Antonio Valdovín, cineasta de Fuentes de Ebro (Zaragoza) apasionado, prolífico, versátil. En 2024 se cumplen dos décadas del estreno de su primer corto: «Decisiones», que anticipa varios de sus intereses cinematográficos: la evocación poética, el uso especialmente atmosférico de la banda sonora, el protagonismo femenino y un giro final inesperado. Parece que como autor sus “decisiones” fílmicas posteriores mantengan la huella más positiva de esta primera pieza. Su entusiasmo cuando habla de arte, siempre con una sonrisa, resulta contagioso, y su energía como creador, envidiable. Siempre con proyectos entre manos, es vivo ejemplo del «hacer de la necesidad, virtud». Su primer largo de «docuficción», titulado «Murmullo cósmico», es solo la punta de lanza de los próximos estrenos que nos prepara. Todo como fruto de su arrebatada dedicación cinematográfica.

P.- Tras 20 años como realizador, guionista y productor, ¿cómo ves tu evolución como autor?

R.- Lo más bonito de estos ya más de 20 años («Decisiones» lo rodamos en 2003 y se estrenó en 2004), ha sido ver la evolución y el crecimiento del cine aragonés. Y la compañía que hemos ido sumando al camino recorrido.  

No tengo mucha conciencia sobre mis “decisiones” fílmicas inicialmente. Escribo a diario historias que voy guardando y revisando. No sigo las modas ni los “centenarios” en mis decisiones, no me interesa condicionarme ni los intereses ajenos a la creación. Ahora siento que con «Hombre 900» entro en una nueva etapa. Me voy a centrar en el universo documental, con más calma que en los últimos dos años y con una intención híbrida oculta en lo que realice a nivel personal. Estas dos décadas las siento como de aprendizaje y ahora me voy a soltar la melena.

P.- En estos años, más de una decena de cortos, un mediometraje, un largo documental y varios proyectos entre manos. Casi todo con producción propia, manteniendo el entusiasmo como el primer día. ¿Dónde reside tu secreto?

Salvo el documental “La cebolla de Fuentes”, producido por Goyo Lores, el resto de mi filmografía ha sido, efectivamente, producción propia. Mi secreto reside en priorizar la creación y el aspecto cinematográfico, por encima de toda guerrilla, parafernalia y estatus actual creado para y por el negocio audiovisual de unos pocos. En los últimos años, he visto a muchísima gente rendirse y no cumplir su sueño, no materializar guiones perfectos en films por no recibir todas las subvenciones “necesarias”. En mi caso, intento adaptar mi proyecto a mis posibilidades económicas y así poder llevar a cabo mi planteamiento audiovisual, sea un corto, un largo, ficción o documental. No hay secreto, hay pasión desmedida por el plano, amistades fieles y algo de ruina económica personal en cada proyecto. Soy consciente del sacrificio de calidad, e incluso de forma, y de que voy a contracorriente, pero eso no me ha importado nunca. Es una visión personal; siempre pienso en la escena final de “Zorba, el griego».

P.- Natural de Fuentes de Ebro, fuiste colaborador de su veterano festival de cine durante una década y ha sido tu protagónico lugar de rodaje en parte de tu filmografía. Háblanos de esta especial vinculación.

Desde muy pequeño tuve la suerte de poder enlazar “sesiones dobles” y de poder ver mucho cine. Mi tío estuvo muchos años en la cabina de proyección y mi madre en la taquilla, de uno de los dos cines que existían en Fuentes durante mi infancia, así que conservo recuerdos cinéfilos prácticamente desde los tres años. También siento cierta educación sentimental adelantada por todas las pelis que vi, que por mi corta edad no debería haber visto.  

Años más tarde, pude colaborar, disfrutar y ver un poco más de cerca todos los entresijos que pululan alrededor de un festival de cine, y tener cerca a grandes del cine nacional y aragonés en sus primeros pasos. En la SCIFE, hubo unos años iniciales muy bonitos, donde nacieron muchas alianzas y se crearon los pilares del cine aragonés actual. Fue una suerte disfrutarlo, pero luego sentí que no era mi lugar, aunque no me pierdo cada año las proyecciones de los cortos seleccionados y los documentales. 

