Manuel Outumuro. De barro y luz (PhotoEspaña 2020)

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“Mi paisaje favorito en el cine es el rostro humano, en él encuentro la suma y compendio de todos: los más fascinantes montes y valles, los más cristalinos lagos, los más frondosos bosques. Nada más excitante y variado que iluminar un rostro. No en balde, los más grandes maestros de la pintura de todos los tiempos, Caravaggio, Rembrandt, o Goya, hicieron de este simple y casi único ejercicio el tema principal de su obra”. Así cerraba Néstor Almendros (Barcelona, 1930-Nueva York, 1992) su imprescindible libro para amantes del cine y de la fotografía “Días de una cámara” (1980), donde analizaba su trabajo como director de fotografía en películas de Eric Rohmer, François Truffaut, Marguerite Duras, Terrence Malick y Martin Scorsese, entre otros. Que él, que tuvo que lidiar con complicadas iluminaciones escenográficas, prefiriera enfrentarse al reto del rostro humano, dice mucho de la satisfacción que implica un gran retrato.

Manuel Outumuro conoce muy bien este desafío, ya que ante su cámara, junto a otras muchas celebridades, han desfilado muchas estrellas de cine que brillan de forma especial en sus instantáneas. No en vano su premisa es: que la luz exterior no ensombrezca su luz interior.

Su maestría profesional puede contemplarse hasta el 10 de enero de 2021 en La Lonja de Zaragoza dentro de la programación de la XXIII edición de PHotoEspaña. Una selección de 130 imágenes, retrospectiva de sus últimos 25 años de carrera en el mundo de la publicidad, la cultura y la moda, que son también un pequeño viaje por algunos de los rostros más famosos de las últimas décadas.

Manuel Outumuro-PhotoEspaña 2020-Exposición Zaragoza-Retratos

Manuel Outumuro-PhotoEspaña 2020-Exposición Zaragoza-Retratos-Foto AtmosferaCine

Aquí un breve paseo ilustrado por esta imperdible exposición, a la par que un repaso por su trayectoria y por algunos de sus mejores trabajos, muchos de ellos vinculados con el séptimo arte.

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La sombra del viento: guiños, destellos y espejismos cinematográficos de una novela subyugante (y II)

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Si Fermín Romero de Torres encarna al espectador apasionado por las fantasías que Hollywood ofrecía a través de un planificado sistema de atractivas estrellas sobre las pantallas, su antagonista, el inspector Fumero, como reverso de la moneda, se sentirá traicionado por ese universo idílico que no hará más que alimentar su ya retorcida naturaleza.

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La sombra del viento: guiños, destellos y espejismos cinematográficos de una novela subyugante (I)

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Hay lecturas que se desvanecen al poco, otras perduran un tiempo y terminan difuminándose sin apenas percatarnos, pero algunas nos impregnan tan intensamente que se funden en nuestro interior para nunca abandonarnos. “La sombra del viento” pertenece a esta última estirpe.

La sombra del viento-Libro-Cine-Foto Atmosferacine

El pasado 25 de septiembre su autor, Carlos Ruiz Zafón, hubiera cumplido 56 años. Un cáncer de color nos lo arrebató prematuramente el 19 de junio de este aciago 2020. Entre su legado, tras su exitosa etapa en la narrativa juvenil, el maravilloso universo adulto ideado en torno al Cementerio de los Libros Olvidados (emparentado con Borges y Umberto Eco), una tetralogía literaria que inició en 2001 con “La sombra del viento” y que continuaría con “El juego del ángel” (2008), “El prisionero del cielo” (2011) y “El laberinto de los espíritus” (2016).

