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“Banda aparte” (1964) es una de las películas más representativas de la Nouvelle Vague, calificada por su propio realizador, Jean-Luc Godard, como “el encuentro entre Alicia y Franz Kafka”. Por su carácter vanguardista y su mezcla de ficción y elementos de documental fue referencia especial para el seminario “Banda aparte: el nuevo cine español”, impartido por el investigador, crítico de cine y profesor Antonio Weinrichter en la pasada edición del Curso de Cinematografía de la Universidad de Valladolid, del que es veterano colaborador. Complementando el seminario ofrecido el día anterior por Santamarina y Heredero, nos permitió disfrutar de un recorrido por el más destacado y reciente cine independiente y experimental español vinculado al espíritu libre y alejado de dogmas de Godard.

Según Antonio Weinrichter, entre las revoluciones tecnológicas que han propiciado la libertad creativa cinematográfica se situó, por una parte, la que posibilitó la comercialización de cámaras ligeras portátiles que podían rodar sonido simultáneo y sincrónico con la imagen, esto es, sonido directo (sin la tiranía del micrófono fijo, como ilustra muy bien “Cantando bajo la lluvia”), haciendo innecesario el doblaje y facilitando el llamado cinema verité; por otra parte, la revolución digital, que favorece la abolición entre lo profesional y lo amateur, fomentando la accesibilidad universal y la figura del prosumidor (derivado de la fusión entre consumidor y productor), capaz de generar nuevos contenidos partiendo de los ya existentes, siendo más preciso que el talento técnico el puramente conceptual (cita ejemplificativa: la youtuber española Ter).

Con el fin de aportar visibilidad a a una serie de obras españolas recientes que, por su formato de vídeo digital y otros motivos, no encajaban en los circuitos de exhibición habituales, Weinrichter, miembro del equipo del Festival de cine de Las Palmas de Gran Canaria desde su fundación, junto con Josetxo Cerdán, ambos profesores de la Universidad Carlos III, en el marco de la octava edición del citado festival desarrollado en 2007, programaron el ciclo “D-Generación”, marcado por la letra D en el doble sentido de documental y digital y jugando también con el concepto degeneración y con el hecho de que sus autores pueden calificarse como d-generados porque sus creaciones quedan fuera de género. Bajo el nombre completo de “D-Generación. Experiencias subterráneas de la no ficción española”, agrupaba una muestra de heterodoxas producciones, alejadas de la ficción convencional y más próximas al videoarte y a lo experimental. Así se describía el ciclo, que posteriormente se divulgó por otras ciudades reimpulsado por el Instituto Cervantes (que secundó la publicación de una completa guía): “Propuesta que bucea en las profundidades del documental contemporáneo para encontrar aquellas piezas de difícil acomodo y condición. Los documentales que se presentan suponen una puesta al día de las formas más innovadoras y atrevidas del audiovisual español, aquellas que partiendo de un renovado concepto del documental se adentran por nuevos y fascinantes caminos creativos”.

El ciclo integraba obras de los comienzos de autores como Lluís Escartín, Oliver Laxe, Óscar Pérez, María Cañas, Pedro Pinzolas, Jorge Torregrossa, Andrés Duque y Alberte Pagán. En recuerdo a dicho ciclo pionero que les ofreció un escaparate exhibidor, una década después, este 2017, algunos de aquellos jóvenes cineastas, como Isaki Lacuesta, Fernando Franco, Virginia García del Pino y León Siminiani, regresaron al certamen para programar su propia selección de este otro cine español dentro de la sección Panorama España.

Muestras

Como pieza divulgada en aquel primer ciclo pudimos ver íntegra “Me duele el chocho” (2003), de Valeriano López (Huéscar, Granada, 1963), vídeo local realizado con la colaboración de los vecinos gitanos del barrio de las cuevas de su pueblo. Valeriano es el payo que les pide que digan a cámara la famosa frase de Unamuno “Me duele España”, síntesis del espíritu escéptico de la Generación del 98, con el fin de actualizarla en un marco de exclusión social, si bien concluye con la espontaneidad de una mujer que traslada la frase a lo personal. ¿Vídeo arte, cine documental? De difícil encaje en cualquier muestra convencional de cine, puedes verlo completo desde aquí.

De León Siminiani (Murcia, 1971), la segunda edición “D-Generación” en el marco del Festival de Las Palmas proyectó “Límites. 1ª persona” (2009), cortometraje articulado como una (falsa) prueba de amor del director a su exnovia en forma de vídeo con imágenes grabadas en su viaje juntos por Marruecos. Con la voz del actor Luis Callejo y música de Claude Debussy, todo un ejercicio especular y simétrico usando el lenguaje cinematográfico. Pudimos disfrutarlo completo y ahora cabe hacerlo desde este enlace.

