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«Sí. Fui educada para ser exclusivamente esposa y madre», decía María Luisa Bemberg, si bien decidió salirse del camino que le marcaron para transitar por uno nuevo que le permitió realizarse plenamente. Y con ello, el cine argentino ganó una de las miradas más atrevidas de los años 70 a 90 del siglo pasado.

Maria Luisa Bemberg-Lemas vitales

Algunos de los lemas vitales de María Luisa Bemberg

«El día que yo tomé la decisión de ponerme detrás de la cámara no era para agradar, sino para convencer», pronuncia tajante en una entrevista incluida en «María Luisa Bemberg. El eco de mi voz», filme dirigido por Alejandro Maci que, tras su paso por el Festival de Rotterdam, fue presentado en noviembre de 2021 en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, dentro del marco «Retratos: Documentales de Artistas». Con su tráiler dimos la bienvenida a la primera sesión de este año promovida por la Tertulia Cinematográfica Perdiguer en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza, con el placer de impartir en su nombre una charla audiovisual sobre la figura y obra de María Luisa Bemberg, cuyo centenario de nacimiento se cumplirá el próximo 14 de abril.

Una sesión titulada «María Luisa Bemberg y su cine como rebeldía«, en la que dimos protagonismo, junto a su figura y obra, a otra mujer que, como ella, se atrevió a traspasar los límites sociales de su época: Sor Juana Inés de la Cruz, una de las más relevantes escritoras del Siglo de Oro español, a la que Bemberg consideraba «la primera feminista del continente americano», por lo que le dedicó una de sus películas: «Yo, la peor de todas«, que proyectamos tras la charla. Transcribo parte de la misma, de forma que esta es la crónica de una tarde con doble nombre de mujer.

Los falsos espejismos de una vida plena de confort.

Para comprender mejor la trayectoria fílmica de María Luisa Bemberg es preciso conocer qué le precedió.

Nació en 1922 en una de las familias más poderosas de Argentina y más ricas del mundo, heredera del imperio económico creado por su abuelo Otto Bemberg, de origen alemán, gracias a la producción de su marca cervecera Quilmes. Ello le facilitó una infancia y juventud privilegiadas.

Quilmes Cerveza Argentina-Imperio Bemberg-Maria Luisa-Cine

Pero no todo eran luces en aquella vida. Sus dos hermanos fueron al colegio y recibieron carreras universitarias, mientras que ella y sus hermanas fueron educadas en casa mediante niñeras e institutrices que se iban sucediendo (más de una veintena). Se trataba de una instrucción como señoritas refinadas (lenguas, música…) orientada al rol de esposas y madres obedientes, damas de la beneficencia como ocupación a lo sumo. De este modo, adquirió una gran cultura, pero se sentía en desventaja respecto a los varones. Encerrada en una jaula de oro. Por otra parte, de su padre no recuerda recibir ningún cariño y a su madre siempre la vio como una víctima de la situación, “ocupada de formar futuras víctimas”, llegando a sentir que “lo único que quiero es no parecerme a ella”.

Aún con todo, cumplidos los veinte siguió el destino que le habían señalado, contrayendo matrimonio en 1945 con Carlos Miguens, arquitecto argentino de alta cuna como ella. Y así pasó a ser Señora de Miguens. Recién casados se instalaron en Madrid, llevando una vida a la moda. Vivieron juntos diez años y tuvieron cuatro hijos; terminaron separándose antes de regresar a Argentina, donde el divorcio todavía no existía.

El cine y el teatro siempre le habían interesado. Durante su matrimonio, asociada con su marido, se dedicó a la producción teatral con no demasiado éxito. Ya divorciada, fundó junto a Catalina Wolf el Teatro del Globo. Cuando todos sus hijos ya se habían independizado y ya no precisaban de su apoyo, intensificó su actividad personal y empezó a escribir piezas teatrales y guiones. Arrancaba así una nueva etapa vital emancipada de los roles asignados, con libertad para alzar una voz que hasta entonces le habían acallado (como a su personaje de Camila en su filme homónimo, a la que su madre le espeta: «Camila, cállate, come y escucha»).

