En aquella entrevista, Celia recordaba que la primera sesión de La Linterna Mágica, en los desaparecidos Cines Goya de Zaragoza, fue tan concurrida que el lío vivido al finalizarla, con padres y madres impacientes por encontrar a sus hijos (deben entrar solos a la sala, otro carácter del Club), les motivó a idear todo un dispositivo de salida, por tramos de edades y acordonando el entorno. Lejos han quedado las cifras multitudinarias de asistentes, como en general en el cine comercial, pero haber superado los años críticos de la pandemia y mantenerse un cuarto de siglo no deja de ser todo un triunfo y ejemplo de resiliencia.
Por eso el final de la edición 2024-2025 se anunció de forma especial en sus dos sedes actuales en la capital aragonesa: el Centro Cívico Estación del Norte, en el Arrabal, para la sesión de los sábados; el Centro Cívico Sánchez Punter, en el barrio de San José, para la de los domingos. No quise perdérmelo y me acerqué al Sánchez Punter, donde esta vez hablé con Estela Ibáñez, una de las más jóvenes incorporaciones de la PAI. Entusiasta, vitalista, compartió cómo vivían actualmente los niños y niñas esta experiencia cinematográfica que va mucho más allá de un rato de ocio.
– Como club abierto a edades entre 6 y 12 años, tendréis muchos casos, imagino, de peques que son fieles durante todo ese tiempo.
Estela: Así es, muchos niños y niñas repiten año tras año y lucen su tarjeta de integrantes, plastificada y colgada al cuello, con un gran sentido de pertenencia. Además, coleccionan las revistas en papel que se reparten en cada sesión anticipando la siguiente. Hay que tener en cuenta que la programación se va desvelando de mes en mes. Siempre siguiendo el mismo esquema: 9 películas, de octubre a junio, distribuidas en tres ciclos donde se abordan tres tipos de emociones, con títulos que hacen reír, que hacen llorar o dan un poco de miedo, y que hacen soñar.
Y en cada ciclo contamos con películas que recorren la historia del cine: una de la etapa muda, otra de los años 70-80 y una tercera más actual.
– ¿Y si no se puede asistir a toda la programación del curso?
Se da la circunstancia de que en los últimos años se ha experimentado una inundación de actividades extraescolares durante los fines de semana, que pueden impedir asistir. Por eso, aunque hay un precio anual del carnet de socio o socia, también cabe adquirir entradas sueltas el mismo día de la proyección. Animamos también con ello a los familiares que piensan que su peque no aguantará solo una sesión, a que experimenten con una y comprueben si quieren repetir.
– Precisamente se ve cómo el joven público, a pesar de no poder entrar a la sala con sus familias, se despide de ellas con mucha tranquilidad.
Saben que dentro cuentan con numerosas personas voluntarias, «las linternitas» , que les acompañaremos en todo lo que precisen. Y al inicio de cada sesión les recordamos una serie de sencillas reglas para seguir la historia con atención y con respeto a los demás.
– Una de vuestras señas de identidad son las creativas teatralizaciones con las que comenzáis cada sesión.
Desde la PAI siempre se interpretan dos personajes: ingenuo y sabio o sabia, que se encargan de escenificar una introducción a la proyección. Les acompaña siempre un artista invitado, que encarna a un personaje de dentro de la peli. En esta sesión, dedicada a Robot Dreams, Manuel López-Vigo pone cuerpo al robot protagonista.
– ¿Qué margen de iniciativa tenéis en la programación del curso escolar respecto al catálogo de títulos predeterminados por Suiza?
Precisamente Robot Dreams se ha incluido en su catálogo a iniciativa nuestra. La planteamos a Suiza y fue seleccionada. Las propuestas deben cumplir los estándares de La Linterna Mágica: que tanto la película como la animación que la precede aborden y trabajen las emociones.