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Teresa, de Paula Ortiz: un cine en pedazos en busca de lo radical y lo trascendental

Una lucha interior, un duelo entre dos. De monólogo a diálogo feroz. De la austera representación teatral al bello esteticismo audiovisual. En la estela del tránsito del Libro de la Vida de Teresa de Jesús a La lengua en pedazos de Juan Mayorga, Paula Ortiz suma su versión cinematográfica demostrando, como ya lo hizo adaptando Bodas de sangre de Lorca, que por amor a sus proyectos más personales (ese amor que también mueve a la novia y a la monja Teresa), no le importa el riesgo al abismo.

Porque Juan Mayorga ya apostó fuerte en su traslación de un texto autobiográfico tan poderoso como el de Teresa de Jesús a obra teatral. Mayorga considera al teatro como el arte de la crítica y de la utopía, y por ello con sus piezas no trata de ofrecer respuestas sino de formular preguntas, interpelar y remover prejuicios y supuestas certezas. Por eso cuando con su compañía teatral La loca de la casa (en alusión a la frase atribuida a Teresa de Jesús: “La imaginación es la loca de la casa”) estrenó en 2012 su particular versión del primer libro de Teresa de Jesús, al introducir la figura ficticia del inquisidor que llega a la cocina del convento de San José (primera de las fundaciones de Teresa de carácter renovador) dispuesto a cerrarlo y a obligar a su artífice a reconocer su error, eligió transmutar la voz única en dos; dos voces articuladas como un ser bifronte, dos voces antagónicas nacidas de una misma fe entendida de formas distintas; desde la ortodoxia y el inmovilismo, la una, desde la duda y la libertad, la otra. Con esta opción, su autor introducía un duelo dialéctico no solo teológico, también ideológico que salpicaba al espectador en su butaca.

La pieza teatral de Mayorga, galardonada con el Premio Nacional de Literatura Dramática 2013, sirve de base a Paula Ortiz para su Teresa. Todo un reto transformar una dramaturgia teatral de tal calibre en materia fílmica sin que aquella termine aplastando la singularidad de esta. Pero su autora, en connivencia de guion por segunda vez con Javier García Arredondo, demuestra, nuevamente, su talento para retratar desde lo cinematográfico a mujeres rebeldes, fieles a lo que les dicta el corazón, transgresoras de las convenciones que las oprimen. Y ello alzándose desde las fuerzas telúricas que nos conectan con las entrañas de la tierra (esa Inma Cuesta ensangrentada y embarrada del inicio de La novia, esa Blanca Portillo semienterrada en campo abierto) hasta ser dueñas de su destino (esa novia caminante del final de la adaptación de Lorca o esta Teresa que rompe la cuarta pared con su última mirada).

Un interrogante marca el inicio y enmarca el largometraje: «¿Nunca dudáis, Teresa?» Y a partir de ahí, siguiendo con fidelidad la esencia del texto de Mayorga, al combate dialéctico de sus dos personajes en un único espacio, se le suman las recreaciones del pasado real y mundo imaginativo de Teresa. Ello permite a Ortiz incluir una serie de personajes que, en alternancias temporales al hilo narrativo, aportarán contexto, dinamismo y pluridimensionalidad a la historia de Teresa (como las tres edades de su personaje dando relieve a su evolución). El ambiente familiar, el inicial conventual, la naturaleza… marcos físicos (y emocionales) que, en el habitual estilo de exquisito cuidado formal de su directora, añadirán también claridad y aire externo a la densidad y tenebrismo del encuentro con el inquisidor en la cocina, donde, si se me permite la redundancia, se “cocinará” a fuego lento un interrogatorio de imprevistas consecuencias.

Siendo la intertextualidad de La lengua en pedazos una impulsora de su relato, también Teresa aprovechará la baza de poder conectarse con su original teatral a la par que con el resto de títulos de Paula Ortiz (ese gusto por lo telúrico y lo poético, el anacronismo simbólico, la polisemia de objetos como la ventana, el espejo o el fuego) e incluso con los conflictos y fisonomías de películas míticas como Persona, de Bergman, y Ordet, la palabra, de Dreyer. Y si dicho cineasta danés nos lleva a recordar el libro de Paul Schrader El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer, esto no será casual; pues en esta película su directora cultivará un estilo trascendental propio para expresar lo metafísico partiendo de la potencialidad intrínseca del medio cinematográfico. Desde lo visual, a través de una fotografía de encuadres y composiciones pictóricas (ecos, entre otros, de Rembrandt y Goya), de planos cortos en las escenas más íntimas y planos panorámicos que revelan la magnificencia del entorno, de luz sutil en exteriores impregnados de ligereza y luz sombría o lóbrega en los interiores ascéticos o, a veces, terroríficos (ese infierno sentido por Teresa), de luz plenamente viva en una de sus escenas más hermosas rodada en el claustro del monasterio de San Juan de la Peña. Desde lo acústico, no solo la banda sonora creada por Juanma Latorre (Vetusta Morla) nos acompañará en el avance divergente de sus dos protagonistas con sus composiciones vibrantes de música barroca, también los sonidos ambientales (desde esos pasos firmes del inquisidor anunciando la sangre que espera, al rumor de la oración comunitaria) servirán para amplificar un universo tan sensorial como espiritual. Sin olvidar la melódica canción original de Juanma Latorre y Rocío Márquez, La lengua en pedazos, que cierra la proyección en un adiós reverberante de la experiencia ofrecida.