He rodado muchos cortos y muchas escenas de danza, de mi primer largo, etc., en Fuentes de Ebro. Es mi pueblo, conozco cada rincón de la villa, del monte, de la huerta… He visto a los personajes de mis guiones en las localizaciones “fuenteras” donde los he terminado filmando. 

Tanto dentro de la comunidad aragonesa audiovisual como en los festivales nacionales o en la Filmoteca Nacional, me reciben siempre con cariño como “el de Fuentes”, un tercer apellido que me enorgullece. En mi pueblo me conoce todo el mundo y tengo un público fiel que acude a todos mis estrenos, pero nunca hasta el documental de “La cebolla” había tenido ningún tipo de apoyo o aliento por parte de las instituciones o del festival. Eso sí, con “Murmullo Cósmico” parece que las cosas comienzan a cambiar y estoy sintiendo apoyo y consideración. 

P.- "La cebolla de Fuentes. El legado” comienza siendo la historia de la única cebolla con denominación de origen de España y concluye siendo un entrañable retrato etnográfico, así como testimonio de una forma de vida que tiende a desaparecer. ¿Cómo nació y se desarrolló el proyecto? ¿Qué repercusión tuvo más allá de Aragón?

Fuentes de Ebro siempre será mi pueblo. Antes de la pandemia, con el empresario y productor Goyo Lores, tuve breves encuentros. Y a  principios de 2022, nos pusimos manos a la obra. En el huerto de Valero (uno de los protagonistas del documental) se decidió cultivar y seguir el ciclo anual de la cebolla con varios hortelanos del municipio. La regla era clara: hacerlo como rige la tradición desde hace 500 años en Fuentes, siguiendo el ciclo natural de la cebolla. Fuimos rodando cada mes, según el ritmo de la cosecha, disfrutando de los placeres del campo. Fue verdaderamente bonito filmar a mi padre y a sus amigos. Personas que conozco desde hace más de 40 años. Gracias a ello, pudimos tener una grabación muy cercana, relajada y especial, a la vez que descubríamos el potencial humanístico que se iba logrando, gracias precisamente a esa cercanía personal. 

Con el documental llenamos seis veces el cine de Fuentes y fuimos seleccionados en su prestigioso festival (hecho que no sucedía con ningún trabajo mío desde 2004). Recibió una acogida fantástica y en el pueblo no se hablaba de otra cosa. Profeta en mi tierra por primera ¿y última vez? Muchos descubrieron que me dedicaba al cine. En Aragón ha seguido gustando mucho por la identificación con esas épocas, con el carácter de sus personajes y con “aquellos buenos viejos tiempos”. Fuera de Aragón me han compartido la nostalgia que provoca y el recuerdo a los abuelos. De hecho, dos de los trabajos que llevo entre manos han llegado gracias al alma que desprende este documental. Una suerte y un orgullo para mí el haberlo dirigido.

P.- La pandemia paralizó el mundo pero no tu actividad creativa. Creaste “Perfect Day”, un corto sobre el COVID-19 encarnado en la bailarina Ana Continente y un final esperanzador. ¿Cómo lo concebiste y cómo fue la experiencia?

Durante la pandemia pensé en que cada día no le afectara a mi hija pequeña como algo negativo. Realizamos muchos juegos e ideé una historia sencilla con un mensaje positivo para que ella también pudiera participar. El mismo día que nos levantaron el castigo, estábamos rodando este cuento musical en formato de corto. Con la danza, el abanico de creación es infinito; y tuve claro desde el principio que Ana Continente, que es una estupenda actriz, sería capaz de transmitir la expresión necesaria para ser el Covid-19 perfecto. Con Ana habíamos creado ya otras piezas y le encantó la idea. Hemos seguido filmando y en «Murmullo Cósmico» también tiene un peso importante, interpretándose a sí misma. El rodaje de «Perfect Day» fue durante una mañana, en la estación de Fuentes de Ebro, y fue muy especial. Un equipo artístico único compuesto por actrices y cantantes con las que se creó un ambiente muy bonito. Deseando volver a coincidir con las Saras (Abecia, Lapiedra y Sanromán), Asunción y el resto del equipo.

