Begoña
‘La niña de la cabra’ me ha gustado bastante. Sobre todo por su envoltorio de cuento, que sirve a la directora para, a través de la candidez de las niñas, hablarnos de las contradicciones y convencionalismos sociales y morales que conducen nuestra vida adulta y que transmitimos a la infancia.
Las niñas protagonistas, una joya.
Charo
Una película que ha sido capaz de transportarme a la infancia con sus miedos, sus decepciones y descubrimientos.
Esa niña especial, que pierde a su abuela, su primera muerte cercana, a la que no dejan que la vea, diciéndole que “es lo mejor” y, para que no se preocupe, que “la abuela está en el cielo, donde van las personas buenas”.
Esa preparación para la primera comunión: recibir el cuerpo y la sangre de Jesús; la confesión, el miedo al pecado, el demonio… Le asusta todo.
Por eso, al conocer a esa familia gitana y a esa niña a la que ve feliz con su cabra, se queda asombrada de su libertad y de su alegría.
Un cuento que fue una realidad, durante muchos años, de represión, discriminación y miedo.
Me hizo recordar tantas cosas que avergüenzan a varias generaciones… Fui a un colegio de monjas, donde unas niñas llevábamos uniforme y en el recreo jugábamos felices, mientras, a otra hora, salían al mismo recreo otro grupo de niñas. Las llamábamos “las niñas pobres”. No llevaban uniforme y no podían estar con el resto de niñas. Al mismo tiempo, leíamos vidas de santos, en las que el amor al prójimo era lo importante. Afortunadamente, hace tiempo que esto ya no ocurre.
Lo dicho, Ana Asensio, a través de Elena, me hizo recordar los miedos a lo diferente y las injusticias a las que nos conducía incluso la propia educación.
Por todo ello la película, aunque quizás nunca sea de culto, me parece muy recomendable.
Gracias por la experiencia.
Marta
Te reconoces en la mirada de la protagonista de ‘La niña de la cabra’. Conectas con ese halo de desconcierto que envuelve a la infancia.
Mercedes
Me parece un largometraje delicioso.
Resaltaría la empatía de la protagonista, Elena, con todo su entorno, algo poco habitual en una niña de su edad; empatía, por ejemplo, con el sufrimiento de los demás, como vemos ya en la escena con su compañera de colegio Eugenia, que ha perdido a su madre. Empatía que deberíamos potenciar, pues es un sentimiento que nos aproxima a los demás y nos permite valorar de otro modo tanto el dolor como la felicidad.
También destacaría cómo la película da un zasca a los prejuicios de cierta sociedad con el diferente, en este caso en relación con la etnia gitana.
Resumiendo, mi enhorabuena a la directora, a la que auguro un exitoso camino tras las cámaras.