Crónica 74ª SSIFF: entre fantasmas, deseos y heridas
.- La 74ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián (SSIFF) volvió a convertir durante nueve días a Donostia en punto de encuentro para el cine de todo el mundo.
Comenzó el viernes 18 de septiembre bajo una ligera lluvia que cubrió la ciudad durante apenas unas horas. La llegada este año fue más complicada de lo habitual debido a las enormes dificultades para comprar entradas. Ni siquiera teniendo el número 77 en la cola virtual pude conseguir todas las que me interesaban: algunas desaparecían de la cesta online mientras las seleccionabas y, al llegar al pago, otras tantas ya no estaban disponibles. Fue un comentario generalizado entre los aficionados que coincidíamos en las filas para entrar a las salas de cine: cada año resulta más difícil adquirir en la web las entradas.
Y estas fueron las películas de esta edición que pude disfrutar.
Geister / Ghost Song (Alemania, 2026, Fatih Akin, 105 min)
Mi primera película del festival fue la última producción del director alemán de origen turco Fatih Akin, Geister / Ghost Song, presentada en la Sección Oficial. Rodada en un bellísimo blanco y negro lleno de luz, narra la historia de amor entre Farasha (Mariam Dawoud) y Faris (Eren M. Güvercin), quienes, con apenas veinte años, se enamoran perdidamente tras conocerse en su fiesta de graduación.
Sin embargo, Farasha muere esa misma noche y, negándose a separarse de Faris, descubre una forma de cruzar la frontera entre ambos mundos. Durante cuarenta noches, y solo cuarenta, se encuentra con él en sus sueños, permitiendo que su historia de amor siga creciendo.
La complicidad entre ambos resulta evidente. Esa vida paralela que comparten en un entorno seguro de calles vacías, donde únicamente existen ellos y su amor, está filmada de manera profundamente poética. La banda sonora compuesta por Malakoff Kowalski envuelve la historia con gran belleza. La película está narrada en capítulos, como una cuenta atrás hacia la separación definitiva, presentados mediante coloridos carteles llenos de fantasía.
Akin escribe y dirige en función del momento vital en el que se encuentra. Desde hace años buscaba realizar una película para sus hijos, e inspirándose en la cultura que actualmente absorben muchos jóvenes, especialmente la japonesa de animes y mangas, decidió abordar la muerte no como un final, sino como una transición. Se trata de una visión muy presente en estos géneros, poblados de universos paralelos, muertes y renacimientos, que completó incorporando elementos de la cultura islámica, una influencia importante en su propia vida.
Originalmente, la película iba a exhibir todo el colorido propio del anime, pero tras casi seis meses de trabajo en la sala de montaje se optó por transformarla en el blanco y negro característico del manga. Actualmente existen ambas versiones, aunque en San Sebastián se proyectó la realizada en blanco y negro.
Alrededor de la pareja aparecen otros personajes secundarios marcados por el dolor y la pérdida. Aunque quedan en un segundo plano, contribuyen a transmitir la dimensión emocional de la historia. Akin introduce también otro asunto de gran actualidad entre los jóvenes: el suicidio juvenil.
Farasha significa «mariposa» en árabe. Y una mariposa simboliza la transformación: abandonar una piel que ya no sirve y que impide al gusano volar. Es renovación, trascendencia y liberación. La posibilidad de elevarse hacia la luz dejando atrás las limitaciones terrenales mediante la propia transformación, representando la energía del amor y de la libertad tal y como la viven Faris y Farasha.
Bucking Fastard (Irlanda y Estados Unidos, 2026, Werner Herzog, 109 min)
Mi segunda película supuso un cambio radical de registro con respecto a la anterior. En esta ocasión, Werner Herzog, Premio Donostia de esta edición, presentó Bucking Fastard ante un público que se reía con las primeras escenas y que después parecía no saber muy bien cómo reaccionar ante el resto de la propuesta.