P.- La danza es, precisamente, otro gran eje en tu obra. Háblanos de los orígenes de este interés.

El recuerdo más lejano me viene de haber visto, todavía en la dulce infancia, “Las zapatillas rojas” de Michael Powell y Emeric Pressburger, que me tuvo totalmente atrapado, y un documental sobre Pina Bausch a los 10 años.

Ya con el paso del tiempo fui madurando el incluir su belleza al comenzar a alejarme de los rodajes, digamos, “amateurs”, aunque todos en la vida somos y seremos amateurs. 

En dos de mis proyectos pendientes de estrenar, «Murmullo Cósmico» y «Hombre 900», también hemos incluido varias piezas de danza y una intrahistoria que para algun@s no pasará inadvertida. Y me aventuro a adelantar que, en un proyecto científico que rodaremos a corto plazo, también hay una narración en la que recurro de nuevo a la danza. Como lenguaje creativo es una opción que ha llegado para quedarse en mi humilde camino cinematográfico. 

P.- “Moving Cities Zaragoza” es, hasta la fecha, uno de tus proyecto más ambiciosos en este terreno, componiendo una bella visita guiada por la ciudad a través de las actuaciones de talentosos bailarines. Todo un escaparate de bellos movimientos corporales habitando diversos rincones urbanos. ¿Cómo te embarcaste en esta aventura?

Durante la pandemia, intenté que Jevan Chowdhury se animara a venir, junto a su pareja, a Zaragoza. Les dije que teníamos lugares muy bonitos y una gran lista de profesionales de la danza de diferentes estilos, que harían de “Moving Cities Zaragoza” un proyecto tan fabuloso como los que él ha filmado en diferentes ciudades del mundo (mis piezas favoritas: Dallas y Praga). Creo que vieron tanta pasión y entusiasmo y lo claro que tenía cada plano de cada distrito donde filmar, que terminaron convenciéndome de que me encargara personalmente. Así que, dada la complejidad de circunstancias, valoré hacerlo de la forma más “Dogma» posible, de forma que durante 12 meses estuvimos colándonos entre las rutinas de los zaragozanos. Mi plan era filmar una pieza de danza en cada barrio, el paso de las estaciones, la diferente luz, las nubes y los movimientos migratorios de las aves… Y prácticamente todos los tipos de danza que se pueden estudiar en nuestra ciudad. 

Lo planteé como un rodaje aventura. Hubo días que supe que grababa con apenas dos horas de tiempo, con riesgo de sufrir cancelaciones de última hora. No obstante, ante todo primé un compromiso total para y por la danza y sus bailarinas y bailarines. Todo ese tiempo y 43 artistas del baile en diferentes rincones, dieron lugar a 18 horas de grabación. 

Por ahora se han visto tres montajes de «Moving Cities Zaragoza»:

  • El largometraje “Jam”, de casi una hora, con todas las personas que participaron y la magia de Jonay Armas acompañándolas.
  • El largometraje titulado “La danza en Zaragoza”, en el que se intercalan conversaciones-testimonios de diferentes bailarinas con sus clips de danza. 
  • El corto “Moving Cities Zaragoza Contemporánea”, de 11 minutos con la BSO de Max Malon, más centrado en la danza contemporánea, que se está distribuyendo de forma humilde pero con bastante suerte en festivales de Aragón y en algunos nacionales e internacionales con solera. Así, nuestras bailarinas y calles se han visto ya en Colombia, Nueva York, Vancouver, Weiterstadt (Alemania), El Cairo… y dentro de España en el Kursaal Film Festival de San Sebastián (donde recibimos el premio al mejor corto de danza), en la final de los Premios Simón del Cine Aragonés (con 4 nominaciones), en la Muestra de Moyuela (donde obtuvo el premio del público) y, en breve, en el Festival de Zaragoza. 

