Ana Asensio: del éxito internacional al regreso a sus raíces

- Se cumple un año de la proyección en Muel de 'La niña de la cabra', una celebración del cine y la memoria familiar. Recordamos el evento y la trayectoria de su directora, Ana Asensio, así como el descubrimiento de su joven protagonista, Alessandra González.

Érase una vez un sueño cinematográfico que, con tesón y mucho esfuerzo, se hizo realidad en Nueva York. Érase una vez el desafío de continuar con ese sueño sin traicionarte. Érase una vez la oportunidad de volver a las raíces maternas y emocionar y emocionarte con un reencuentro familiar con el que latió todo un pueblo.

Todo eso lo ha vivido la cineasta Ana Asensio, que conoce bien el valor de los sueños como estímulo e inspiración, sobre todo cuando soplan vientos en contra. Porque es precisamente entonces cuando más energía precisas para no rendirte.

Comenzó con teatro infantil en Madrid, su ciudad natal, y como actriz en televisión. Esto ya explica que la infancia se colase en su debut como directora en Most beautiful island (2017) y que fuese la protagonista de su segundo largo, La niña de la cabra (2025).

En 2001 decidió cruzar el océano y trasladarse a Nueva York para seguir formándose, apenas cuatro días antes del atentado contra las Torres Gemelas, todo un shock frente al tan exportado mito triunfalista de promesa americana. Pero ese poder resiliente de los sueños personales la mantuvo allí entre trabajos diversos y proyectos teatrales. De esa etapa de precariedad nació en 2011 el primer borrador de Most beautiful island, y después, el complejo proceso de levantar una primera película en Norteamérica desde la nada.

De nuevo, tenacidad y creer: invertir tus ahorros, contagiar la pasión, tejer complicidades… Y ver que, por fin, esa historia nacida de retazos de vida (propia y de otras mujeres migrantes), se convertía en largometraje. Como colofón, los reconocimientos tras su estreno en 2017 en Estados Unidos: el Gran Premio del Jurado en el South by Southwest (SXSW) de Austin, Texas (el primer filme español en lograrlo), además de otros galardones y selecciones en festivales de todo el mundo, como el Premio de la Prensa en el Festival Internacional de Cine Abycine, el Premio del público en el Certamen Pantalla Zero del Festival de Cine de Alcalá de Henares, su programación en el Festival de Sitges… Porque Most beautiful island comienza como un drama cotidiano y, en su único día de trama, nos conduce a la cara más asfixiante y opresiva de ese sueño americano, tornado, según tu suerte, en pesadilla.

Fue en enero de 2018 cuando quien esto escribe descubrió la película, no en mi ciudad, Zaragoza, donde ni siquiera llegó a estrenarse comercialmente, sino en unos cines de Bilbao. Y conecté de tal manera con ella (con esa Nueva York de individualidades anónimas y, escogida entre todas, con la vulnerabilidad de su protagonista, Luciana, encarnada por la propia directora-guionista-productora), que de ahí nació otro sueño: compartirla algún día en un cinefórum junto a su creadora. Porque la coincidencia de nuestros nombres no podía ser mera casualidad…

Llegados a este punto, me remito a la crónica que ya escribí sobre su proyección en Zaragoza en 2021, dentro del ciclo “Mujeres rompiendo cadenas”, todo un éxito por el impacto y debate suscitado (todavía con las restricciones de aforo por la pandemia). Después, una segunda proyección en diciembre de 2024 encuadrada en el ciclo “Mujeres tras las cámaras: retratos y autorretratos”, donde, ahí sí, ese particular sueño de contactar con su autora quedó materializado: una presentación grabada desde su casa en Nueva York y un enriquecedor coloquio en directo online Zaragoza-Nueva York.

Descubrir de tú a tú a una autora comprometida, con tanto talento como sensibilidad y empatía, no ocurre todos los días. Por eso de ese encuentro a finales de 2024 surgió un nuevo sueño fruto de otra conexión revelada en el coloquio: Pilar, la madre de Ana, nació en Muel, localidad zaragozana a donde le encantaría “regresar enlazada al brazo materno”.

El estreno en 2025 en España de su segundo largometraje, rodado en Madrid el verano anterior, La niña de la cabra, fue la oportunidad perfecta. Ello y la implicación del Ayuntamiento de Muel y de la activista muelense María Peña, sin cuya complicidad esta aventura vital maravillosa hubiera sido imposible.

Así, tras su estreno en salas españolas el 11 de abril de 2025, acompañado de calificativos como “encantadora, bella, tierna” y también como “un cuento nacido de una dura realidad”, pudimos disfrutarla de forma singular en la Casa de Cultura de Muel el domingo 27 de abril.

Un día antes tuve ocasión de conocer en persona a Ana, a su hijo pequeño y a Pilar, su madre, que viajaron en tren desde Madrid para participar en una proyección especial en los cines Aragonia de Zaragoza. La sala, llena. Y después, un coloquio vivo y vibrante, de esos que reafirman el cine como espacio de encuentro con los demás, con sus sentimientos y percepciones.

Abril de 2026. Primera parada de proyecciones con coloquio de "La niña de la cabra" con su directora en Aragón: Zaragoza, sábado 26 en cines Aragonia de Zaragoza. Sala completa.

Allí, Ana nos compartió cómo la trama de esa niña a punto de hacer su primera comunión en el Madrid de los años 80 le fue surgiendo de dentro, como un retorno inesperado a su infancia, con las resonancias de su inocencia, de sus miedos y desconciertos. Y cómo defendió esa historia ante muchas otras ofertas de realizar películas en clave de thriller o género, en la línea del éxito de Most beautiful island. Una postura valiente, arriesgada, nada cómoda, anteponiendo la pulsión creativa a atractivos cantos de sirena.

