El rodaje duró solamente 18 días y su directora, quien siempre quiso filmar en Las Vegas, confirma que visualmente pensó en El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950) y en Wanda (Barbara Loden, 1970).
Coppola quería que fuera Anderson la protagonista de su tercer largo, quien declara: “Gia me salvó la vida con este papel… He conectado profundamente con Shelley y ha sido una forma muy especial de regresar a la gran pantalla… He estado toda mi vida preparando este papel. Es el primer guion ‘coherente’ que he recibido en mi carrera”. Anderson, que no es una gran actriz, aquí muestra un talento desconocido, alejado de su imagen de sex-symbol de los años 90 y de las 13 portadas de la revista Playboy. De este modo, la intérprete se ha reinventado profesionalmente, reconociendo cómo su vida personal y sus experiencias le han permitido dar profundidad a su personaje en la película.
2024 fue un año de segundas oportunidades, no solo para Anderson, sino también para otra actriz que parecía olvidada, Demi Moore, protagonista de la multipremiada La sustancia (Carolie Fargeat, 2024). Aunque este crítico lo ha relacionado más con Sara Montiel, recuperada en Súper Sara (Valeria Vegas, 2025), serie de televisión que habla de la mujer detrás del mito de la actriz y cantante nacida en Campo de Criptana.
En la trama, Shelley se ve como una embajadora del glamour y de la elegancia de Las Vegas. Ciudad que trataba a las showgirls como estrellas de cine. Para ella el cuerpo es arte. Le gusta que la miren, la hace sentir bella y eso la convierte en poderosa. Le resulta difícil imaginar su vida sin ello. Sin embargo, conviene distinguir entre cómo se ve ella y la realidad, o cómo la ven los demás. Ya que Shelley es una mujer vulnerable que eligió su carrera frente a criar a su hija Hannah (Billie Lourd). Ahora esta, a punto de iniciar sus estudios universitarios, reaparece en su vida echándoselo en cara e intentando entender por qué prefirió vestirse con plumas y bailar frente a unos extraños, dejándola sola en el coche aparcado en la parte de atrás del casino jugando a la Game Boy, en lugar de criarla como “una madre normal”. Algo por lo que Shelley no tiene remordimientos, pero que la lleva en su momento presente a que se debata entre cómo afrontar esta nueva etapa de su vida y recuperar a su hija.