Antes, en la capital aragonesa se pudo disfrutar en los dos estrenos que organicé en el Teatro de las Esquinas -con varias performances y actuaciones musicales-, en la Filmoteca y en el cine de Fuentes de Ebro. Como creo que es un bello proyecto, me puse en contacto con varias instituciones y festivales de danza de Zaragoza, pero no ha habido fortuna hasta la fecha.

Paralelamente, llevo meses intentando organizar una exposición en algún museo, ya que tenemos casi cien mil fotos realizadas por grandes fotógrafos de la ciudad como José Miguel Soler, Gaby Martínez, Concha Ramos, José Lizaga, Juana del Amor Cabrera Cano, Manuel Mas… Creo que sería una exposición francamente deliciosa.

P.- Veo un gran acierto en cómo diferencias estos tres montajes, aportando a cada uno su propia idiosincrasia. Por ejemplo, el de 11 minutos lo arrancas con un baile ante la escultura moderna de la plaza de Europa y lo concluyes con otro ante una escultura de Isabel Queralt en Valdespartera, el barrio más cinematográfico de Zaragoza.

Aunque formen parte de un mismo macroproyecto, intento que cada pieza tenga su independencia sobre las otras. “Buscando un encuadre”, la escultura de Isabel Queralt a la que aludes, era mi pequeño guiño cinéfilo final. Fue el día más frío de todas las grabaciones y Laura Bailón nos regaló unas actuaciones asombrosas. Cada rincón que aparece en el “Moving Cities Zaragoza” tiene un significado especial para mí. Nunca elijo una localización al azar. 

P.- Hablando de encuadres, y siguiendo con “Moving Cities Zaragoza” en su versión de casi una hora, me parece muy admirable cómo articulas los tiempos y ritmos de la cámara, con poco montaje. ¿Cuánta libertad o sugerencias diste a tus artistas?

Ese era el reto principal del proyecto, sumado a la instantaneidad del momento y la prohibición «dogmática» de utilizar cualquier tipo de iluminación no natural. Me interesaba esa simbiosis plano-cuerpo-espacio-movimiento. Esa búsqueda era “el Dorado” como realizador. No siempre lo conseguí, pero tampoco quería hacer trampas con el montaje. Todo el peso y la responsabilidad recaía en la cámara. Cada artista tenía total libertad de movimientos, de forma que la cámara y el operador tenían que flotar a su alrededor (por eso era importante conocer de antemano algo de la coreografía preparada y su velocidad). 

Puedo avanzar que existe un “Moving Cities Mundo” en marcha, de filmación en los próximos años -ya tenemos tres capitales filmadas-, aprovechando viajes laborales y cinematográficos. Va a ser muy especial, ya que he aprendido muchísimo durante este rodaje y voy a aplicarlo todo en este nuevo reto. Será a una cámara. Antes de 2030 veréis el resultado. Adelanto que la selección de lugares y “danzantes” va a ser muy, pero que muy «top».

P.- Entre los escenarios de tu película sobre la danza en Zaragoza sitúas aquel que alberga el busto de Mauricio Aznar, descubierto por mucha gente fuera de Aragón gracias a la película “La estrella azul”. ¿Ya conocías el proyecto de Javier Macipe cuando lo elegiste o ha sido una afortunada coincidencia?

