Categorías: Opinión

Mentiras, desasosiego y postureo en el Campus: ‘Caza de brujas’

.- Alma Anville (Julia Roberts) es la típica profesora universitaria admirada por sus alumnos. Pero no son alumnos cualquiera: son de Yale, y eso se percibe de inmediato. Luca Guadagnino, director de Caza de brujas, se encarga de que en apenas unos minutos nos adentremos en el universo filosófico de Hegel, Kierkegaard, Nietzsche y compañía, como si los conociéramos de toda la vida. Esto sucede durante una de esas cenas intelectuales en las que Alma y Frederik (Michael Stuhlbarg), su esposo psicoanalista, invitan a buena parte del campus. Todos caben en la casa, y además descubrimos que Fabiola, la mucama, cobra 350 dólares por servir la velada. Barato, desde luego, no ha sido.

Primer motivo por el que esta película no duró más que unas semanas en cartel: la pedantería nos inunda. Guadagnino ya exploró algo similar en Call me by your name (2017), y no todos quedaron encantados (mi crítica aquí). La cena, o más bien lo que sucede tras ella, desencadena un incidente crucial. Maggie (Ayo Edebiri), estudiante que escribe su tesis, acude a Alma al día siguiente para contarle que Hank (Andrew Garfield), un profesor más joven e íntimo amigo de Alma, abusó de ella cuando esta le invitó a una última copa en su apartamento. Alma, figura ejemplar para Maggie, no reacciona ante este asunto con la contundencia que su pupila espera.

A medida que la historia avanza, se van revelando contingencias que generan dudas: ¿el abuso realmente ocurrió o es una engañifa? Maggie es negra, pero de familia adinerada, que incluso ha donado varias alas de edificios del campus. Mantiene una relación con una persona no binaria, pero sobre ella también pesan serias sospechas sobre la autenticidad de su tesis. Por si fuera poco, Alma y Hank llevan meses compitiendo por el puesto de profesor titular. Y esto es solo la punta del iceberg, que si cuento más se quedan sin película.

Segundo motivo por el que esta cinta estuvo a punto de ir directa a las plataformas: todos los enredos anteriores y algunos más. Demasiados cabos. Resulta interesante que el guion lo firme una mujer, Nora Garrett, que, es evidente, disfruta de lo intrincado y, desde luego, no se conforma con el cliché. De paso, nos deja sin el fácil argumento de que esto lo ha escrito un hombre que, claro, “no tiene ni idea”.

Para quien logre sortear tanto vericueto (los espectadores no deben conformarse con lo superficial), la película ofrece debates incómodos sobre temas que podrían parecer trillados. Las posibles respuestas, si uno se cuestiona, están en las antípodas de lo políticamente correcto. La complejidad de Alma, Maggie y Hank puede irritar a más de uno, pero Roberts, Edebiri y Garfield sugieren facetas ambiguas que nunca se verbalizan del todo. Sus personajes no buscan caer bien. A esto se suma una inquietante banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross, colaboradores habituales de Guadagnino, y la fotografía de Malik Hassan Sayeed, frecuente cómplice de Spike Lee, que captura detalles sutiles: un paquete de tabaco sobre la mesa junto al cerco borroso de un vaso; la luz del sol sobre Roberts en la cama, como en un cuadro de Edward Hopper; interiores en penumbra; la solemnidad del campus; la nieve cayendo mansamente. Todo contribuye a que la película resulte especialmente propicia para estas fechas invernales en las que permanecemos más en casa. ¿Qué mejor momento para plantearse ciertos dilemas en familia o entre amigos, al amor de la calefacción?

Si se evita centrar la mirada únicamente en la polémica, Guadagnino propone una suerte de gimkana visual y narrativa: en sus planos nada es gratuito. Desde los títulos iniciales en Windsor Light Condensed (tipografía asociada a Woody Allen) hasta la música de jazz (A child is born de Count Basie y Tony Bennett), pasando por guiños a Almodóvar (La flor de mi secreto, la novela Los Buddenbrook de Thomas Mann). ¿Y ese tic-tac que nos acompaña desde el comienzo hasta un punto clave de la película? ¿Por qué la escena de la cena entre Frederik, Alma y Maggie presenta una interpretación tan desmesurada, casi fuera de registro, por parte de Michael Stuhlbarg? ¿Es una indicación deliberada de Guadagnino? ¿Por qué resulta tan desestabilizador que suene “É Preciso Perdoar”, de João Gilberto, como preludio de un epílogo tanto o más desquiciante que el de Call me by your name?

Por todo esto, y solo por el hecho de descubrir la paradoja de Ulises que Hannah Arendt plantea a partir de Minima Moralia de Theodor Adorno, vale la pena pasar una velada viendo Caza de brujas. Sin olvidarnos de que su título original en inglés, After the hunt (Después de la cacería), dota de mayor sentido al conjunto, pues, como dijo Otto von Bismarck:

“La gente nunca miente tanto como después de una cacería, durante una guerra o antes de las elecciones.”

Disponible en Prime Video

Ficha técnica

Estados Unidos, Italia, 2025

Título original: After the hunt

Dirección: Luca Guadagnino

Guion: Nora Garrett

Reparto: Julia Roberts, Ayo Edebiri, Andrew Garfield, Michael Stuhlbarg, Chloë Sevigny

Fotografía: Malik Hassan Sayeed

Montaje: Marco Costa

Música: Trent Reznor y Atticus Ross

Compañías: Imagine Entertainment, Frenesy Film Company, Big Indi Pictures. Distribución: Amazon MGM Studios, Sony Pictures Entertainment

Duración: 139 minutos

Pilar Merino

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