Vega concibió el filme como un homenaje a su infancia en Sevilla (sin ser autobiográfico), a las tradiciones y a la forma de vida de su tierra. Muy bien ambientada, el espectador sentirá el calor pegajoso de la ciudad y se sumergirá en la estética ochentera de peinados, vestidos, puertas abiertas y conversaciones vecinales.
Mientras en la cocina de Mari, en el entorno femenino, suena la voz de Elena Francis en el transistor, en su salón, en el entorno masculino, con cervezas en la mesa, el televisor retransmite el fútbol.
Solo cuatro años más tarde, en las calles de un barrio obrero de Madrid, Ana Asensio, directora madrileña afincada en Nueva York, coloca en este su segundo largo, La niña de la cabra (España y Rumania, 2025), a sus niñas en un entorno no muy diferente, en cuya plaza del barrio suena una trompeta con la cabra Lola subiendo a un taburete para el regocijo de los vecinos. Elena (Alessandra González), la joven protagonista de 8 años, a través de sus ojos curiosos y de su amistad con Serezade (Juncal Fernández), de su misma edad, descubrirá el sentido real de la vida tras la pérdida de su querida abuela y mientras se prepara para su primera comunión.
Tanto Vega como Asensio, actrices, en sus respectivos largometrajes como directoras y guionistas han sabido encontrar a los perfectos niños para protagonizar sus cartas de amor a los recuerdos de sus infancias, con los que cada espectador conectará de forma sensorial venciendo la nostalgia de la época.
“Nunca dependas de nadie”, le dice Mari a su hija; “no me entiendes, ¿verdad?”, la niña mueve la cabeza y la madre continúa: “ya lo harás, y yo seguiré insistiendo para que lo entiendas”. Rita contesta a su madre informándole de que cuando sea mayor le comprará una casa en la playa, porque eso es lo que realmente quieren las dos, ir al mar.
Suena Nelson Ned en Todo pasará:
Yo te di tanto amor por un día
Y después, sin querer, te perdí
No pensé que tu amor dolería
Que también lloraría por ti
Más todo pasa, todo pasará
Y nada queda, nada quedará
Solo se encuentra la felicidad
Cuando se brinda el corazón
Volveré a querer algún día
No tendré ya jamás que llorar
Aunque en mí ya no hay alegría
De esperanza ya puedo gritar
Más todo pasa, todo pasará
Y nada queda, nada quedará
Solo se encuentra la felicidad
Cuando se brinda el corazón
Solo se encuentra la felicidad
Cuando se brinda el corazón
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Me encanta el artículo. La película es encantadora en su forma pero durísima en el tema.
Muchas gracias Anabel!!
Es verdad que Vega hace efectivamente un planteamiento que permite al espectador acompañar a Rita casi sin darse cuenta de la dureza real de la situación. Un abrazo,
Pilar