Entrevista a Rafa Alberola -

Una película corta de vampiros para hablar de la precariedad laboral. Un momento de crisis vital y bloqueo del director y guionista Rafa Alberola que deriva en una historia paralela de personajes extraviados.

¿Qué tienen en común la vida de un rider y la de un creador? Una crisis que refleja un contexto más amplio, el de toda una generación.

En esta entrevista realizada en Valladolid para Atmósfera Cine, su director Alberola declara cómo se dio cuenta de que, incluso con muchos años de trabajo en el sector, son tantas las barreras para lograr vivir de realizar películas que muchos terminan «trapicheando» con la vida.

Vampiros, humor, un repartidor y un escritor conforman esta historia de género fantástico.

Rafa Alberola, joven cineasta madrileño, ha dirigido los cortometrajes Septiembre y Arenal — Biznaga de Plata en Málaga— y el mediometraje Elogio del horizonte. Es guionista de cortometrajes como Pueblo, de Elena López Riera, y Mañana vendrá la bala, de Gabriel Azorín, y guionista y coproductor de Los inocentes, largometraje de Guillermo Benet, Premio del Jurado en Márgenes 2020 y Mención Especial en el Festival de Sevilla. También ha escrito Los mutantes, documental de Gabriel Azorín, y Una vez fuimos salvajes, de Carmen Bellas. En la 69ª edición de la Seminci, un esperanzado Alberola estrenaba su corto En la noche caminamos solos en la Sección Oficial de cortometrajes españoles.

Ana Asensio – Seminci 2024

P.- ¿Cuál fue el punto de partida de esta película corta de vampiros? ¿Cómo surgió el proyecto?

R.- Este proyecto surge de un momento de crisis vital, que, realmente, también veo muy extendido en mi entorno. Me doy cuenta de que, a pesar de contar con muchos años de experiencia en el sector del cine, ya tengo una edad y aunque tengo muy claro que mi oficio son las películas, no consigo vivir de ello. Y te preguntas ¿hasta dónde esta situación es sostenible? Por otro lado, a mi alrededor veo también que mucha gente con vocación cinematográfica está subsistiendo como puede, trapicheando con la vida, para poder seguir dedicándose a ello. Ese es un poco el punto de partida, que coincide a la vez con una crisis creativa, un bloqueo absoluto, fruto también del malestar de los tiempos, la ansiedad y lo que conlleva. Todo se acabó uniendo para construir esta historia.

El protagonista es la persona que para mí representa muy bien los modelos laborales descentralizados, impersonales, muy precarios, donde parece que nos está precipitando la vida constantemente, pero realmente lo que se crea es una precariedad mucho más grande.

Y establezco un paralelismo con la vida de un creador que vive una situación muy parecida. Lejos de romantizar, lejos de hacer algo autocomplaciente, trato de llevarlo, por un lado, por el género de vampiros y, por otro lado, de abordarlo con sentido del humor. De esta forma, confronto a los dos protagonistas: al rider que reparte comida y paquetes, que se autoconvence de que le gusta su trabajo y montar en bicicleta, con otro personaje que se está autoconvenciendo de que tiene que sacar adelante esta película, pero realmente no es capaz.  A uno le bajo los humos y al otro le empodero.

Efectivamente, incluyes un giro final (que un poco has desvelado ahora) que aporta una nueva capa a la historia.  ¿Contaste con alguna referencia concreta cuando pensaste en esos dos personajes, máxime al encargarte de encarnar uno?

Cuando empecé a escribir esta historia pensé mucho en Charlie Kaufman, pero después, con las sucesivas reescrituras, se fue diluyendo. Hubo un momento en el que se oía una voz en off, contradiciéndose todo el tiempo. Eso desapareció. También tuve en mente a la directora Ana Lily Amirpour y su película Una chica vuelve a casa sola de noche.

Me interesan mucho los universos oníricos, surrealistas… y por eso la película deriva de una cosa más naturalista, que parece que va a ir por un tono social, a lo fantástico, con colores extravagantes, completamente disparatado. 

