Pilar Oncina

.- El espeluznante grito sordo que profiere Arantxa (Carolina Yuste) en la bañera de su casa, mientras “se esconde” de los dos terroristas a los que acoge, expresa muy bien la soledad, el miedo y el vacío vivido por esta joven policía nacional que consiguió infiltrarse en la banda terrorista ETA tras años de aproximaciones. Ocho años en total de trabajo en las sombras, pero que permitieron desmantelar el Comando Donosti.

Aranzazu Berradre Marín fue el pseudónimo de Elena Tejada, quien entró bajo su propio riesgo en una situación alegal, desprotegida completamente y con la única conexión con el exterior en la persona de su jefe o “manipulador”, Ángel, alias “el inhumano”, con quien se encontraba en la cafetería de un hospital, “el mejor lugar para pasar desapercibido”.  Encarnado por el siempre impecable Luis Tosar, Ángel -nombre ficticio- fue el importante comisario de la policía nacional que la introdujo en la misión y la dirigió durante su larga estancia en San Sebastián, aislada totalmente de su vida anterior, sin poder contactar con familia y amigos, contando, desde los 22 a los 30 años, con el único consuelo de su gato.

La claustrofobia de la herriko taberna en la que trabaja, el ruido del entorno, la oscuridad de la noche en la que se mueve y la pequeñez de su casa dominan este thriller que solo ve la luz cuando Arantxa coge el coche camino a Francia para, ganada ya la confianza de la banda terrorista, encontrarse con uno de sus altos mandos, en unos días en los que la lluvia domina la naturaleza, como si no pudiera ni siquiera disfrutar de esos exteriores.

Esta primera mujer infiltrada sufrió el machismo de los años noventa de sus compañeros, dentro y fuera de la organización, siendo eso mismo clave para el éxito de la operación, al pasar más desapercibida por su juventud y por, precisamente, ser mujer. La aparición del etarra Sergio Polo Cabases (Diego Anido) llevará al límite a la protagonista. Anido vuelve a deleitar a la audiencia con un papel de psicópata que recordará su trabajo en As Bestas (Rodrigo Sorogoyen, 2022).

Arantxa Echevarría debutó en el largometraje con Carmen y Lola (2018), historia de un amor imposible entre dos mujeres gitanas, donde Yuste ya formaba parte del reparto. Desde entonces ha combinado temas más desenfadados en formato comedia (algunos, encargos), con películas de problemáticas sociales, si bien en todos sus títulos sus mujeres son personajes muy fuertes. Se desmarca aquí con un thriller que mantendrá al espectador pegado a su asiento y, aunque conozca su desenlace, sufriendo hasta el final.

La directora contó con la colaboración del auténtico Ángel en el guion: “Si bien no se puede asegurar que todo lo que pasó en la vida real está en la película, sí se puede saber que casi todo lo que pasa en la cinta ocurrió en la vida real”. No necesitó a la Arantxa real (en paradero desconocido) para dar forma a su largo. Su puesta en escena ya trabaja cuidadosamente un gran realismo, con una envolvente atmósfera sonora que culmina con una trepidante banda musical de Fernando Velázquez. Se le suma la magnífica ambientación de las calles donostiarras, que llevan indefectiblemente a rememorar aquella época sangrienta.

El 20 de octubre de 2011, la organización terrorista Euskadi Ta Askatasuna (ETA) anunció el cese definitivo de su actividad armada. El 3 de mayo de 2018, ETA comunicó su autodisolución. “La infiltrada” resucita de la historia la aventura vital de una mujer que contribuyó decisivamente a dicho final.