Las hermanas Jean (Kate Mara) y Joan Holbrooke (Rooney Mara) están tan unidas que hablan al unísono. Lo hacen todo juntas y al mismo tiempo, aman al mismo hombre y comparten los mismos sueños. Incluso cometen el mismo desliz al hablar, origen del título de la película. Como anécdota de proyección, cuando ambas cometían este error insultando al personaje interpretado por Orlando Bloom con un Bucking Fastard en lugar de Fucking Bastard, los subtítulos lo traducían como «le gusta la fruta».
El espectador no puede percibir el mundo exactamente como ellas lo hacen, pero sí contemplar cómo el mundo reacciona ante ellas. Casi siempre aprovechándose o burlándose de su singularidad, aunque también aparecen personas dispuestas a ayudarlas, atraídas por la bondad y la inocencia de estas dos mujeres.
La interpretación de las hermanas Mara es extraordinaria. Siempre habían querido trabajar juntas y, cuando Herzog les ofreció el proyecto, vieron la oportunidad perfecta. A pesar de sus profundas diferencias personales, encontraron rápidamente a los personajes a través de los ensayos conjuntos y de un vestuario cuidadosamente armonizado.
La película parece suspendida en el tiempo. Por ciertos detalles, como la actitud de las protagonistas o su forma de vestir, podría transcurrir en cualquier época reciente. Sin embargo, otros, como un selfie solicitado o algunos de los vehículos que aparecen, permiten situarla en el presente.
Construida a partir de historias independientes habitadas por distintos personajes, la película encierra una belleza sutil en las interpretaciones y en el sufrimiento de sus protagonistas, aunque ofrece poco más allá de esa singularidad. Orlando Bloom la definió como un poema: puede gustarte o no, pero en cualquier caso es una obra única.
La historia está inspirada libremente en las hermanas Freda y Greta Chaplin, de York, que hablaban al unísono y alcanzaron popularidad en los pasados años ochenta a raíz de un caso de acoso a un vecino.
En las películas de Herzog, nada es lo que parece.
Ceniza en la boca (México y España, 2026, Diego Luna, 98 min)
No era la primera vez de Diego Luna en San Sebastián. Con Abel (2010) obtuvo el Premio Horizontes y el Premio de la Juventud. Este año presentó en la Sección Horizontes Latinos Ceniza en la boca, donde Lucila (Anna Díaz) y su hermano Diego (Sergio Bautista) viajan desde México a Madrid en busca de una vida mejor y para reencontrarse con su madre, Isabel (Adriana Paz), a la que no ven desde hace ocho años. Pronto descubrirán que la realidad que les espera es mucho más dura de lo que habían imaginado.
La muerte de la madre de Luna en un accidente de tráfico ha marcado profundamente su vida y, según sus propias palabras, «está presente en todo lo que hago. Está ahí porque es quien soy». La ausencia de los padres ha sido también una constante en su cine como director, al igual que las fracturas familiares; en este caso, a través de unos hijos que han crecido lejos de su madre.
La película adapta la segunda novela homónima (2022) de la escritora mexicana Brenda Navarro, reconocida internacionalmente por el fuerte componente social y feminista de su obra. Navarro concedió plena libertad creativa a Luna para la adaptación, que, al igual que la novela, aborda el proceso migratorio de la familia protagonista e incorpora cuestiones como el racismo, el desarraigo y la búsqueda de la identidad con todas sus consecuencias.
Tras la proyección, el director y gran parte del reparto respondieron a las preguntas de los asistentes. Todos coincidieron en señalar el enorme reto que la migración representa actualmente para la humanidad y dónde te lleva la ausencia de conversaciones necesarias aunque dolorosas. Salieron también en el coloquio experiencias personales, como la de Anna Díaz, cuya madre vive en Estados Unidos y a la que no había visto durante años hasta el inicio del rodaje, o la de Adriana Paz, que, al igual que Isabel en la ficción, llegó a España y trabajó en lo que pudo para salir adelante.
