Ocho tardes de celebración del cine aragonés, de su calidad y, sobre todo, del placer de compartirlo en ese cada vez más valioso (en estos tiempos virtuales) tú a tú con quienes lo hacen posible. Así podría resumirse la doble cita que, un septiembre más, supuso en Zaragoza la XIII Muestra de Documentales Aragoneses y la XXIII Muestra de Cortometrajes Aragoneses, dos encuentros ya tradicionales encuadrados en las fiestas del barrio zaragozano de Delicias y organizados por la Asociación Cultural de Costumbres Aragonesas.
Durante dos fines de semana, entre conciertos, espectáculos y otras propuestas para pequeños y mayores, el Centro Cívico Delicias y el Teatro de las Esquinas volvieron a convertirse en escenarios de ese particular latido de la emoción cinematográfica. Con 43 trabajos audiovisuales en total. Un latido que este año se hizo especialmente visible en las butacas: la asistencia creció hasta desbordar el aforo en varias sesiones de documentales y reunió, en la muestra de cortometrajes, a más de trescientas personas de media cada tarde.
Una acogida que habla por sí sola del arraigo de ambas muestras en la cinefilia aragonesa. Porque, más allá de las cifras, lo revelador se palpaba en las salas: muchas caras conocidas que volvían a encontrarse de una sesión a otra, ya como espectadoras, ya como miembros de los equipos que compartían sus trabajos.
Cine de proximidad, potenciado por las presentaciones de los filmes por sus cineastas, con la posibilidad incluso de mantener un coloquio en el caso de los documentales. Una muestra en la que también hubo regalos inesperados, como la interpretación de gaita de boto que precedió a la proyección de Ixigoleta y bordón, mediometraje de investigación de Silvia Orós que aborda la recuperación de este instrumento tradicional pirenaico. Pequeñas sorpresas que solo puede ofrecer el cine en vivo y en directo.
Esta doble edición otorgaba, precisamente, un mayor protagonismo al público, al fin y al cabo el último destinatario de todo trabajo audiovisual.
Este 2026 estrenaba nuevos reconocimientos decididos por las personas asistentes. Por una parte, para los documentales, por primera vez, la Distinción ‘Dolores Gil de Pardo’, en recuerdo de esta pionera de la fotografía aragonesa, coincidiendo con el 150 aniversario de su fallecimiento. La organización quiso así vincular memoria, imagen y testimonio, agradeciendo también la puesta en valor de su figura por la Universidad de Zaragoza, que el pasado abril promovió una exposición sobre ella como trabajo conjunto del profesorado y alumnado del Grado en Información y Documentación; una muestra universitaria elaborada con la misma profesionalidad con la que la fotógrafa, nacida en Almonacid de la Sierra en 1842, ofrecía a sus clientes los retratos de estudio denominados ‘cartas de visita’.
Por otra parte, este año se sumaron reconocimientos diarios a los cortometrajes, a modo de accésit, acompañando a la ya veterana Distinción ‘Alberto Sánchez’ al corto más votado del conjunto de los seleccionados.
Además, la estatuilla concedida a los trabajos más populares cobraba nueva forma, vinculada a la cuarta letra del abecedario con un claro valor simbólico: D de Delicias como su entorno natural, D de Disfrute cinéfilo, de Directoras/Directoras, de Diversidad, de Diálogo. Con una tira de celuloide en su margen, todo un ejemplo de cómo una figura puede potenciar la seña de iDentidad de un evento cultural.
Además de esa proximidad física y emocional entre personas espectadoras y creadoras, otra de las singularidades que comparten estas dos muestras tiene que ver, precisamente, con la posibilidad de encuentro entre sus cineastas. Quienes están dando sus primeros pasos en este complejo mundo del cine tienen la oportunidad de compartir sesión con profesionales de mayor trayectoria. La Diversidad de la que hablábamos antes, junto a la experiencia, tan especial, de ver tu trabajo en pantalla grande junto a personas a las que quizás admiras y que te han inspirado. A la par que cualquier debutante puede inspirar al resto. Un potencial bello intercambio.