La fascinación por el cine: rodar para expresarse, para reivindicar, para ayudar a despertar.

Fruto de esa actividad como escritora se llevaron a la gran pantalla dos de sus historias, tituladas «Crónica de una señora» (1971), sobre una mujer de la clase alta argentina que, teniéndolo todo, no tiene nada, y “Triángulo de cuatro” (1975), que explora cuestiones del matrimonio convencional, pero no quedó satisfecha del resultado final de ninguna de las dos. De ahí que decidiera dar el salto a contar ella misma desde detrás de la cámara; a contar desde su mirada.

Primeros guiones

Sus inicios fueron consecuencia de su militancia feminista. En los años 70, junto a otras mujeres con sus mismas inquietudes, fundó la Unión Feminista Argentina. Como medio de concienciación, sin conocimientos de técnica, logró terminar su primer cortometraje: “El mundo de la mujer”, de 1972, grabado en la exposición Femimundo, un recorrido documental por los stands de consumo dedicados a la mujer. Con solo quince, pero intensos, minutos, ya revela una profunda mirada crítica desplegada con gran inteligencia, usando el contrapunto sonoro con gran creatividad (como el círculo narrativo creado con el cuento de Cenicienta, que termina simbólicamente tras una reja). Puedes verlo íntegro aquí.

Posteriormente, en 1978, rodó el corto “Juguetes” en otra feria comercial, ilustrando la premisa de que niños y niñas son condicionados desde sus primeros años para sus roles futuros mediante los juegos y los cuentos. No obstante, concluye con un guiño de esperanza en el cambio con la escena final, en la que el entrevistador pregunta a una niña (la nieta de María Luisa Bemberg) qué va a ser cuando sea grande, a lo que ella replica abriéndose su chaquetón para dejar ver escrito sobre su jersey: Bárbara. Disfruta de los once minutos de este corto desde aquí.

Maria Luisa Bemberg-El mundo de la mujer-Corto feminista

Cartel y fotogramas del corto «El mundo de la mujer», que evidencia la consideración de la mujer como sujeto de consumo, reducido su espacio al ámbito doméstico y al de la moda y belleza -al servicio siempre del público masculino-

En la década de los ochenta y con 58 años, se estrenará en el mundo del largometraje, llegando a rodar seis en poco más de diez años, siempre partiendo de guiones propios, fundando con Lita Stantic su propia productora cinematográfica. Emprendedora, sus conocimientos técnicos los fue adquiriendo de forma autodidacta: estudiando libros a fondo y observando. Y para dotarse de habilidad en la dirección de actores y actrices, se fue a estudiar a Nueva York durante 3 meses con Lee Strasberg en el famoso Actors Studio.

Con esos presupuestos de partida, se lanzó a la dirección de cine: «Es hora de que las mujeres nos atrevamos a atrevernos«, era uno de sus lemas. «El creer firmemente que tenía algo para contar me impulsó a hacer cine. Contribuir a que las mujeres descubran que pueden hacer mucho más que servir y gustar… que sepan que pueden crear, además de procrear«. 

Ello quedó bien plasmado en su filmografía, cuyos rasgos definitorios, en términos muy sintéticos, podrían resumirse en:

  • Historias contadas desde protagonismos femeninos.
  • Temáticas ajenas al discurso hegemónico.
  • Personajes centrales disidentes.
  • Evitar el estigma de victimización impuesto en la mujer.

Como consecuencia, en las entrevistas, a lo largo de toda su trayectoria como directora, tuvo que responder a una pregunta recurrente: ¿por qué sus protagonistas siempre eran mujeres? Y la respuesta siempre iba en la misma línea: ¿le hubieran formulado una pregunta similar a un hombre director sobre sus protagonistas masculinos?