Inmensas, casi sobrenaturales, las interpretaciones de Blanca Portillo en su poliédrica Teresa (una presencia y voz de múltiples paisajes) y de Asier Etxeandia en su inquisidor mefistofélico (recordemos que, en su etimología, Mefistófeles significa enemigo de la luz), némesis que también conmueve por su negacionismo debilitante que lo vuelve vulnerable. Sus papeles son columna vertebral de una historia que no malgasta los personajes satélites que les encuadran.

No hay acierto de mujer que no se ponga bajo sospecha. Disparate de mujeres, dicen enseguida. Nos tiene el mundo acorraladas, mariposas cargadas de cadenas”. Palabras de Teresa (sin epítetos ni atribuciones en el título del filme), mujer que sigue siendo mil mujeres de ayer y de hoy. Voz que continúa representando la subversión desde su ser activista entre las paredes de un convento, como un siglo después y en otro continente fue Sor Juana Inés de la Cruz, también llevada al cine con brillantez por la argentina María Luisa Bemberg en Yo, la peor de todas (1990). El feminismo de Bemberg y de Ortiz recuperando a estas dos precursoras cuyas figuras han sido instrumentalizadas desde tantas vertientes, corrobora su tremenda valentía.

Auguro que la Teresa de Ortiz no dejará indiferente a nadie; como muestra, en la proyección en la que la vi en su estreno en la pasada Seminci, tres personas cercanas se fueron antes de terminar, y mi desconocida compañera de butaca, que noté como hipnotizada en el tramo final, al encenderse las luces de sala exhaló un intenso “qué elevación”.  Y es que la propuesta de su directora es como una matrioska; las capas que atravieses dependerán de ti y tus circunstancias. Es lo que tiene el cine de la trascendencia, en el que no es preciso ser creyente religioso para que te conmueva; y en el que lo puesto ante tus ojos tendrá la lejanía del horizonte al que alcance tu mirada. Por eso cabrá también leer Teresa en términos rabiosamente actuales, reconociendo la confrontación política entre quienes defienden la palabra inmutable y quienes prefieren la palabra dialogante, entre quienes se creen dueños de la Verdad (con mayúscula) y quienes reconocen que se trata de un concepto tan subjetivo como inapropiable.

Radical no solo tiene como acepción intransigente y extremista, alude asimismo a la raíz, al origen; la Teresa de Ortiz se enfrenta a sus miedos, a esa duda permanente que la estimula, con la brújula de atender a su vocación más íntima, lanzándose al vacío si lo ve preciso. Su directora, fiel también a su imaginario artístico y a su ideario intelectual, nos brinda su singular precipicio a una existencia sin límites. Y ello sin amedrentarle arriesgadas representaciones de lo intangible que lleven a una catarsis tan inefable como individual.

Y para redondear su salto mortal, tras un desenlace que aparenta definitivo, nos brinda un plano final que nos puede desconcertar, uno de esos planos de intransferible comunicación en cine. El epicentro de la trama sintetizado en él. Si en el alma del cine subyace el pacto de suspensión de la incredulidad, ¿por qué no romper el cine en pedazos para hacernos sentir su trascendentalidad?

Producida por La lengua en pedazos A.I.E, Bluebirds Films (de los productores de La Novia), Inicia Films (Las Niñas, 20.000 Especies De Abejas) y coproducida por Nu Boyana (Portugal), BTEAM Pictures estrenará la película en cines el próximo 24 de noviembre.

AtmósferaCine

Ver comentarios

  • Qué maravilla, Ana, cómo describes y desmenuzas en tu comentario a Teresa, la película, y el personaje. Creo que lo leeré más de una vez y dos. Gracias.

    • Muchas gracias, tocaya. "Teresa" es un largometraje muy arriesgado y valiente en su propósito de retratar un universo intenso en emociones enfrentando dos pareceres contrapuestos. Y ello desde una propuesta estética barroca y compleja en capas. Mi personal análisis es solo una pequeña aproximación a esta cuidadísima película.

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