Kapadia coincide con otra directora de origen indio, Sandhya Suri, y su también producción de 2024 titulada en España Secretos de un crimen (Santosh en original), en mostrar cómo el amasijo de prejuicios contra la mujer india pasa también por la dependencia de esta una vez contrae matrimonio, muchas veces todavía concertado, y el total desamparo en que se queda en el caso de enviudar. Suri, como Kapadia, expone una realidad que todavía dista mucho de estar solventada en la sociedad india: el sistema de castas, que añade más complejidad a las situaciones de discriminación y de abusos. No es lo único que une a ambas cineastas, ya que tanto Kapadia como Suri se plantearon primeramente rodar documentales con el material de que disponían, desistiendo de ello por los múltiples obstáculos encontrados.
Los personajes masculinos que se engranan en las tres historias de La luz que imaginamos añadirán una especial riqueza a la película, incluso a pesar de la ausencia de dos de ellos por motivos diferentes. Así, aunque casi nada sabemos del marido de la viuda Parvati, su desaparición le hará perder todo derecho a aspirar a una vivienda. Esta misma situación se corresponde con la que atravesará la viuda Santosh, protagonista de la citada Secretos de un crimen, que “heredará” la profesión de policía de su marido en virtud de un curioso decreto en vigor en la India. Es de suponer también que, dado que las viudas quedan a merced de la familia política, en el caso de Parvati y dada su edad, esta quedaría condenada a la casi total indigencia, lo que moverá a Prabha y Anu, en gesto de sororidad, a acompañarla a la costa en busca de una nueva oportunidad laboral.
En el caso de Prabha también escaseará la información del marido ausente, residente en Alemania, deteniéndose más su historia en su vínculo con el Dr. Manoj (Azees Nedumangad), que desgrana un manojo de desmañadas artimañas para intentar conquistarla. A través de este personaje masculino, discriminado en el hospital por razones de idioma, etnia y casta, se subrayará especialmente cómo la lengua, relacionada con la posición social, juega su particular papel en el complejo sistema de rechazos y segregaciones, pudiendo escucharse, entre otros en su versión original, el hindi y el malabar.
En relación con Anu conoceremos a Shiaz (Hridhu Haroon), cuya única “culpa” en este caso, aparte de ser joven y enamorado, deriva de su práctica de otra religión, y que se deslizará, entre timorato y curioso, por los vericuetos de una intimidad buscada por la más intrépida Anu. En sus escenas conjuntas otra valentía debemos agradecer a Kapadia: mostrarnos sus encuentros con unos matices que derrochan delicadeza y poesía, en planos que quizá no sean muy habituales, por explícitos, en una cultura como la india.