Otro descubrimiento para la mayoría de los asistentes fue María Cañas (Sevilla, 1972), presente en aquel primer ciclo de “d-generados” con “El perfecto cerdo” y “La cosa nuestra” (2005). Cañas se apropia de imágenes ajenas, en la tradición del denominado cine de metraje encontrado (found footage en inglés) y cultiva una estética del reciclaje plena de humor. Su trabajo se basa en la vanguardia, aprovechando la técnica digital que facilita la manipulación de esas imágenes conseguidas a menudo de Internet. Como puntualizó Weinrichter, si ya en los años 30 del siglo XX tal apropiación la cultivaron los surrealistas u otros grupos con sentido artístico o político, con los medios actuales se rompe aquel monopolio de unos pocos para estar al alcance de todos. El ejemplo de su obra fue el divertido mediometraje “Fuera de serie”, que mezcla vertiginosamente escenas de series televisivas jugando con el doblaje español de la época; en concreto, el corte seleccionado se articulaba como una crítica paródica de la imagen televisiva de mujeres poderosas como Wonder Woman, conocida aquí como la Mujer Maravilla. Accede al tráiler desde aquí y a un fragmento en este enlace.

En el ámbito del largometraje, muy interesante resultó la referencia a “La ciudad de los signos” (2009), de Samuel Alarcón (Madrid, 1980), descrita por él mismo como una película-ensayo que revisita a Roberto Rossellini y al neorrrealismo a través de un paseo por localizaciones originales de rodaje sobre las que se sobreimpresionan las imágenes y sonidos de las películas en blanco y negro. El resultado es una bella evocación del sentido fantasmal del séptimo arte (íntegro desde este enlace). Así, un halo poético, fruto de su evanescencia, rodeaba a la Anna Magnani que vimos sin parar de subir escaleras en una escena de “El milagro” (episodio perteneciente a la película “El amor“, rodada por Rossellini en 1948).

Especial atención, como parte de ese nuevo cine experimental y documental, lo mereció el colectivo Los Hijos, creado en 2008 por Javier Fernández Vázquez (Bilbao, 1980), Luis López Carrasco (Murcia, 1981) y Natalia Marín Sancho (Zaragoza, 1982) tras su paso por la ECAM. Sus integrantes, que se intercambian las diferentes funciones de sus creaciones, autogestionadas completamente, se presentan como hijos rebeldes de sus progenitores en el mundo artístico.De este colectivo vimos su atractivo debut: “El sol en el sol del membrillo” (2008), cortometraje conceptual que no oculta su filiación, homenajeando a “El sol del membrillo” de Víctor Erice a través de un lienzo inacabado pretendidamente pintado por Antonio López que resiste (¿resiste?) las embestidas de la naturaleza y el clima durante una semana. Una semana mostrada desde propuestas audiovisuales diferentes que analizan la relación entre el autor cinematográfico y la representación del paisaje. Así, en su parte final, próxima a un making-of en la que aparecen ellos mismos, cuestionan el propio material rodado exponiendo públicamente sus dudas. Cabe verlo íntegro aquíSu siguiente obra, “Ya viene, aguanta, riégueme, mátame” (2009), a través de encuadres equivalentes actuales despojados de puesta en escena y de la superposición en subtítulos de los diálogos originales, revisita secuencias icónicas de cuatro largometrajes españoles: “El espíritu de la colmena”, “Historias del Kronen”, “La ley del deseo” y “Amantes”. Un evocador ensayo cinematográfico. Visionado completo desde este enlace.

Asimismo tuvimos ocasión de ver un fragmento de “Los materiales” (2009), su salto al largo, rodado en el valle de Riaño en blanco y negro como un filme metadocumental no tanto sobre un tema como sobre el proyecto en sí, revelando lo difícil que es hacer cine cuando, en apariencia, ya está todo hecho. Con referencias a Angelopoulos, Antonioni y a Hitchcock, entre otros, Los Hijos nos enseñan su proceso creativo, cómo rodar un documental (en este caso sobre uno de los pueblos anegados por la construcción del pantano de Riaño). A base de descartes, crean un no making-of de un documental inexistente, de ahí su título, en referencia a la exposición de los materiales audiovisuales de parte de un proceso que pretende generar un documental. Como apuntó Weinrichter, a diferencia del documental observacional en el que el autor no influía en la realidad, sin intervenir ni aparecer ante la cámara, en este colectivo se muestra cómo esa realidad influye en los cineastas. Toda una diferente concepción de la no-ficción. Este es su tráiler.

 

Antonio Weinrichter posó amablemente al finalizar su interesante seminario

Aunque este enriquecedor seminario contuvo otras muchas referencias, concluimos este sintético repaso con la alusión al visionario cineasta y teórico francés Alexandre Astruc, considerado uno de los padres de la Nouvelle Vague, que en el número 144, de 30 de marzo de 1948, de la revista L’Écran français publicó un artículo titulado “Nacimiento de una nueva vanguardia: La caméra-stylo”, defendiendo que si el escritor escribe con la pluma, el director utiliza la cámara, augurando el momento en el que con esa cámara estilográfica cualquiera podría crear cine. En 1997 Chris Marker, al hilo de su filme-ensayo “Nivel 5” sobre el mundo de la programación de videojuegos, declaró que por fin la vieja profecía de Astruc se había hecho realidad con las nuevas cámaras de vídeo. Utopía materializada aún mucho más allá veinte años después.