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La vida de los pintores ha propiciado grandes historias cinematográficas. En Filmin, por ejemplo, actualmente podemos encontrar más de cuarenta títulos bajo este tema, desde clásicos con tramas ficcionadas, como “Los amantes de Montparnasse” (1958) y “Andrei Rublev” (1966), a recreaciones más contemporáneas, como “Séraphine” (2008), “Paula” (2016) y las diversas dedicadas a Van Gogh (posiblemente el pintor más evocado fílmicamente). Pero es sin duda en el documental donde más filón encontramos para asomarnos con más fidelidad a la esencia que late tras la obra de quienes se dedican a esta disciplina artística: “El misterio Picasso” (1956) o “El sol del membrillo” (1992) serían dos muestras ejemplares en este sentido.

Abel Cuerda (Albacete, 1943) es uno de los más destacados representantes del expresionismo abstracto español. Un corto documental estrenado este año, de carácter íntimo y diáfano, nos aproxima a su particular universo.

Abel Cuerda-Corto documental-Juan Antonio Moreno-Poster

Su director, Juan Antonio Moreno Rodríguez (Madrid, 1959), ya ha demostrado ampliamente, con su extensa bibliografía, que es uno de los mayores especialistas en el estudio del corto español. En AtmósferaCine compartió en una entrevista la publicación de su libro “El cortometraje en España. Un trayecto a través del lenguaje audiovisual, la historia y la crítica cinematográfica”, y su último hito como escritor ha visto la luz este año: “Directoras en la historia del cortometraje español”, un exhaustivo recorrido por la obra de 154 cineastas, desde las grandes pioneras hasta las generaciones actuales. Como analista cultural cuenta también con una dilatada trayectoria que le ha llevado a dar el salto tras la cámara y debutar con “Abel Cuerda, el pintor del color”. Gracias a esta entrevista nos permite colocarnos también en la tramoya de su realización.

Juan Antonio Moreno Rodríguez-Corto Abel Cuerda

En pleno rodaje, Juan Antonio Moreno Rodríguez tras la cámara

Tu vínculo con Abel Cuerda viene de muy atrás, de tus raíces familiares, ¿cómo recuerdas el momento en el que lo conociste y qué es lo que te resultó más atractivo de su obra?

Mis padres nacieron en Valdeverdeja (Toledo) y pasan allí los meses de verano. Durante una de mis estancias, al pasar junto a la carpintería del municipio me llamaron la atención unos cuadros que reconocí como suyos. El carpintero me lo confirmó y dijo que estaba poniéndoles listones y que el pintor vivía en Valdeverdeja.

Como digo, ya conocía su obra, pero no al artista y José Antonio, un economista que trabaja la madera y que también fue alcalde, me acompañó a su casa. De eso hace ya cerca de 20 años y cuando conocí su estudio, me interesó todavía más su obra, tanto que a las pocas semanas le compré el primer cuadro, fechado en 1998. Muestra el equilibrio de su composición, el espacio que concede aire a su pintura y que expande un aura de libertad que te contagia. Me gustó el misterio que desprende su obra, ese halo poético que te atrapa y también me entusiasmaron los collages y la maestría con la que los configura.Libro sobre Abel Cuerda-Juan Antonio Moreno-Editorial Tal Vez

Este corto tiene un precedente, tu libro “El arte y la vida. Conversaciones con Abel Cuerda”, publicado en 2016, que inicias con una breve historia de la abstracción en España y la aparición del grupo El Paso, para luego centrarte en la obra de Cuerda. ¿Por qué te lanzaste a escribir esta monografía? Por cierto, que repasando tu amplia bibliografía, otro de tus libros, “El carnaval de Cádiz. Periodismo crítico de un pueblo”, cuenta en la portada con una de sus pinturas.

Siempre me ha interesado la abstracción y en especial la obra de los artistas que integraron el grupo El Paso. Fernando Zóbel, otro gran pintor, funda el Museo de Arte Abstracto en las Casas Colgadas de Cuenca, bellísimo espacio que sitúa a la capital manchega en el mapa artístico mundial. Un escaparate estupendo gracias a las creaciones tan especiales de artistas a los que admiro como Manuel Millares, Antonio Saura, Luis Feito, Rafael Canogar, Manuel Viola, Juana Francés, Pablo Serrano, Manuel Rivera o Martin Chirino.