Lucila soporta el abuso de sus patrones, la soledad dentro de una casa abarrotada y el peso del dolor. Luna construye el relato a través de su mirada curiosa y esperanzada, la de una joven que confía en que algún día su suerte cambiará y que, por encima de todo, se resiste a conformarse con el destino de su madre. Hay también un regreso a México, donde los militares, miembros de su familia materna, se convierten en protagonistas de esa violencia y esas desapariciones que todavía hoy siguen marcando al país, aportando claves para comprender la emigración de Isabel.
Filmada con gran realismo, la película utiliza fundidos en blanco en lugar del típico negro, permitiendo que incluso en los momentos más angustiosos se cuele un poco la luz.
Más vale que el viaje valga la pena en la vida. Y como dice Luna: «lo que para una es un abandono, para otra es una búsqueda».
The housewife / La esposa perfecta (Reino Unido y Estados Unidos, 2026, Ben Shirinian, 102 min)
Titulada en castellano La esposa perfecta y presentada en la Sección Proyecciones Premio Donostia, el canadiense Ben Shirinian muestra en su primer largometraje cómo una persona puede llevar una vida aparentemente normal, incluso resultar agradable, y albergar un mal extraordinario, enfrentando lo familiar con lo monstruoso.
Basada en hechos reales, la historia sigue al joven periodista del New York Times Joseph Lelyveld (Tye Sheridan), que descubre que un presunto oficial nazi con un pasado sangriento vive una existencia completamente ordinaria en el barrio neoyorquino de Queens en 1964. Su investigación le lleva hasta Hermine Ryan (Naomi Watts), la perfecta esposa, admirada y envidiada por todas sus amigas de la comunidad.
Por momentos claustrofóbica conforme avanza la investigación, Sheridan aguanta muy bien el peso dramático frente a su coprotagonista Naomi Watts, merecida ganadora este año del Premio Donostia por toda su trayectoria. La producción posee todas las características para triunfar en taquilla.
Destaca la importancia del papel de Anthony DeVito (Michael Imperioli), oficial de inmigración que, al descubrir que el presunto nazi ha obtenido la nacionalidad estadounidense, está dispuesto a remover cielo y tierra para intentar revocársela por considerar que, con ella, ensucia el sueño americano.
Trasladada la situación a nuestros días, ese sueño americano de obtener la nacionalidad, y un futuro mejor, queda bastante deteriorado por la situación política actual.
Krux (Alemania y Polonia 2026, Tony Vahl, 100 min)
La palabra alemana Krux procede del latín crux y, en el alemán moderno, se utiliza de forma metafórica para referirse a la dificultad principal, al verdadero meollo de una situación.
En su primer largometraje, la directora Tony Vahl narra la historia de un pequeño pueblo alemán al final de la Segunda Guerra Mundial. Allí solo permanecen mujeres y niños, junto con el alcalde (Lukas Miko), el profesor (Clemens Schick), el pastor (Martin Wuttke) y unos pocos hombres de edad avanzada que ya no pueden ser enviados al frente.
Todos intentan mantener una apariencia de normalidad hasta que las autoridades nazis transmiten la orden de no dejar nada vivo que pueda caer en manos del enemigo, incluidos ellos mismos, en nombre de la gloria de la madre patria, «Fatherland».
Greta (Jella Haase) lucha por sobrevivir como el resto de mujeres y niños, envueltos en un silencio cómplice que les cerca más y más con el paso de los días y la aparición de cadáveres en el río. La dureza de la situación se refleja especialmente en los niños, que juegan entre los muertos mientras cuidan unos gusanos de seda esperando que se transformen en mariposas y vuelen libres; como quizás ellos puedan hacer algún día.
Los títulos de crédito descendieron por la pantalla en completo silencio. El mismo silencio que la película dejó entre los espectadores.
Mugalim (Kazajistán, 2026, Ayana Nurdinova, 95 min)
Con Mugalim, otro primer largometraje, esta vez de la directora kazaja Ayana Nurdinova y presentado en la Sección Nuevos Directores, terminó mi andadura por Donosti. El título podría traducirse como El profesor.