En este corto eres director, guionista, actor, productor y, también, compositor. ¿Cómo ha sido manejar todas esas facetas al mismo tiempo?

Mi formación es como guionista. Por lo general, siempre escribo todo lo que dirijo, y también escribo para otra gente. En este corto, al ser más ambicioso, figuro como productor, pero es verdad que dando un pasito hacia atrás, ya que la parte de producción está repartida con Ana Puentes, Guillermo Benet y Jesús Choya Zataraín. Por otra parte, yo también compongo música, por lo que tenía muy claro cómo debía sonar la banda sonora. Mi idea original no era hacerla yo, pero finalmente surgió de forma natural, en proceso paralelo al montaje, ya que los sonidos los tenía claros. Salvo la canción del final, que es de un grupo de música. 

En la puesta en escena repites diversos zoom aproximativos para retratar mejor lo que sucede, ante todo en la cabeza del protagonista. ¿Cómo apuestas por esa opción estética?

Partimos de la idea de que el personaje protagonista de la película se siente observado. Además, escucha a otro rider hablar de que una compañera, que pensaba que alguien la seguía, ha desaparecido. Así que ese zoom representa esa mirada lejana que se aproxima. Jugamos a que el espectador se identifique con el miedo que siente el protagonista por esa amenaza en medio de la noche. 

Una fortaleza de la película, hablando de vampiros, es la fotografía nocturna. ¿Cómo fue trabajar esa atmósfera visual tan inquietante?

Trabajar la fotografía fue muy divertido. Trabajamos con Michal Babinec, un director de fotografía extraordinario. La idea de la noche americana – técnica utilizada para simular una ambientación nocturna en una escena rodada a la luz del día- es una idea que yo ya tenía en mente desde la escritura, precisamente para favorecer una atmósfera enrarecida. Para mí, como director, dirigir una noche americana ha sido un parque de atracciones al no tener que preocuparnos de rodajes nocturnos, de horarios duros, ni de aparatos de luz. Sencillamente tenía que controlar que las luces estuvieran en su sitio. Con Michal buscamos también dotar a las secuencias de un aura mágica, introduciendo artefactos entre la gente y la película. El film está rodado en 16 milímetros y se utilizó una media para conseguir el efecto llamado Sara Montiel, logrando ese aspecto difuminado. Habíamos hablado de hacerlo en posproducción pero, finalmente, lo practicamos en cámara y quedó estupendo. 

Toda la parte final es también muy juguetona. Está rodada en plató, con mucho control sobre la acción y sobre la luz, pudiendo crear esa sensación de que podíamos estar debajo del agua. Se utilizaron unas piscinas de agua sobre la estructura, lo que generaba la sensación de movimiento. Realmente fue muy divertido. 

Una metáfora visual de la película es la espera. Háblanos de este punto.

El tema de la espera me parece muy interesante. Estamos ante un personaje que está esperando casi todo el tiempo. Espera que le den un pedido, espera una solución… y toma la decisión de abandonar el trabajo y largarse, y termina esperando en la marquesina de un autobús.

La marquesina me sirve doblemente, no solo para una de las escenas, también para representar ciertas zonas de extrarradio donde existen ese tipo de marquesinas que nos acercan a un no lugar, lo que me permite la transición a la segunda parte de la historia. Esa parada de autobús está en medio de un bosque. Fue una idea un poco extravagante pero que realmente no es una invención, la copié de la realidad. En el corto con el que me gradué en la ECAM utilizaba este mismo elemento y me pareció muy bonito recuperarlo en esta nueva historia con personajes vagando en mitad de la nada, perdidos en el mundo.

Para terminar, cuéntanos qué esperas con el corto, qué reacciones te gustaría que suscitase en el público.

Estoy muy contento de haberlo hecho, así que me gustaría que lo viese mucha gente y le llegase su historia.  Por lo que he contado puede parecer muy sesudo pero, ante todo, está creado para que los espectadores lo disfruten. Creo que el público puede encontrar un lugar donde estar a gusto. Me encantaría que funcionara no solo en España, también fuera, pues es una espinita que tengo clavada con mis películas anteriores.

Ana Asensio

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