que aporta la convivencia; y es que no hay nada mejor como caminar unos días en los zapatos de otro para comprenderlo mejor.

Un experimento fílmico original e ingenioso del que es imposible no salir con una sonrisa.

La peor persona del mundo (Verdens verste menneske, Joachim Trier, Noruega)

No es nada fácil encontrar tu lugar en el mundo. Que se lo digan a Julie, que con apenas treinta años se siente a la deriva en lo vocacional y en lo sentimental. Cuando conoce a Aksel, exitoso dibujante de cómic mayor que ella, parece que podrá asentarse, pero el anhelo de descendencia de él sin la convicción de ella, será la primera divergencia en su camino juntos. Un encuentro casual con Eivind en una fiesta será otro jalón en la desestabilización de su relación. Una trama no particularmente original, solo que el director noruego Joachim Trier la convierte en especial por cómo nos la cuenta: estructurada en doce capítulos, con un prólogo y un epílogo, sus títulos actúan como elemento manipulador que te predispone para después sorprenderte, como la vida misma cuando te conduce por derroteros imprevistos. Porque «La peor persona del mundo» va de los vaivenes de la vida, de los cambios de sentido a los que nos enfrentamos y de cómo los asumimos. Tomando como referente a Julie (si bien en el ecuador del filme se nos ofreceré el contrapunto de Eivind), se nos lanzarán reflexiones sobre los ciclos vitales, la muerte, la familia, los excesos de verbalizarlo todo (atención a sus ricos diálogos), la dificultad de mantener la sintonía con el otro e incluso con tu yo… Un cruce entre drama-comedia romántica que, además de regalarnos escenas deslumbrantes que juegan con el tiempo, como aquella en la que el mundo se detiene ante el encuentro con tu ser amado o la derivada de un sueño hipnótico, nos hará reír, pensar y nos cautivará con su carga de humanidad conectada con las implicaciones, tan intrincadas a veces, del libre albedrío.

Estreno previsto en España el 11 de marzo de 2022.

Un héroe (A hero, Asghar Farhadi, Irán)

En «Un héroe» el iraní Asghar Farhadi vuelve a ofrecernos una de sus creaciones fílmicas que funcionan como un caleidoscopio de puntos de vista ante una misma situación. Nada es blanco o negro, la gama de colores resulta tan infinita como personas existimos. «Yo soy yo y mi circunstancia», acuñó Ortega y Gasset en su libro «Meditaciones del Quijote». Y no le faltan rasgos del ilustre personaje de Cervantes al protagonista de «Un héroe», que en su permiso de salida de dos días de la cárcel, preso por un préstamo familiar impagado, se verá envuelto en una peripecia por un bolso encontrado que le llevará a pasar, como el Richard Jewell del filme de Clint Eatwood, de héroe a villano por obra y gracia de una sociedad egoísta demasiado esclava del gran carnaval de los medios de comunicación (redes sociales ahora incluidas).

Manteniendo los rasgos de estilo de su director, implicando progresivamente cada vez a más personajes que dan complejidad a la trama, con diálogos sin desperdicio y curvas inesperadas en su curso, aunque no llegue a la altura de «Nader y Simin» o de «El viajante», vuelve a atraparnos en sus dilemas morales y a meternos en la piel de las desventuras de su protagonista, cuyo desesperanzado final solo se verá salvado por su sonrisa de inocencia, como un nuevo Lazzaro feliz.

Estreno previsto en España el 18 de febrero de 2022

El contador de cartas (The card counter, Paul Schrader, EE.UU.)

La culpa puede ser una prisión perpetua en la que tú seas tu principal verdugo. El jugador profesional de póker William Tell (un contenido pero intenso Oscar Isaac) busca sobrellevarlo mediante una existencia gris y rutinaria de casino en casino. La irrupción en su vida de un joven impetuoso que busca compensar una herida familiar abierta con su particular venganza, se convertirá en su inesperada ocasión de redención. Para ello, ofrecerá su independencia operativa a una manager, con quien su pasado tormentoso como militar y presidiario irá difuminando su efecto en blanco y negro para explorar el color y la luz a la que había renunciado (bellísimo el simbólico pasaje del espectáculo del jardín nocturno).