Cubiertas evocadoras. Las portadas de los 3 primeros libros de la serie se compusieron con instantáneas de Francesc Català-Roca (1922-1998); la del último, con una del también fotógrafo catalán Gabriel Casas (1892-1973)

Este es mi particular recuerdo a un autor que amó tanto al cine que en 1993 emigró a la meca de sus sueños, Los Ángeles, para profesionalizarse como guionista a la par que seguía cultivándose como espectador, y que amó tanto a la literatura que nunca cedió a las propuestas casi mefistofélicas, económicamente hablando, para adaptar a la gran pantalla la novela que le otorgó el reconocimiento mundial. Porque “La sombra del viento”, el libro en español más leído tras El Quijote y “Cien años de soledad”, es la cima de su brillante tributo a la palabra escrita, y como él declaró sería una traición a su naturaleza permitir que se trasladara a otro lenguaje, máxime al audiovisual, precisamente por lo bien que él lo conocía por su trabajo como guionista cinematográfico y, antes de ello, como creativo en agencias de publicidad.

Por si fuera poco, aprovechando sus dotes como compositor, que le llevaban incluso a que sus creaciones al piano le sirvieran de inspiración para las novelísticas, nos regaló la banda sonora con la que acompañar la visualización del mundo que nos ofrecía en sus páginas. Mientras escribo esto, escucho las 24 pistas del CD que puede adquirirse junto al libro, conjunto de piezas concebidas a lo largo del tiempo (algunas disponibles aquí) que, a petición de la Orquesta Sinfónica del Vallés, Ruiz Zafón integró en una única suite presentada en febrero de 2014 en el barcelonés Palau de la Música. Con predominio de solos de piano y varios momentos sinfónicos que no desmerecen a los de su admirado John Williams (que felizmente llegó a conocer y del que conservaba con orgullo una página de la partitura original, dedicada, de “La guerra de las galaxias”), la textura de sus notas románticas, melancólicas, misteriosas, traducen a la perfección la esencia de la atmósfera vaporosa de la Barcelona gótica, plagada de enigmas, en la que se desenvuelve la historia de un niño de diez años, Daniel Sempere, cuya fascinación por una singular novela, “La sombra del viento” (descubierta en una gigantesca y secreta librería de geometría imposible), marca su vida arrastrándole a una trama detectivesca, salpicada de amores y traiciones, que nos subyugará y nos dejará sin aliento hasta su desenlace. Personalmente, rememorando muchos de sus ecos a través de las sugerentes melodías, no dejo de resistirme a liberarme del embrujo que me causaron sus 569 páginas.

Como glosar sus incontables virtudes excedería un artículo de extensiones razonables, me limitaré a sus guiños y menciones cinematográficas, amén de los destellos que han provocado en mí, se aproximen a las intenciones de su autor o no, que no en vano parte del valor de las grandes obras reside en su infinito poder de evocación, estimulando nuestra imaginación, nuestra memoria, nuestra capacidad para volar mucho más allá de la aparente literalidad. Como dice el personaje de Julián Carax, el misterioso autor del libro que da nombre a la novela (en la página 250 de la edición de Planeta en su Colección Booket, que seguiré como referencia):

“Los libros son espejos: sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro”. Sigue leyendo

Salvar el mundo y salvar al cine: “Tenet”, una montaña rusa de puro espectáculo (en su espacio genuino: una gran sala y si es en 70 mm, mucho mejor)

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Ofrecer al público algo que no haya visto antes, llevarle a lugares inesperados, premisas que guían la filmografía de Christopher Nolan. Con “Tenet” vuelve a conseguirlo con un megaespectáculo diseñado especialmente para las salas de cine. Por eso sus responsables, ante la crisis mundial del coronavirus, no se plantearon nunca derivarlo directamente a una plataforma. Tras demorar su estreno, previsto inicialmente el 17 de julio, hasta en tres ocasiones, el 26 de agosto llegó simultáneamente a las salas de una treintena de países, entre ellos España. Si ya antes de la pandemia se le consideraba el gran acontecimiento cinematográfico del verano, como superproducción de Hollywood que esperaba revitalizar la taquilla estacional, ahora, más que nunca, va a permitir medir hasta qué punto el gran público está dispuesto a volver a un cine a compartir experiencia fílmica. Como aliciente extra para quienes tenga acceso a ellas, su concepción para salas IMAX o con proyectores en 70 mm.

