Mark Kerr fue una figura clave en los inicios de la UFC, pero su cuerpo y su mente terminaron por quebrarse. El dolor constante lo llevó a abusar de analgésicos y, más tarde, de otras drogas, lo que destruyó su carrera y su vida personal. Safdie lo muestra en los ojos cansados y perdidos de Johnson, donde se libra una lucha interior entre el deseo de triunfo, la entrega al público y el agotamiento emocional derivado de su relación con Dawn. La interpretación del actor se convierte así en una carta de amor y redención, dedicada a los compañeros que perdió y, sobre todo, a Mark Kerr.
Dawn está construida como una cazafortunas superficial, un personaje que, aunque en apariencia plano, sirve de contrapunto al carácter vulnerable de Kerr. En cambio, Mark Coleman (Ryan Bader), antiguo compañero-entrenador-rival de Kerr, será el tercer personaje del filme, encarnando la parte más real del día a día de un luchador.
Johnson, conocido por El rey escorpión (Chuck Russell, 2002) y por franquicias como Fast & Furious, Jumanji o Vaiana, ofrece aquí la actuación más contenida y emocional de su carrera, en un registro hasta ahora desconocido. Otro ejemplo de giro interpretativo similar nos lo ha ofrecido recientemente Dave Bautista, asimismo exluchador reconvertido en actor, que sorprende, tras su Drax en la saga Guardines de la Galaxia, con su oscuro vigilante-gerente de un club de Las Vegas en The Last Showgirl (Gia Coppola, 2024).
El complejo mundo de las artes marciales mixtas y de la lucha en general – poco popular en nuestro país -, junto con las numerosas escenas sobre el ring, puede resultar desafiante para un público poco familiarizado con este entorno. Sin embargo, su director aborda la película como la historia de un ascenso y el inicio de una caída, junto al entorno que lo acompaña. De ahí que su trama logra trascender el deporte para ofrecer un retrato humano sobre el éxito, el sacrificio y la autodestrucción.
Mark Kerr llegó demasiado pronto a un mundo que le apasionaba, pero del que no alcanzó a beneficiarse como las estrellas posteriores. Él mismo lo resumió con lucidez:
“Tener a 12.000 personas gritando y animándote mientras estás en el ring es orgásmico, es puro; es ver a dos personas competir, luchando y luchando de la forma más bella posible».
Hoy, Kerr, diagnosticado con neuropatía periférica, lleva una vida tranquila y alejada de los focos. En 2023, contrajo matrimonio con Franci Alberding, consultora de fitness.
Por su parte, Benny Safdie fue reconocido con el Silver Lion al mejor director en el Festival de Venecia, demostrando su capacidad de explorar las zonas más vulnerables del ser humano desde la crudeza física y el más allá del éxito.