De este modo nació La niña de la cabra en tono de evocadora fábula, con la inicial voz en off de su propia directora, que nos transporta a un arranque donde ya se vislumbra un relato sobre el tránsito. Relato donde los sueños, de nuevo, se tornan en inquietantes pesadillas; donde una primera parte cotidiana da pie a una segunda transformadora. Con un elenco interpretativo que transmite esa verosimilitud que conmueve, sostenida en gran medida por la química de las dos menores al frente: Juncal Fernández (Serezade) y Alessandra González (Elena).

Precisamente, para el evento en Muel contamos también con la presencia de Alessandra: un debut estelar, con esa mirada profunda que esconde un universo de pequeños mundos interiores en revolución.

Difícil abarcar con palabras la intensidad de lo vivido en Muel el domingo 27 de abril: primero, conociendo el proceso de la cerámica artesanal que es histórica seña de identidad de la villa, a través del taller «Hermanos Rubio», donde Alessandra se acercó al barro por primera vez, modelándolo en el torno guiada por las veteranas manos de Javi.

Le siguió un paseo por su casco histórico y por el Parque Natural de Muel, con sus cascadas del Huerva y su ermita (que atesora frescos de Goya) sobre una presa romana, para descansar después en su reconocida fonda con una comida de esas de chuparte los dedos. 

Ya por la tarde, la esperada proyección. El photocall troquelado nos daba la bienvenida, invitando a inmortalizar el momento. Y en cada asiento de la municipal Casa de Cultura, un sobre de Peta Zetas nos aguardaba, a modo de avance del doble viaje (temporal y emocional) a vivir a través de la gran pantalla. 

En el coloquio, Ana Asensio, tras un entrañable reencuentro con su familia materna después de más de dos décadas (con una presentación salpicada de imágenes de aquellos veranos de infancia), logró ser profeta en su tierra con su madre Pilar, emocionada, acompañándola. A su lado, la pequeña Alessandra, toda naturalidad y elocuencia al recordar el rodaje: una lección de entusiasmo y frescura que nos conquistó.

Como hermoso broche, el Ayuntamiento les entregó piezas de cerámica de Muel personalizadas con sus nombres. 

 

 

 

Al igual que la trama de La niña de la cabra nos provocó un flashback sentimental a quienes vivimos, y nos reconocimos, en los años 80 en que se ambienta su historia, sirvan estas fotos como llaves de la memoria de una jornada donde el cine y la memoria familiar brillaron, se potenciaron y constataron que no hay nada como los encuentros de tú a tú.

Pilar Asensio y su hija Ana en uno de los momentos más emotivos de la entrañable jornada

La experiencia continuó al día siguiente, lunes 28, en Cariñena, con una sesión matinal para el alumnado del IES Joaquín Costa en el Teatro-Cine Olimpia. Allí, directora y actriz volvieron a demostrar su cercanía, entre preguntas y anécdotas, inspirando a un público joven que participó activamente.

Otra jornada memorable, marcada además por un giro inesperado. Al terminar, ya en el hall del cine, nos avisaron de que se había ido la luz. “Menos mal (comentamos) que la sesión ya ha terminado”. De regreso en coche hacia Muel y Zaragoza, fuimos tomando conciencia de la magnitud de lo ocurrido: un apagón eléctrico generalizado, a nivel peninsular y más allá. La noticia, poco a poco, se volvió inquietante, sobre todo porque Ana regresaba al día siguiente a Estados Unidos y la incidencia amenazaba con truncar el viaje. Pero cómo resolvimos cada cual tal imprevisto ya es otra pequeña (y quizá gran) historia…

Lo vivido por alumnado, profesorado y asistentes al cinefórum de La niña de la cabra en Cariñena, ese 28 de abril de 2025, al salir y encontrarse con el gran apagón en toda España… bien podría ser ya el guion de otra película.

A día de hoy, tras más de veinte años en Nueva York, Ana Asensio reside de nuevo en Madrid. Pronto la veremos como actriz en varias series y películas de producción española. Sigue con proyectos muy personales en forma de guiones que, ojalá, pronto encuentren su camino hacia la gran pantalla.

Concluyo esta crónica evocando el poema “Sé todos los cuentos”, de León Felipe, tan presente en La niña de la cabra. Un recordatorio de la necesidad de fabular, de seguir soñando. Porque son esos sueños, que nos sostienen y nos empujan, los que pueden propiciar encuentros y reencuentros que terminan formando parte de lo mejor de nuestras vidas.

Epílogo:

Mi agradecimiento especial a todas las personas que han hecho posibles las experiencias que recoge esta crónica: a quienes me apoyaron en los dos ciclos en los que proyectamos Most Beautiful Island y al público que arropó cada sesión; a Muel, con María Peña como promotora especial y a la familia de Ana Asensio, imprescindibles; al instituto de Cariñena; a la distribuidora Avalon; a la organización OCRE; a Leandro, entonces al frente de los cines Aragonia; al público de todas las edades que llenó los tres encuentros en torno a La niña de la cabra; a Pimontes, Ángel y Patricia por sus fotografías; y a Alessandra González y a su madre, por su simpatía y encantadora compañía.

Y, por supuesto, a mi tocaya cineasta, por constatarnos que los sueños, propios y compartidos, pueden llegar a convertirse en inolvidable realidad.

Ana Asensio

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