Lo manifestó claramente en muchas ocasiones, como en una publicación en La Nación el 19 de diciembre de 1986: «El mío es un cine muy comprometido con la ideología feminista y siento como una obligación ética proponerle al público una imagen de la mujer diferente a los estereotipos que suele dar de ella el cine masculino».

Demos un breve paseo por sus películas para comprobarlo.        

«Momentos» (1981). Abriendo caminos a otras miradas: rutina conyugal vs pasión desde el punto de vista femenino.

Su debut en el largometraje narra la historia de una mujer de mediana edad ocupada en una vida tranquila y aparentemente feliz en su segundo matrimonio hasta que se le cruza un joven que se enamora de ella e insiste en que le corresponda. Lo interesante es que María Luisa Bemberg, deliberadamente, invierte los roles tradicionales en todos los sentidos, pues la infidelidad (el adulterio, pues estuvo penalizado en Argentina hasta 1995) la asume una mujer, abandonando a un marido comprensivo para continuar con su nueva aventura sentimental. Aunque su desenlace puede resultar algo decepcionante por su carácter convencional, no deja de apuntar interesantes cuestiones sobre las inercias en las relaciones.

Momentos-DVD Caratula-Recorte frontal

Además, en su puesta en escena ya se revelan acertadas opciones expresivas, como la diferente forma en que vemos comportarse a la protagonista con sus dos parejas o el momento en que el marido la descubre en su incipiente amorío, con un espejo que, atrapando la imagen de los dos futuros amantes, anticipa el arranque de la escisión de su matrimonio.

Momentos-Maria Luisa Bemberg-Fotogramas

Con «Momentos» su directora cosecharía los primeros reconocimientos de su carrera:

  • Premio Ópera Prima del Festival de Cine de Cartagena.
  • Premio al mejor Guion e Interpretación Femenina en los Festivales de Huelva y Chicago.

«Señora de nadie» (1982). Un paso más allá: romper con todo e iniciar un proceso de búsqueda de una nueva identidad.

Se trataba de la película que María Luisa Bemberg quería que fuera su ópera prima, pero el Director del Instituto de Calificación Cinematográfica de entonces no la admitió por aparecer un personaje gay al que la historia no ridiculizaba. Además, su contenido lo consideraron inmoral (daba mal ejemplo a las mujeres), ya que contaba la historia de una mujer (Luisina Brando, en el primero de sus tres papeles con Bemberg) que abandonaba su hogar (esposo y dos hijos pequeños), harta de las infidelidades de su marido, para reiventarse a través de un trabajo fuera de casa y un nuevo círculo de amistades.

La secuencia inicial ilustraba a la perfección su punto de partida: la protagonista laboriosamente enfrascada en labores domésticas cuidadosamente desempeñadas, que veremos enmarcadas tras ventanas o estancias a modo de simbólicas celdas. Otras secuencias posteriores son igualmente ejemplares, como aquella en la que, antes justo de su abandono, va dejando un montón de notas a lo largo de la casa con las tareas pendientes (una forma de visibilizar esas faenas domésticas de las que se encargaba, un trabajo tradicionalmente no valorado), o aquella en la que se reúne en una cafetería con sus dos hijos y les explica con gran cariño los motivos de su marcha (escena emocionante, en la que se destaca su amor de madre, que no obstante no la ata a una relación indeseada). Mención también para la escena de la fiesta donde se encuentra con cierto señor barbudo (una sorpresa del guion) entablando con él un diálogo sobre su ser «señora de nadie».

Señora de nadie-Fotograma inicialSeñora de Nadie-Fotogramas y Carteles-Maria Luisa Bemberg

La evolución de su entrañable relación de amistad con Pablo, un joven gay que conoce en unas sesiones de terapia, sembrará el carácter disruptivo del final de la película, reconocida con el premio al mejor guion otorgado por la Sociedad argentina de escritores.

«Camila» (1984). De la mano de una historia real, un éxito extraordinario. A las puertas del Óscar y un fenómeno en Argentina.