Abel llega más tarde -el grupo ya ha desaparecido- a la pintura y siento necesidad de reivindicar su trayectoria. La de un gran artista que ha vivido etapas de luces y sombras. Un pintor que con 27 años encadena una serie de primeros premios (II Bienal de Pintura de Bilbao, 1970; III Bienal del Deporte en las Bellas Artes de Madrid, 1971) y que vende dos veces el stand durante una edición de ARCO. Luego llegan los momentos más sombríos. Todo ello, unido a su espíritu de superación tras la enfermedad que padece, supone un reto para mí, aunque me costó mucho convencerle, igual que para realizar el documental. Abel es muy celoso de su intimidad; por eso le estoy tan agradecido al haberme abierto su estudio y, en parte, su vida.

Su primer cuadro después de recuperarse del ictus fue “Homenaje al cine negro” (1998) y en cierta forma desde el cine, quería rendirle tributo.

Respecto a la portada de mi libro sobre el carnaval gaditano, un día le comenté si podía ilustrarlo y en mi siguiente visita, me regaló esa excelente portada.

Libro de Juan Antonio Moreno-Portada-Cuadro de Abel Cuerda

En 2018 publicaste “El crítico del Valle del Jarama. Artículos periodísticos sobre arte”, con una especial dedicación a grandes genios de la pintura universal. Entre las citas que encabezaban el libro, una de Fernando Marías: “Velázquez nos habla desde esa poesía muda que son los cuadros”. ¿Qué crees que nos quiere transmitir Abel Cuerda con los suyos?

Abel Cuerda transmite verdad a través de la sugerencia. De su mundo interior surgen relatos pictóricos que se expresan en libertad. En la disposición de sus composiciones, el espacio es importante ya que concede aire a una propuesta muy equilibrada que le permite volar alto, como él mismo afirma.

Sus obras son poemas silentes, con un halo íntimo y emocional que llega muy dentro. Te atrapan por el uso tan excelente que hace de los colores. La fluidez gestual y la mancha presencial en su propuesta aceleran el deseo principal del artista manchego: la búsqueda de la perfección.

Como dato curioso, tu salto a la dirección cuenta con un origen eminentemente cinematográfico, entrevistando a un profesional del cine en el programa que conduce Antonio Peláez en RadioCine.

Así es, fue durante la grabación del programa de televisión “Un corto contigo”, que hacemos desde hace tres años para Déjate de Historias TV. Entrevistamos a Wenceslao Scyzoryk, director del corto documental “El submariné”, que enseña el laboratorio de Juan Mariné, una institución en nuestro cine que en diciembre cumplirá 100 años y sigue restaurando películas.

Regalé a Wen un ejemplar de mi libro sobre Abel Cuerda y al cabo de unas semanas me comentó que le había interesado mucho. Animado por sus comentarios, escribí un guion que le envié para que lo dirigiera, pero su respuesta fue categórica: “dirígelo tú, puedes hacerlo, tienes todo en la cabeza y yo te facilitaré los medios necesarios”.

Ante mis dudas iniciales, insiste: “llevas muchos años escribiendo sobre nuestros trabajos, ahora te toca dirigir a ti”. Y así fue, Imagen Factory, su productora, propició que haya realizado mi ópera prima. Le estoy muy agradecido porque me ha permitido vivir una experiencia única.

Cuentas con un gran trabajo fotográfico precisamente de Wenceslao Scyzoryk, que aporta una atmósfera suave y luminosa, que brilla especialmente en las escenas del estudio del pintor, potenciando la belleza de su obra.

Estoy de acuerdo contigo. El trabajo lumínico de Wen en el estudio es excelente y muy hermoso. Ha sabido captar con su óptica el silencio y la incertidumbre del pintor, registrando fielmente los materiales en espera y el entorno silencioso del artista castellano manchego. Se nota que Wen estudió Bellas Artes y, desde luego, su trabajo ha embellecido el documental.