El estadounidense Paul Schrader, como ya hiciera con guiones como el de «Taxi Driver» para Martin Scorsese o películas propias como «El reverendo«, vuelve a sus temas de hombres con máscara bajo la que se oculta el dolor, el remordimiento o la ira, y con su puesta en escena sobria pero plagada de brillantes recursos, como su metafórico uso cromático o un gran angular que potencia las pesadillas del protagonista, nos regala un penetrante retrato sobre las segundas oportunidades con uno de esos emotivos finales difíciles de olvidar.

Recién estrenada en España, el pasado 29 de diciembre.

La vida era eso (David Martín de los Santos, España)

«Quien retiene el aliento, lo pierde», frase promocional de esta película junto a la imagen de un barco varado en un páramo, con el que se encontrará María (Petra Martínez) en un momento de la historia. De respirar a pleno pulmón y seguir navegando va «La vida era eso», debut en el largometraje de David Martín de los Santos. En su mediometraje documental de 2011 «¿Generación perdida?» ya nos aproximó a los sueños rotos de la primera generación joven española nacida en democracia y afectada por una crisis económica imparable; integrando el movimiento 15-M que estalló durante su rodaje. Verónica (Anna Castillo) es hija de ese tiempo de precariedad y su emigración en ese contexto (en un sintético guiño en una noticia televisiva) conecta con aquella otra emigración económica de los años 60 que representa el personaje de María. Ambas coincidirán en una habitación de hospital de Bélgica y su compartir sentimientos ante el desarraigo, como los vasos comunicantes, les hará entender sentires de la otra. Y partiendo de una pérdida y de alcanzar una misión motivada por Verónica (la química entre la espontaneidad de esta y la contención de aquella es portentosa), María saldrá de esa inercia de haber sido siempre para otros, para iniciar un viaje físico al sur de España que será todo un viaje a una intimidad desconocida, a un soltar amarras para descubrir parajes vitales que le harán revivir y contemplarse con otros ojos (como le descubrirá Verónica con sus fotografías). Un arco dramático de un personaje maduro brillantemente conducido por la serena presencia y profunda mirada de Petra Martínez, que compone una de esas interpretaciones memorables como cantos a la vida, esa vida que merece ser vivida hasta el último aliento, sin importar la edad ni dar nada por hecho. Porque la vida es eso, no desperdiciar ni un segundo, perder miedo al mar y recrearse con sus olas.

Epílogo musical

Como epílogo extra, ya que quise ceñirme a diez títulos (la dificultad de elegir), recordatorio a otra de las grandes películas de 2021, todavía en cartelera en muchas ciudades: «Última noche en el Soho». De la película, un cóctel chispeante de sabores, desde el más dulce al más amargo, con el Londres de los pasados años 60 como telón de fondo, ya escribí en mi crónica del último Festival de cine de Sitges como uno de los mejores largometrajes de su programación, dirigido por Edgar Wright. Recupero su videoclip de promoción, donde una glamurosa Anya Taylor-Joy nos ofrece una versión a ritmo lento de «Downtown», la canción inmortalizada en 1964 por la británica Petula Clark. En su letra dice:

Don’t hang around and let your problems surround you
There are movie shows, downtown.

(No te quedes por ahí y dejes que tus problemas te rodeen
Hay exhibiciones de películas, en el centro de la ciudad)

Toda una invitación a disfrutar del cine en el cine como paréntesis, como refugio, pero es que, además, siempre saldremos de él con una nueva perspectiva, la que nos ha aportado sentir por un tiempo una experiencia ajena, parte ya, para siempre, de la nuestra.

Feliz 2022 y felices nuevas experiencias gracias al cine.

My Best Movies of 2021-02