Basada en la historia real del trágico amor de la joven aristócrata Camila O’Gorman y el cura Ladislao Gutiérrez durante la dictadura de Juan Manuel de Rosas, a mediados del siglo XIX, fue la primera película argentina estrenada tras la recuperación de un gobierno democrático, todavía con los ecos de la última dictadura militar. Coproducción con España (con un jovencísimo Imanol Arias como Ladislao), se convirtió en uno de los títulos argentinos más taquilleros.

Camila-Film de Maria Luisa Bemberg-Carteles

Nominada como Mejor película en habla no inglesa en la 57ª edición de los premios Óscar, entregados en 1985, supuso un hito en la cinematografía de su país por su enorme reconocimiento internacional. José Luis Garci (que en 1983 se había alzado con este Óscar por “Volver a empezar”) no dejó de declarar ante los medios de comunicación que “Camila” debería ser la ganadora de la estatuilla dorada de Hollywood, significativo considerando que precisamente competía con ella en esa categoría con su largometraje “Sesión continua”. Finalmente, el preciado galardón se lo llevó la película franco-suiza “La diagonal del loco”, de Richard Dembo.

La grandeza del largometraje se encuentra en trascender la tragedia romántica para convertirla en un desafío a la moral imperante, a la par que delata los mecanismos del poder que convierten cualquier asunto íntimo en moneda de cambio al servicio de sus intereses. En este sentido, Camila O’Gorman se enfrenta al poder patriarcal encarnado en su padre, en la Iglesia y en un sistema político opresor (su final, con la ejecución, cuenta con una lectura claramente política de lo que implica un régimen dictatorial). A destacar las escenas en que la madre de Camila alza su voz en favor de su hija denunciando el papel al que se relega a la mujer.

Camila-Film de Maria Luisa Bemberg-Fotogramas

Muy atractiva visualmente, «Camila» subraya su romanticismo con una suave textura lumínica al principio casi de ensoñación, plagada de colores claros y cálidos que van apagándose y oscureciéndose conforme avanza la trama. Su clímax final, no por menos esperado resulta menos memorable en la escenificación de los últimos momentos de los dos desafortunados amantes.

«Miss Mary» (1986). Su película más autobiográfica. Recreando el pasado de una clase social mediante los propios recuerdos.

Tras el triunfo de “Camila” fue más fácil embarcarse de nuevo en una película de época, esta vez coproducción con Estados Unidos, con Julie Christie y Nacha Guevara al frente del reparto.

Miss Mary-PosterMiss Mary-Maria Luisa Bemberg-Fotogramas

La acción se inicia en el verano de 1938 y se centra en una familia de clase alta, símbolo de la oligarquía, que maneja el país como si fuera suyo, si bien su poder se verá desplazado por el ascenso de Juan Domingo Perón en 1945. Todo este trasfondo histórico será contado desde el punto de vista de la institutriz inglesa de la familia, Miss Mary, encarnada por Julie Christie.

Esta será la película más autobiográfica de su directora, donde incorpora muchos recuerdos de su infancia. De alguna forma resulta un tributo a las muchas institutrices que conoció. También le servirá para retratar una sociedad rígida y patriarcal y un contexto familiar hipócrita y autoritario en el que las apariencias asfixian a los sentimientos auténticos. Miss Mary, en su apuesta por la afectividad, traspasará los límites que por género y posición social se le han impuesto.

«De eso no se habla» (1993). Reivindicando la diversidad de las diferencias y la libertad de ser quien quieras ser.

Dando un salto al último filme de Bemberg, rodado estando ya enferma de cáncer, tomará como base un cuento homónimo de Julio Llinás, que le servirá para abordar la libertad desde el personaje de Carlota (Alejandra Podesta), cuya madre (Luisina Brando) se empeñará de forma déspota en negar a todo el pueblo su diferencia: nació con acondroplasia (tipo común de enanismo). La madre impondrá a todo el mundo “que de eso no se habla”, y si no se nombra, no existe. Carlota asume sin cuestionar la vida que le marca su sobreprotectora madre hasta que concurre un hecho que escapa al poder de esta. Con Marcello Mastroianni como el caballero extranjero que se enamora de Carlota, su desenlace apartándose del texto literario de origen subrayará el sello de independencia que su directora quiere imprimir en sus mujeres protagonistas.