Como vivo ejemplo, resultó especialmente estimulante presenciar el disfrute de los participantes de la segunda edición del Campamento de cine para jóvenes ‘MovieCamp SOS’, que acudieron casi al completo a la sesión en la que se proyectaban sus dos cortos colectivos. Muchos no se habían vuelto a ver desde el pasado verano, cuando se conocieron con motivo de esta iniciación a los rodajes. Su regocijo resultó tan contagioso como esperanzador: el séptimo arte tiene su presente y su futuro garantizados si sabemos alimentar ilusiones como las suyas.
La homenajeada en este 2026 reunía experiencia, talento y pasión por el audiovisual: Mercedes Gaspar, historia del mejor cine de animación español.
Así la presentó Roberto Ordóñez, veterano hombre de teatro que ejerció de maestro de ceremonias el fin de semana de cierre de la muestra de cortos, dando su toque de serena elegancia a la gala final del domingo 13 de septiembre:
«Este año, la Muestra rinde homenaje a una figura imprescindible del cine aragonés y a una de las pioneras de la animación española.
La elección nace de una trayectoria singular, libre y profundamente artesanal en sus inicios.
Directora, guionista, productora y artista multidisciplinar, Gaspar convirtió el cortometraje en un espacio de experimentación, imaginación y riesgo.
Su obra El sueño de Adán hizo historia al conquistar en 1995 el primer Goya al Mejor Cortometraje de Animación, siendo nominada en esta categoría en sus dos ediciones siguientes.
Fue la primera mujer aragonesa en recibir un Premio Goya.
Nacida en Zaragoza y con profundos vínculos con Calanda, Mercedes Gaspar ha sabido recibir y reconvertir el legado de cineastas como los aragoneses Segundo de Chomón y Luis Buñuel, y de otros artistas surrealistas como Salvador Dalí.
Con este homenaje, la Muestra quiere: reivindicar su mirada, recuperar su obra y reconocer a una cineasta que abrió caminos para la animación y para nuevas generaciones de creadoras y creadores».
Tras proyectarse un vídeo alusivo a su exitosa carrera, Jesús Galipienzo, Presidente de la Asociación Cultural de Costumbres Aragonesas, fue el encargado de entregarle la nueva estatuilla.
Una magnífica profesional puente entre las generaciones que concurrían en la sala, más aún al poner de relieve el cambio en los tiempos y las formas de producción cinematográfica. En este sentido, la propia Gaspar presentó Las partes de mí que te aman son seres vacíos, recuperado por la organización para la clausura. Un corto seleccionado en el Festival de Berlín, premiado en diversos certámenes y nominado al Goya de Animación de 1996, cuyo 30 aniversario se cumplía este año.
Su autora remarcó el carácter artesanal, autodidacta y colaborativo de sus cortos, como este, realizado mediante la técnica de la pixilación (animación de personas fotograma a fotograma), especialmente laboriosa y en las antípodas de la rapidez de las actuales obras generadas con IA.
La proyección fue, además, toda una demostración del poder hipnótico del cine, por el carácter extrañamente hermoso e inquietante de su historia: una pareja de amantes que se celebra y se ofrece mutuamente en un surrealista festín de carne, deseo y sexo. Todo ello con la entrañable sensación de asistir a la recuperación de una pieza histórica en medio de la celebración contemporánea de la última cosecha del corto aragonés.
El domingo 13 fue también el día de encuentro de las dos muestras, con la entrega de todos los reconocimientos del público, como una suerte de fusión de las emociones despertadas por sus proyecciones.
Se comenzó con la primera Distinción ‘Dolores Gil de Pardo’ al documental, que recayó en 123 semillas de Nim, de Adrián Buenaventura. Un emotivo y cálido mediometraje en torno a la vida de 123 niñas y niños residentes en un colegio para infancia con diversidad funcional ubicado en una de las zonas más desfavorecidas de Kenia, centro apoyado por la ONG aragonesa Be Social Project.
Un estimulante documental que demuestra el poder transformador de los proyectos cuando aquello que los mueve es la vocación de servicio y unos cuidados dispensados con el máximo amor.
A través del dinámico y luminoso retrato de varios de sus pequeños protagonistas (ejemplos del fruto del gran trabajo estimulador del colegio, que los aleja de la estigmatización social que suelen sufrir y les descubre lo que significa sentirse valorados y queridos), el documental emociona y demuestra cómo una puesta en escena ágil, capaz de alternar con ritmo los testimonios a cámara y el acercamiento a la evolución de sus protagonistas reales, puede convertirse a la vez en instrumento de concienciación y en una pieza cinematográfica de máxima calidad.
