“A todos aquellos que perdieron a su madre y vieron truncada su infancia por culpa de la violencia machista”. Con estas palabras concluye Rita, que son mucho más que una simple dedicatoria.

En su inicio, la cámara muestra muy lentamente y en silencio los juguetes tirados por el suelo de la habitación de los dos hermanos protagonistas de este primer largo dirigido por la actriz sevillana Paz Vega. Estamos en Sevilla en junio de 1984, cuando la selección española de fútbol quedó segunda tras perder 2-0 frente al país anfitrión, Francia.

Rita (Sofía Allepuz) se levanta de la cama para ayudar a su madre, Mari (Paz Vega), a poner la mesa del desayuno familiar, porque ya tiene 7 años y se siente mayor para ocupar el papel que se espera de ella como mujer en la casa, siguiendo el ejemplo de su madre.

Vega rueda en cuatro tercios, que es un formato más estrecho para, en sus palabras, obligar al espectador a seguir a los niños, dejando fuera de plano el mundo de los adultos. La cámara la sitúa a la altura de los pequeños, desde los ojos de los niños, cortando incluso el cuerpo de los mayores; así, del personaje de la propia Vega vemos más sus manos cogiendo a sus hijos caminando por la calle que su cuerpo entero. Los adultos aparecen al servicio de los niños, lo que no quiere decir que lo que ocurre fuera de plano no sea importante. En relación con ello, una excelente atmósfera de sonidos marca muy sutilmente los acontecimientos, reflejados en la carita de terror de Lolo (Alejandro Escamilla), el hermano de Rita, y en los grandes ojos de la hermana mayor llenos de curiosidad, amor y de protección hacia el mismo.

La directora indica que, al tratarse de una historia contada muchas veces, prefería centrarse en las reacciones de los pequeños, que absorben todo lo que pasa a su alrededor y que son los que más se ven afectados por la situación de la trama. Como actriz que también es y que sabe lo que un director espera de ella, rodó con indicaciones dadas a sus intérpretes, sin tener todo escrito previamente en el guion que también suscribe. Un guion sin grandes diálogos, pero sí con grandes silencios llenos de detalles, como una respiración, una mirada, una pregunta no respondida que genera estados de inquietud… Elementos que dan espacio al que mira para que decida por su propia iniciativa.

Completan el reparto José Manuel (Roberto Álamo), el padre maltratador, y Nito (Daniel Navarro), un vecinito amigo de Rita estigmatizado por ser hijo de una “madre separada” (la Ley del divorcio se aprobó en el Congreso de los Diputados el 22 de junio de 1981). Otros personajes como la abuela o la madre de Nito, parecen dibujados con trazos muy gruesos, pero sus historias son importantes y provocarán curiosidad.

Vega concibió el filme como un homenaje a su infancia en Sevilla (sin ser autobiográfico), a las tradiciones y a la forma de vida de su tierra. Muy bien ambientada, el espectador sentirá el calor pegajoso de la ciudad y se sumergirá en la estética ochentera de peinados, vestidos, puertas abiertas y conversaciones vecinales.

Mientras en la cocina de Mari, en el entorno femenino, suena la voz de Elena Francis en el transistor, en su salón, en el entorno masculino, con cervezas en la mesa, el televisor retransmite el fútbol.

Solo cuatro años más tarde, en las calles de un barrio obrero de Madrid, Ana Asensio, directora madrileña afincada en Nueva York, coloca en este su segundo largo, La niña de la cabra (España y Rumania, 2025), a sus niñas en un entorno no muy diferente, en cuya plaza del barrio suena una trompeta con la cabra Lola subiendo a un taburete para el regocijo de los vecinos. Elena (Alessandra González), la joven protagonista de 8 años, a través de sus ojos curiosos y de su amistad con Serezade (Juncal Fernández), de su misma edad, descubrirá el sentido real de la vida tras la pérdida de su querida abuela y mientras se prepara para su primera comunión.

Tanto Vega como Asensio, actrices, en sus respectivos largometrajes como directoras y guionistas han sabido encontrar a los perfectos niños para protagonizar sus cartas de amor a los recuerdos de sus infancias, con los que cada espectador conectará de forma sensorial venciendo la nostalgia de la época.

“Nunca dependas de nadie”, le dice Mari a su hija; “no me entiendes, ¿verdad?”, la niña mueve la cabeza y la madre continúa: “ya lo harás, y yo seguiré insistiendo para que lo entiendas”. Rita contesta a su madre informándole de que cuando sea mayor le comprará una casa en la playa, porque eso es lo que realmente quieren las dos, ir al mar.

Suena Nelson Ned en Todo pasará:

Yo te di tanto amor por un día
Y después, sin querer, te perdí
No pensé que tu amor dolería
Que también lloraría por ti

Más todo pasa, todo pasará
Y nada queda, nada quedará
Solo se encuentra la felicidad
Cuando se brinda el corazón

Volveré a querer algún día
No tendré ya jamás que llorar
Aunque en mí ya no hay alegría
De esperanza ya puedo gritar

Más todo pasa, todo pasará
Y nada queda, nada quedará
Solo se encuentra la felicidad
Cuando se brinda el corazón

Solo se encuentra la felicidad
Cuando se brinda el corazón

Disponible actualmente en Max, Movistar+, Filmin, Rakuten TV, Apple TV, Prime Video

Ficha técnica

España, 2024

Dirección y guion: Paz Vega

Reparto: Sofía Allepuz,  Alejandro Escamilla, Paz Vega, Roberto Álamo, Paz de Alarcón, Daniel Navarro. Amada Santos

Fotografía: Eva Díaz

Montaje: Ana Álvarez Osorio

Música: Pablo Cervantes

Compañías: Áralan Films, Oda Films, Canal Sur. Distribuidora: Filmax

Duración: 94 minutos