De eso no se habla-Maria Luisa Bemberg

Y dejo para el final, a pesar de la ruptura cronológica y por ser el título proyectado, el penúltimo largometraje de María Luisa Bemberg, en cuyo guion, junto al escritor Antonio Larreta, trabajó cuatro años adaptando el ensayo de Octavio Paz en que se basa: «Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe«, publicado en 1982.

«Yo, la peor de todas» (1990). Recuperando la figura de una mujer excepcional: Sor Juana Inés de la Cruz.

Desde que leyó sobre ella, Bemberg admiraba la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, mujer del siglo XVII amante del saber e inteligentísima (a los 3 años ya sabía leer y a los 7 ya escribía poesía), que optó por ingresar en una orden religiosa (tras un periodo de dama de la Corte) para poder seguir estudiando.

Con el título de «Yo, la peor de todas», elegido por su directora de una firma final que inventa, se ocupa de los ocho años de vínculo entre la monja poeta (apodada la «Décima Musa» y personificada por Assumpta Serna) y los virreyes de Nueva España en México (unos solventes Héctor Alterio y Dominique Sanda), mecenas y protectores de su arte frente a la censura eclesiástica.

Yo la peor de todas-Maria Luisa Bemberg-CartelesYo la peor de todas-Maria Luisa Bemberg-Fotogramas

Sin duda, este es el largometraje más depurado de toda la obra de María Luisa Bemberg, con una teatralización deliberada en los escenarios y en la disposición y movimiento de sus personajes al servicio de una austeridad conceptual que conecta con el simbolismo.

De ahí que no sea casual que en la magnífica serie documental “Women make film: una nueva road movie a lo largo de la historia del cine”, escrita y dirigida por Mark Cousins, clase magistral de lectura cinematográfica a través de fragmentos de películas de 183 directoras, se incluya precisamente “Yo, la peor de todas” en dos de sus capítulos, los dedicados a la puesta en escena y a la economía (“hacer mucho con poco”). Los momentos elegidos (la perfecta coreografía de religiosas acudiendo en fila a votar para elegir a la nueva madre superiora y la escena previa en que se fragua la trampa para Sor Juana Inés entre dos monjas y el arzobispo) ilustran a la perfección los aspectos cinematográficos analizados.

Como se indica en la citada serie, en la escena de la votación, “el movimiento de la vista por la escena recuerda a una coreografía. Y es que la puesta en escena es, en cierto modo, una coreografía… Las monjas están votando pero se mueven como una serpiente. Corte a un plano grúa hacia la izquierda. Una fila va hacia la izquierda pero algunas bajan una escalera y van a la derecha. La directora diseña la escena como una coreografía de teatro».

Por su parte, la escena de la conspiración se describe así: se ve “cómo empareja la directora las señales visuales. Unas monjas hablan con el arzobispo. Son poco más que triángulos blancos. Él parece un cuadro de Van Dyck. La charla es una traición. Se están chivando de otra monja. Sin decoración, un espacio austero, hacen la traición cruda, rudimentaria.”

Ciertamente, el minucioso cuidado en todos sus elementos permitirían un muy jugoso análisis cinematográfico de toda la película, desde su prólogo como un marcaje de territorios entre los nuevos virrey y arzobispo brindando en una composición sombríamente simétrica, hasta la presentación de Sor Juana tras sus tesoros del saber en esa «habitación propia» propugnada siglos después por Virginia Woolf, pasando por todas las rejas que la separan del resto de hombres con los que se relaciona. Las referencias pictóricas, por luz, encuadre y ordenación de sujetos y objetos presentes, destacan también sobremanera contribuyendo a un esteticismo que envuelve y atrapa.