En sus agradecimientos, el director recordó la enriquecedora experiencia personal que supuso el rodaje, la generosa labor de la ONG, con la zaragozana Lourdes Méndez al frente en la coordinación del colegio, así como la imprescindible colaboración de su productora Nuria Abia, su especial «Dama» en esta aventura cinematográfica, en un cariñoso juego de palabras del realizador con la «D» de la nueva estatuilla distintiva, que también vinculó con diversidad funcional, documental y Dolores, la fotógrafa que le da nombre.
La Distinción ‘Alberto Sánchez’ del público al mejor corto fue para Holy Hole, de María Rubio, un vivo homenaje al cine de Pedro Almodóvar, con Entre tinieblas como principal referente, y ecos del cine provocador de autoras como Lina Wertmüller al enfrentar la crítica irónica a las instituciones con la pulsión del sexo y el deseo.
El corto de Rubio convierte en motor del relato el inesperado despertar sexual de la joven y devota Hermana Mery, al encontrarse casualmente con un heroinómano cuyo cuerpo desnudo le provoca desconcertantes pensamientos eróticos. A partir de ahí, avanza con desparpajo por una trama sobre los efectos de la represión y la lucha interna contra los propios deseos.
Su impecable factura técnica, entre los claroscuros de la intimidad y las pesadillas satánicas, y el colorido humor transgresor que rodea a las monjas compañeras de Mery, aportan una frescura de diversión continua, con algún exceso derivado de su desinhibido espíritu, y con unas interpretaciones que conforman gran parte de su atractivo: Daniela Ceñera, como una confundida Mery, despliega una polifonía de sensaciones muy bien transmitidas; Leonor Bruna borda a una cínica y pragmática Sor Coraje, y José Luis Esteban se transmuta en un Padre Telmo cuya confesión moralizante a Mery, a la par que gamberra, se alza en la gran broma detonante. El resto del elenco acompaña con gran solvencia una historia que a nadie dejó indiferente.
Ya que, parece ser, motivó alguna que otra incomodidad entre algunas personas del público, demostrando así el certero objetivo de su autora, si bien arrancó las risas de la mayoría, convirtiéndose en el más popular de esta edición.
Al recoger la distinción, su directora destacó el gran trabajo y entrega de todo el equipo, así como el salto que para ella suponía esta primera incursión profesional, y agradeció especialmente el apoyo de Cosmos Fan en la producción y el estímulo de sus comienzos en la Escuela de cine Un perro andaluz.
Como novedad en esta edición, a modo de accésit y por ser los más votados en sus respectivas jornadas de proyección, recibieron sendas estatuillas tres cortometrajes que coincidieron en usar el humor como herramienta narrativa principal.
En trámite, de Víctor Izquierdo, aborda con ironía el exceso burocrático y las trabas administrativas a través del enfrentamiento entre una solicitante y una funcionaria, mientras recorre episodios bélicos de nuestra historia en el singular marco de La Aljafería y reivindica el coraje frente al autoritarismo.
Te debo una, de Santi Capuz y Diego Jiménez, apuesta por el humor negro a partir del viaje en coche de dos amigos, convertido en una incesante caja de sorpresas que desemboca en un desenlace inesperado.
Por su parte, Una bombilla en California, de José Manuel Herraiz, transforma la absurda rivalidad entre dos vecinas en un relato entrañable sobre el sinsentido de ciertas disputas, con una simbólica lámpara centenaria como elemento de conexión.
En síntesis, el público se decantó por un humor que va más allá de la risa para cuestionar normas, evidenciar absurdos y acercarse a esas contradicciones tan cuestionables como humanas.
Tras la tradicional foto de gran familia del domingo de clausura (con cineastas participantes y equipo de organización), las conversaciones y los intercambios de contacto se prolongaron fuera del teatro, entre el ambigú y la terraza, dejando abiertas puertas a futuras alianzas creativas.
Queda la sensación de comunidad cinematográfica: una comunidad acogedora y cercana, fruto del cariño con el que estas dos muestras de barrio, en fiestas, reciben y acompañan al cine aragonés.
¡Nos vemos en septiembre de 2027!
Mayoría de fotos ilustrativas: cortesía de Antonio Salo.
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