Yo soy Mark Kerr: ‘The Smashing Machine’
Mientras entrenaba como luchador aficionado, el estadounidense Mark Kerr (nacido en 1968) se interesó por las artes marciales mixtas (AMM o MMA, por sus siglas en inglés) como una forma de ganarse la vida. Su debut profesional llegó en un ring brasileño en enero de 1997, donde demostró un talento arrollador al derrotar a tres oponentes consecutivos en una sola noche, coronándose campeón del World Vale Tudo Championship. A partir de ahí, su carrera ascendió rápidamente: pasó al Ultimate Fighting Championship (UFC) y, posteriormente, fue fichado por la compañía japonesa Pride Fighting Championships, una de las más prestigiosas del mundo.
Las artes marciales mixtas combinan disciplinas tan diversas como el boxeo, el jiu-jitsu brasileño, el muay thai o la lucha libre, entre muchas otras. En este tipo de combates, los luchadores pueden utilizar puñetazos, patadas, rodillazos, codazos, agarres, lanzamientos, llaves articulares y estrangulaciones para imponerse a su rival. Este universo, dominado por organizaciones como UFC, ONE Championship o la desaparecida Pride, ha transformado la lucha en un espectáculo global.
En paralelo, la lucha libre profesional, impulsada por empresas como la WWE (antes WWF) o la WCW, llevó los combates al terreno del entretenimiento televisivo, convirtiéndolos en auténticos negocios multimillonarios.
Los espectáculos de la WWE son combates guionizados y coreografiados cuyo principal propósito es entretener al público. Aunque los resultados estén predeterminados, las acrobacias y movimientos requieren una coordinación e improvisación extremas, ejecutadas con precisión para evitar lesiones reales.
Dwayne “The Rock” Johnson (1972) conoce este mundo de primera mano: fue luchador profesional antes de convertirse en una de las mayores estrellas de Hollywood. En 1997, cuando intentaba hacerse un nombre en la WWF, conoció a Mark Kerr, cuya historia le impresionó profundamente. Años después, tras ver Diamantes en bruto (Uncut Gems, 2019) de Benny y Josh Safdie, Johnson escribió a Benny Safdie para proponerle dirigir una película sobre Kerr. Safdie le respondió enviándole un jersey amarillo de Nautica, icónico del propio luchador, junto con una carta que nunca llegó a su destino, lo que generó una confusión entre ambos.
Tiempo después, durante el rodaje de Oppenheimer (Christopher Nolan, 2023), Safdie coincidió con Emily Blunt, quien había trabajado con Johnson en Jungle Cruise (Jaume Collet-Serra, 2021), y le pidió que lo ayudara a reconectarse con él. Así nació el proyecto de The Smashing Machine, un retrato tan físico como emocional del ascenso y caída de Kerr.
Para meterse en el papel, Johnson aumentó 15 kilos de masa corporal y se entrenó en un auténtico campamento de MMA. Su cuerpo fue recubierto con 21 prótesis, aplicadas durante sesiones de maquillaje de entre tres y cuatro horas diarias, a cargo del artista Kazu Hiro. También trabajó con un entrenador vocal para suavizar su tono, modificó su forma de caminar y compartió entrenamientos con el propio Kerr para captar su esencia en el ring.
La presencia imponente de Johnson se potencia mediante los primerísimos planos que tanto caracterizan el estilo de Safdie, quien lo sigue con una cámara casi táctil. En varias escenas, la cámara se sitúa tras el luchador, acompañándolo hasta el cuadrilátero y haciendo que el espectador sienta el aliento del público en la nuca. En este, su primer trabajo en solitario sin su hermano Josh, Safdie emplea múltiples cámaras para cubrir la acción sin interrumpir la espontaneidad de los actores. También recurre al teleobjetivo para colocar al espectador dentro del combate, “en el mejor asiento de la casa”, compartiendo el sudor, el dolor y la adrenalina del protagonista.
El uso de una cámara de 16 milímetros añade una textura granulada que evoca la estética de los años 2000, mientras que la banda sonora, densa y disonante, crea una atmósfera asfixiante y visceral, fiel al universo Safdie.