Tuve la fortuna de conocer a Macipe en 2006, mientras editaba el cortometraje “Cuídala bien” en Impacto Films. Compartimos el mismo ordenador y al mismo especialista en montaje. Mientras recogía y me marchaba, hablábamos un poco. Coincidíamos también en nuestra admiración por Más Birras y Mauricio Aznar. Él ya tenía como proyecto futuro «La estrella azul». Luego, a lo largo de los años hemos coincidido en muchos festivales y proyecciones de cine clásico. Ambos somos muy cinéfilos y sentimos devoción por Fellini y Kurosawa. Tuve la suerte de ver «La estrella azul» en el Festival de Cine de San Sebastián y compartir después con Javier impresiones y pinchos. Fue un reencuentro muy especial, luminoso. Además, se unió Jonay Armas, mi compositor habitual, que cubre el festival como crítico especializado para la revista “Caimán Cuadernos de Cine”. 

Fue clarísima mi elección del lugar con la escultura de Mauricio, ya que tuve la fortuna de disfrutar varios conciertos suyos y de coincidir con él varias veces en Zaragoza. Conservo el recuerdo de una persona curiosa, muy inteligente y sensible, con gran cercanía. Por eso, el rincón del barrio de Casablanca donde se ubica su busto, me parece muy especial, con un toque nostálgico muy bello. Tampoco fue nada casual la elección de las personas que en esa escena bailan rock: José Pastor, que fue amigo de Mauricio, y su hermana Sole (a la que le dedicó un guiño en una de sus canciones). Ese rodaje fue posible gracias a mi amiga Esther Ballestero, que comparte escena con ambos. Sin lugar a duda, fue uno de los días más bonitos del año de rodaje de “Moving Cities Zaragoza”. 

P.- Centrándonos en el papel de la banda sonora, cuentas con compositores habituales, como el citado músico canario y crítico de cine Jonay Armas ¿Cómo os conocisteis y cómo se ha forjado esa relación artística?

A Jonay Armas tuve la inmensa fortuna de conocerlo en el Hendaia Film Festival, gracias a su directora Ángela Mejías. Él participaba en competición con varios cortometrajes canarios en los que había creado su BSO, y nosotros con el corto “¿Quedamos?” Me quedé hipnotizado con su piano. Hablamos de composición, ya que entonces todavía me consideraba músico (toqué la trompeta y el fliscorno muchos años), y también de cine, hasta muy entrada la madrugada. Ya vi que era alguien con quien compartía ese amor infinito al Séptimo Arte, así que no me quedó ninguna duda: tenía que trabajar con él. Ya llevamos unos cuantos proyectos juntos y una bonita amistad alrededor. Es un genio absoluto, que cuenta con la simpatía y calidez canaria en su ADN. Jonay siempre multiplica todo, es una de esas personas con las que siempre quieres coincidir y trabajar. Tenemos varios proyectos pendientes y repetimos en SSIFF esta edición. 

P.- Fijándonos en los créditos de tu obra se repiten otros nombres en tu equipo técnico y artístico, como una gran familia que seguro que facilitará el trabajo conjunto. Háblanos de ello.

He tenido fieles escuderos desde el principio, como Roberto Torrado, Sara Abecia y María Espinosa, que me han seguido durante muchos años y que han sido un importante apoyo a todos los niveles. Este último año y en los últimos proyectos, “Hombre 900” y “Partirse en dos”, bien por trabajar en otros proyectos, bien por mi velocidad, no hemos coincidido, pero hemos charlado mucho alrededor de estas creaciones y otras por venir. Con Jonay Armas y otr@s amig@s como Ana Soro, Miriam Martín, Jorge Andolz, Ana Continente, Itziar del Río… y un largo etcétera, nos ha reunido el cine y sus lugares comunes y, a su vez, en mi punto de inflexión fílmico se han unido a la “family Valdoviniana” grandes profesionales y mejores personas como Ibone Becana, Daniel Perales y Álvaro Sancho, con quienes aprendo y disfruto por igual.

Siempre intento que se cree una climatología positiva para que todo fluya en los rodajes. Y siempre valoro más la compañía, por encima del camino y del destino final. 

P.- A nivel de ficción has abordado temas muy dramáticos pero con una óptica muy singular y casi siempre con personajes femeninos en su centro. ¿Qué es lo que más te inspira en su concepción y lo que más quieres comunicar con ello?