Zhandos (Oljas Dalelkhan) es un tranquilo y entregado profesor de música que vive en una pequeña ciudad a orillas de un gran lago en Kazajistán. Sueña con trasladarse a una gran ciudad y, cuando por fin se presenta la oportunidad de hacerlo, también surge el dilema de decidir qué es realmente mejor para él y para su arte.
Paciente con sus alumnos, cariñoso con su vecino, un adolescente con problemas mentales con el que comparte pared y al que calma tocándole el piano cuando escucha sus gritos. Buen hijo, buen pianista, pero buscando su lugar.
Película luminosa, plena de sol y ligera, llena de aire en sus bellos y vírgenes paisajes exteriores, con colores pastel simbolizando los recuerdos de infancia de su directora, muy musical e introspectiva. Con abundantes planos estáticos, porque en las ciudades pequeñas la vida transcurre más lenta, aunque son las personas quienes aportan el movimiento. Los otros protagonistas son los niños, que aportan alegría y sencillez.
El equipo de la película participó en el coloquio posterior y explicó las enormes dificultades para sacar adelante una producción cinematográfica en su país. En Kazajistán solo existe un organismo oficial de financiación al que pueden presentarse proyectos una vez al año. Cuando Nurdinova presentó el suyo competía con cerca de quinientos proyectos más; únicamente diecisiete obtuvieron financiación y solo dos pertenecían a nuevos directores.
La banda sonora está inspirada en la música occidental, aunque incorpora motivos tradicionales de Kazajastán.
Si te marchas ¿quién ocupa tu lugar? Es la pertinente pregunta que deja esta película en un mundo en movimiento constante.
Al regresar a Madrid, y después de no haber podido ver La bola negra durante el Festival de San Sebastián, tuve la oportunidad de disfrutarla en los Cines Princesa en un pase especial con la presencia de los actores Milo Quifes, Carlos González y Miguel Bernardeau, seguido de un coloquio que emocionó casi tanto como la propia película por la sinceridad y el agradecimiento que mostraron los intérpretes al público. Lo que confirmó las palabras que sus directores habían pronunciado días antes sobre el escenario del Kursaal al recoger el merecido Premio del Público:
«Hicimos esto para vosotros, para que os guste», contó Calvo. «Me emociona que la gente vuelva a decir: ¡Que viva el cine español!»
No podría estar más de acuerdo. Y, sobre todo, no puedo dejar de desearles todos los éxitos posibles para una película tan grande como hermosa, capaz de despertar el interés de varias generaciones por la historia de nuestro país desde un punto de vista diferente y profundamente humano.
¡San Sebastián, si la compra de entradas lo permite, nos veremos el año que viene!
Palmarés 74ª edición
Festival de cine de San Sebastián
Concha de Oro: Tender Loving Care, de Mike Leigh.
Premio Especial del Jurado: Border, de Ah Biao.
Concha de Plata a la mejor dirección: Amanda Kernell, por Garrat du váimmu / Brace Your Heart.
Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista: ex aequo para Kate O’Flynn, por Tender Loving Care, y Asta Kamma August, por Markens grøde.
Concha de Plata a la mejor interpretación de reparto: Javier Cámara, por Cinco minutos más.
Mejor guion: Mike Leigh, por Tender Loving Care.
Mejor fotografía: Oskar Dahlsbakken, por Markens grøde / Growth of the Soil.
Nuevos Directores: Body of Glass, de Naëmi Ada.
Horizontes latinos: La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti.
Zabaltegi–Tabakalera: Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma, de Jane Schoenbrun.
Premio del Público: La bola negra, de Javier Ambrossi y Javier Calvo.
Premio del Público mejor película europea: NAZA, de Yuval Abraham y Rachel Szor.
Premio DAMA de la Juventud: La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti.
Premio RTVE-Otra Mirada: Soudain / All of a Sudden, de Ryusuke Hamaguchi.
Premio Irizar al Cine Vasco: Txakun txakür, de Elsa Oliarj-Inès.