Kerr triunfa en el ring, y su pareja Dawn Staples (Emily Blunt), exmodelo de Playboy, lo acompaña en sus viajes y le muestra la vida de lujo fuera del cuadrilátero. Pero ella nunca logra integrarse en el mundo del luchador, y la relación comienza a resquebrajarse. Safdie plasma esa distancia en una escena de vestuario tras una derrota: el rival vencedor se acerca, y la tensión entre la pareja se disipa mientras Kerr recupera una complicidad masculina que nunca alcanza con ella. Él le entrega una cámara para que capture el momento; la sonrisa de Kerr reaparece, pero en la fotografía ella no está, ni se la espera.
Esa fractura íntima se refleja también en una pelea doméstica filmada con cámaras ocultas tras espejos y paredes, permitiendo a los actores moverse con libertad. Safdie rueda la escena como si fuera otro combate, trasladando la violencia del ring al terreno emocional. Johnson confesó que fue una de las secuencias más difíciles de su carrera.
Mark Kerr fue una figura clave en los inicios de la UFC, pero su cuerpo y su mente terminaron por quebrarse. El dolor constante lo llevó a abusar de analgésicos y, más tarde, de otras drogas, lo que destruyó su carrera y su vida personal. Safdie lo muestra en los ojos cansados y perdidos de Johnson, donde se libra una lucha interior entre el deseo de triunfo, la entrega al público y el agotamiento emocional derivado de su relación con Dawn. La interpretación del actor se convierte así en una carta de amor y redención, dedicada a los compañeros que perdió y, sobre todo, a Mark Kerr.
Dawn está construida como una cazafortunas superficial, un personaje que, aunque en apariencia plano, sirve de contrapunto al carácter vulnerable de Kerr. En cambio, Mark Coleman (Ryan Bader), antiguo compañero-entrenador-rival de Kerr, será el tercer personaje del filme, encarnando la parte más real del día a día de un luchador.
Johnson, conocido por El rey escorpión (Chuck Russell, 2002) y por franquicias como Fast & Furious, Jumanji o Vaiana, ofrece aquí la actuación más contenida y emocional de su carrera, en un registro hasta ahora desconocido. Otro ejemplo de giro interpretativo similar nos lo ha ofrecido recientemente Dave Bautista, asimismo exluchador reconvertido en actor, que sorprende, tras su Drax en la saga Guardines de la Galaxia, con su oscuro vigilante-gerente de un club de Las Vegas en The Last Showgirl (Gia Coppola, 2024).
El complejo mundo de las artes marciales mixtas y de la lucha en general – poco popular en nuestro país -, junto con las numerosas escenas sobre el ring, puede resultar desafiante para un público poco familiarizado con este entorno. Sin embargo, su director aborda la película como la historia de un ascenso y el inicio de una caída, junto al entorno que lo acompaña. De ahí que su trama logra trascender el deporte para ofrecer un retrato humano sobre el éxito, el sacrificio y la autodestrucción.
Mark Kerr llegó demasiado pronto a un mundo que le apasionaba, pero del que no alcanzó a beneficiarse como las estrellas posteriores. Él mismo lo resumió con lucidez:
“Tener a 12.000 personas gritando y animándote mientras estás en el ring es orgásmico, es puro; es ver a dos personas competir, luchando y luchando de la forma más bella posible».
Hoy, Kerr, diagnosticado con neuropatía periférica, lleva una vida tranquila y alejada de los focos. En 2023, contrajo matrimonio con Franci Alberding, consultora de fitness.
Por su parte, Benny Safdie fue reconocido con el Silver Lion al mejor director en el Festival de Venecia, demostrando su capacidad de explorar las zonas más vulnerables del ser humano desde la crudeza física y el más allá del éxito.
FICHA TÉCNICA
Estados Unidos, 2025
Título original: The Smashing Machine
Dirección, guion y montaje: Benny Safdie
Reparto: Dwayne Johnson, Emily Blunt, Bas Rutten, Paul Lazenby, Whitney Moore, Andre Tricoteux, Ryan Bader y Oleksandr Usyk
Fotografía: Maceo Bishop
Música: Nala Sinephro
Compañías: A24, Out of the Count y Seven Bucks Productions. Distribuidora: A24
Duración: 123 minutos