También resulta muy bien elegida la pieza musical de Jonay Armas, pues respetando silencios necesarios, aporta calidez con sus notas de piano a los momentos en que suena.

Jonay es un músico con un talento innato. Además, es muy generoso, ya que cuando le propuse colaborar conmigo, no lo dudó un instante y envió “Faith”, pieza para piano de su último trabajo “Indigo”, que hace crecer la intensidad emocional del cortometraje.

La música es brillante y convive con los silencios que impregnan “Abel Cuerda. El pintor del color”. Ha sido un verdadero lujo trabajar con Jonay Armas y disfrutar de su talento. Su música desprende un lirismo muy especial. Jonay es como un hermano para mí y siempre le deseo lo mejor: desde sus comienzos hasta hoy día en que, por fin, ve reconocida su calidad musical. En esta pieza, la magia de su inventiva envuelve con delicadeza el íntimo proceso que narra el documental.

Para mí, la música en el cine es muy importante y debe ocupar un lugar privilegiado y por fortuna, he contado con uno de los mejores músicos.

Entrando en la fórmula narrativa, en los breves nueve minutos que dura (que se pasan en un suspiro) abordas desde el instante de duda inicial ante el lienzo en blanco hasta aquel en que la pintura ya es ofrecida al público, con el proceso creativo como nudo central, lo que nos remite a “El sol del membrillo”, de Víctor Erice. ¿Tuviste este filme u otros en mente cuando rodabas?

He visto una sola vez “El sol del membrillo” y fue en 1992. Víctor Erice es un cineasta fundamental en la historia del cine. Su mirada señala una poética visual que trasciende la pantalla. Como espectador, he disfrutado de todas sus propuestas -escasas, por desgracia- y ahora, como alguien que llega, aprendo de su cine.

Desde el principio del proyecto tenía muy claro que debía atrapar los silencios del proceso creativo que lleva cabo el pintor Abel Cuerda. Mi idea ha sido la de filmar desde la calma, concediendo protagonismo al creador y luego a los elementos que le permiten el crecimiento artístico. Igualmente, he pretendido recrearme en el espacio que rodea al pintor.

En todo caso, es un honor que mi película pueda transmitir cierta cercanía con uno de los grandes creadores del universo cinematográfico.

El apartado de testimonios personales, además de su carácter informativo, queda muy bien estructurado en el conjunto. Por ejemplo, el del escultor Carles Albert hablando de la gran capacidad compositiva de Cuerda jugando con el espacio, que encuentra su reflejo en las claras y elegantes composiciones de los planos insertos sin diálogo ninguno.

El punto de vista del documental se expresa a través de los testimonios de otros protagonistas, no del pintor. Quería que fuesen ellos los que presentasen al autor y a su obra, comenzando por su mujer, la también pintora Ana Hermida.

He tenido la suerte de rodearme de grandes compañeros de viaje. Juan Antonio Tinte, profesor, crítico y también artista, sitúa la trayectoria de nuestro protagonista en la historia del arte en España. Patricio Morcillo, gran conocedor de su obra, traslada con sabiduría lo que siente ante un cuadro de Abel. Emilio Martínez, excelente periodista albacetense, aporta el seguimiento profesional a la trayectoria de los hermanos Cuerda. Carlos Albert aporta experiencia y conocimiento y sabe comunicar muy bien y de forma muy didáctica. Todos han enriquecido la mirada sobre este maestro de la pintura.

Como he comentado, el espacio es muy relevante para Abel Cuerda. Pretendo contar una historia con un lenguaje que aúna planos que son como cuadros y el montaje es como un collage, buscando una simbiosis con la obra que presentamos.

Abel es el hermano mayor del cineasta José Luis Cuerda. Os enterasteis de la triste noticia de su fallecimiento el pasado 4 de febrero precisamente presentando el corto en un festival ¿no es así?

Así es, nos encontrábamos en el Festival de Clermont-Ferrand, que es la Meca del Cortometraje. En concreto, asistíamos al “Short Film Market”, donde promocionaba el documental. Fue impactante conocer la noticia allí y también muy emotivo porque toda la delegación española se unió en un largo minuto de silencio en su recuerdo.