Personalmente asistí a la sesión de estreno del pasado miércoles de “Tenet” en una proyección en 70 mm y audio DTS en los cines Palafox de Zaragoza y puedo atestiguar que la espera ha merecido la pena.Tenet-Carteles Sigue leyendo

Cuatro no-ficciones en busca de verdad (y II): “My Mexican Bretzel” y “Video Blues”

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“Me di cuenta de la multitud de historias fascinantes que se pueden contar dentro de la vida de uno sin tener que ir a buscar historias afuera”, decía Sarah Polley en “Stories we tell” (2012), su deslumbrante debut en el documental, que llegó a incluirse en la lista de las 100 mejores películas del siglo XXI por la BBC.

“Cuando estás en medio de una historia, la historia no es historia, sino confusión. Un oscuro rugido, una ceguera, una ruina de vidrios rotos y madera destrozada, como una casa en un huracán o un barco aplastado por los icebergs o arrastrado por los rápidos y que la tripulación es incapaz de detener. Es después cuando se convierte en una historia, cuando te la cuestas a ti mismo… o a otra persona”. Con este sugerente párrafo de la novela “Alias Grace” (1996), de la escritora canadiense Margaret Atwood, arrancaba el filme de Polley, adelantando cómo, a través de la batuta de un guion y un montaje modélicos, es posible orquestar un variopinto surtido de recuerdos familiares en una armónica sinfonía que nos envuelva.

Junto con “Stories we tell”, cabría ofrecer un brillante ciclo fílmico proyectando “My Mexican Bretzel” y “Video Blues”, debut y segundo largo, respectivamente, en la dirección de Nuria Giménez Lorang y Emma Tusell, cuyas tramas se centran también en la memoria y en los especiales modos en que podemos contar los hechos de nuestras vidas. Dos extraordinarios documentales de creación, para quien esto escribe ya en su listado de mejores títulos españoles de este 2020, que contienen, como “Stories we tell”, un misterio narrativo que conviene no desvelar.Fotogramas de My Mexican Bretzel y Video Blues Sigue leyendo

Autocines: ¿vuelven para quedarse? La experiencia del Festival de cine de Huesca

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Ante situaciones críticas, soluciones imaginativas. El Festival de cine de Huesca, en su 48º edición, del 12 al 20 de junio, se ha reinventado y, en su doble compromiso con la industria y el público, ha lanzado su programación en triple fórmula: desde la butaca del hogar a través de su propia plataforma virtual, desde las butacas del Teatro Olimpia (convirtiéndose en el primer festival cinematográfico español que ha vuelto a abrir una sala de cine tras el confinamiento) y desde los vehículos motorizados de cuatro ruedas que acudan al nuevo autocine habilitado al efecto.Autocine-Festival Cine Huesca-2020-07-Foto Atmosfera Cine

Los autocines o drive-in cinema suman el ritual del visionado en pantalla grande fuera de casa con la privacidad y comodidad de contar con tu espacio propio. Una fórmula alternativa para disfrutar del cine que nació en los años 30 del siglo pasado con el auge de la automoción y que en estos tiempos se presenta como una de las más seguras formas de seguir experimentando la cinefilia colectiva.

Tiempo ha pasado desde que el 6 de junio de 1933 pudo verse “Wives Beware” (también titulada “Two white arms“), comedia británica de 1932 dirigida por Fred Niblo y protagonizada por Adolphe Menjou, en un autocine (en origen conocido como drive-in theater) en Camden, Nueva Jersey, publicitándose como el lugar donde toda la familia sería bienvenida.

Si bien nació en Estados Unidos, en España llegó gracias a la iniciativa precisamente de un oscense: José Bello Lasierra, Pepín Bello, que promovió en 1959 el “Motocine Barajas” en Madrid, el segundo en Europa, tras otro en Roma. No tuvo la acogida prevista y solo duró de abril a diciembre, pero quedó como proyecto de modernidad con su gran pantalla curva de 15 metros de altura por 40 de anchura, altavoces disponibles para cada coche con volumen regulable e incluso la posibilidad de escuchar la película en su versión original (pensando, ante todo, en el público extranjero que se desplazase de la base aérea de Torrejón).

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