Sin perjuicio de su brillantez formal, «Yo, la peor de todas» constituye otro de los mejores ejemplos de su directora de un osado personaje femenino (y feminista) frente a los poderes instituidos que limitan su desarrollo y la relegan a servir en silencio. Aunque en este caso el final no sea alentador, la salvación de su obra literaria se erige en su particular triunfo frente al despotismo y la intolerancia («Juana, por donde tú pisas crece la envidia», le llega a decir el virrey).

Como sucede con toda gran película, que siembra una semilla de resonancias y de despertares, tras su proyección resulta casi inevitable querer conocer más de esta polifacética escritora (cultivó la prosa, la poesía y el teatro). Esa fue la sensación generalizada al acabar la sesión.

Epílogo.

No me queda más que agradecer la presencia de todas las personas que acudieron al acto, que con su concurrida asistencia aportaron pleno sentido al mismo; al Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza por su acogida, con especial referencia a Verónica García Corripio, coordinadora del mismo, por su fantástico apoyo en todo (incluyendo las fotos siguientes, testimonio de la tarde), así como a los compañeros de la Tertulia Cinematográfica Perdiguer que me arroparon: Pepe Laporta, Juan Carlos Ajenjo, Fernando Gracia y Antonia Benavente. La suma de todo dio como resultado una tarde memorable.

Aprovecho para anunciar que la Tertulia volverá al Ámbito Cultural de El Corte Inglés Independencia el viernes 25 de marzo, a las 18 horas, de la mano de Oswaldo Somolinos, que hablará de las películas nominadas a los premios Óscar, que se entregarán la noche del 27 de marzo.

Con Pepe Laporta-Tertulia Perdiguer-Ambito Cultural El Corte Ingles-Febrero 2022-Ambito Cultural El Corte Ingles-21 febrero 2022-Tertulia Cine Perdiguer-01Instantáneas de momentos antes de la charla, acompañada de Pepe Laporta, uno de los fundadores de la Tertulia Cinematográfica Perdiguer, y de varios momentos de la misma. Muy agradecida por tanto público asistente.

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Para finalizar, para quien quiera conocer más a María Luisa Bemberg:

  • Su web: http://www.marialuisabemberg.com
  • El documental de 2021 “María Luisa Bemberg. El eco de mi voz», dirigido por Alejandro Maci, cineasta, actor y guionista argentino que trabajó como asistente de Bemberg en «De eso no se habla» y quedó encargado de filmar el guion que esta dejó tras su muerte, «El impostor», basado en un cuento de Silvana Ocampo.
  • El libro «El asombro y la audacia. El cine de María Luisa Bemberg», de noviembre de 2020, de Julia Kratje y Marcela Visconti como compiladoras, que recoge en sus 205 páginas entrevistas a la directora, a compañeras de su equipo artístico y técnico, análisis de sus películas, así como la voz de la nueva generación de directoras argentinas, que escriben sobre la influencia de Bemberg en su obra. Descarga en pdf desde aquí.

Maria Luisa Bemberg-El eco de mi voz-DocumentalLibro El asombro y la audacia-Maria Luisa Bemberg-Portada

Las efemérides sirven para mantener especialmente viva la memoria. En Argentina se va a celebrar, sin duda, por todo lo alto el centenario del nacimiento de una cineasta que fue pionera en conceder protagonismos femeninos desde posiciones poco comunes por aquellos años. De ahí que las generaciones posteriores de directoras argentinas la hayan sentido como un referente. Ojalá que la sesión del pasado febrero sirviera para que quien no conociera a María Luisa Bemberg haya descubierto su talento y quiera indagar más en su filmografía. El coraje y la libertad que guiaron su trayectoria sigue latiendo en las mujeres de sus películas, mujeres en las que, en gran medida, encarnó su rebeldía; la rebeldía de construir tu propia vida.