¿Ha existido alguna colaboración pictórica de Abel en la filmografía de su hermano o cada uno se ha dedicado a su especialidad sin conexiones?

No ha habido colaboración pictórica, pero Abel hizo un cameo en “Así en el cielo como en la tierra” (1995). Abel me comentó que estar al lado de su hermano le convencía de que era actor y me habló de la ocasión en que rodó una escena frente a Paco Rabal. Me contó que le imponía tanto, que le daban ganas de salir corriendo.

Al pintor manchego le gusta mucho el cine de su hermano y ha visto todas sus películas.

Háblanos de la recepción que está recibiendo el corto, cuya difusión presencial en estos tiempos no es nada fácil.

El año que estamos padeciendo afecta como es lógico al mundo de los festivales de cine. Algunos se han cancelado, otros se han pospuesto y los que se celebran han reducido espacios de exhibición y también el número de cortos que seleccionan. Los que resisten, han optado por ediciones híbridas (online y presenciales).

Yo estoy muy contento -a pesar de todas las circunstancias adversas- de cómo ha sido acogido “Abel Cuerda. El pintor del color”. Ha recibido críticas muy buenas y hasta ahora ha sido seleccionado en nueve festivales nacionales e internacionales.

He tenido la oportunidad de presentarlo en el Festival de Cortos de Carabanchel, en el Festival de Cine de Madrid, organizado por la Plataforma de Nuevos Realizadores (PNR), en la sección “Hecho en Madrid” y en el Festival Internacional Cortos con Ñ. También se ha proyectado en el Festival de Cortometrajes K-Lidoscopi de Cullera (Valencia), en la sección “Perspectiva”, en el Alexandre Trauner ART/Film Festival de Szolnok (Hungría), que me invitó a asistir al festival, pero las circunstancias sanitarias impidieron mi viaje.

También hemos sido seleccionados en el Kursaal Film Festival de San Sebastián y en el Festival Internacional ABYCINE-Cine Independiente, en la sección “Hecho en Castilla-La Mancha”, una sección que tiene mucha visibilidad dentro del propio festival. Pude comprobarlo porque viajé a Albacete y sentí verdadera emoción en el cine Capitol, donde fue proyectado el documental. Un año en que el festival ha rendido homenaje a José Luis Cuerda: los Cuerda unidos en un festival tan importante, en la ciudad donde nacieron.

A mi regreso, acabo de conocer que he recibido el premio como Mejor Director de Cortometraje del Festival de Cine&Arte de Buenos Aires-ARTE NON STOP FESTIVAL: una alegría inmensa que comparto con todo el equipo. Además, el Festival ha decidido conceder un premio especial a los artistas que inspiraron con su trayectoria, trabajo y admirable talento, la creación de las películas presentadas. Por tanto, Abel Cuerda ha recibido el Premio Especial del Festival “Reconocimiento al Artista”, galardón que hace justicia a toda su obra y por el que me siento muy feliz por él. Y un premio que se une al “Award Excellence” recibido este verano en el Docs Without Borders Film Festival de Delaware (Estados Unidos).

En fin, no me puedo quejar, y por ello, quisiera agradecer a mi hija Cristina Moreno el excelente trabajo de distribución que está desarrollando, ya que sin ella no habría podido llegar tan lejos.

Creo que es importante que un trabajo audiovisual sobre esta temática tenga la mayor visibilidad posible, dado su potencial didáctico. La obra de Abel Cuerda ha sido vista en medio mundo y yo estoy contento por el trayecto recorrido.

Sin duda, esta ya sobresaliente recepción avala la calidad del corto, por su factura y su contenido divulgativo. Para quienes no conocíamos a Abel Cuerda nos ha supuesto todo un descubrimiento, una bella forma de acceder a su figura y a su obra.

Juan Antonio Moreno concluye su filme-tributo con una significativa cita del historiador, crítico y catedrático de Historia del Arte Francisco Calvo Serraller, que pone en relación con Abel Cuerda en una delicada rúbrica a su fundamento como creador:

“Para entender el arte solo hace falta entender la vida”.Abel Cuerda, el pintor del color-Corto de Juan Antonio Moreno