Imagino y escribo miles de historias cada año de temática muy diversa. Al final me decido por una u otra de una forma casi aleatoria, por un detalle o casualidad que me lleva a un impulso de filmar una escena, y con ello el  cortometraje en cuestión. Tengo pendiente tocar el cine de terror en su más pura esencia, con un guion entre manos.

Al final, lo importante es el mensaje. Sin duda, es la parte esencial de todo proceso de comunicación, no nos engañemos. Pero como ”filmmaker rápido” soy consciente de que no siempre lo consigo. También querría subrayar que a veces es complicado conseguir los objetivos propuestos por la falta de medios y otros factores que planean en los rodajes low cost.

Creo que mi inicial educación cinematográfica sentimental marcó bastante el que haya personajes femeninos siempre en el centro. Mi infancia en el sofá familiar se vio acompañada por Bergman, Buñuel, John Cassavetes y George Cukor en bucle. Quizá no lo más apropiado para un niño de 4-5 años, pero ya no hay remedio… Mis padres se dormían muy pronto y yo tenía muy pocas ganas de dormir desde temprana edad.

P.- En la gala 2024 de entrega de los Premios Simón del Cine Aragonés, en el avance de futuras películas, aparecieron nada menos que cuatro trabajos tuyos: “Murmullo cósmico”, “Hombre 900”, “Pedro el Rojo” y “La luz en el mudéjar”. ¿Nos puedes hacer un breve avance de cada uno?

“Murmullo Cósmico” por fin llega, tras años de producción y más de un año de complicado rodaje -embarazo de nuestra prota incluido-, pudiendo disfrutarla en breve. Es mi primer largometraje de ficción como tal, aunque tiene algo de docuficción. Estamos valorando una “ruta” de festivales y cerrando opciones con plataformas e incluso un canal francés. Habrá un pase especial a principios de 2025, y vamos a intentar estrenar en un conocido festival. 

“Hombre 900” se concreta en dos piezas documentales (una en formato corto y otra en largo) sobre la figura del gran creador que es Pedro Avellaned. Una primera, centrada en su creación y su persona, y otra más larga, junto a diferentes amig@s y con un carácter más híbrido en el retrato de la persona y el personaje. 

“Pedro el Rojo” ahora es “Partirse en dos”. Se trata de un corto documental en el que acompañamos a Javier Arnas en su preparación para el montaje de “Informe para una Academia», de Frank Kafka. He intentado ofrecer un reflejo de la soledad del actor teatral, acompañada por la sabia visión y doctrina que ofrece el actor zaragozano a sus alumnos. Creo que va a sorprender a mucha gente y va a tener un largo recorrido. Lo estrenamos el próximo enero en la Filmoteca de Zaragoza con algunas sorpresas…

La luz en el Mudéjarsigue el trabajo de la artista e investigadora plástica Pilar García Verón, con la que siempre es un placer coincidir. Tuve la fortuna de contar con ella y su pincel para Murmullo Cósmico”, también con Ira Torres, Katherin Gutiérrez y Lina Vila como grandes representantes del panorama actual pictórico aragonés. Pilar ha realizado un estudio increíble alrededor de la luz y el color en Territorio Mudéjar. Junto al gran Álvaro Sancho la hemos acompañado audiovisualmente y se ha creado una magia especial.

Además, en octubre arrancamos otros dos proyectos nacionales de gran envergadura. Por una parte, una docuficción del gran actor Santiago Ramos, que contará con un elenco inmortal de los últimos 50 años del cine y teatro español. Por otra parte, un corto documental científico con María Climent Aroz y Raquel Pérez Palacios, que partiendo de un planteamiento didáctico y creativo, nos permitirá hablar de epigenética con ellas y otras grandes científicas a nivel internacional. 

Asimismo avanzo que para finales de 2025 / principios de 2026, vamos a llevar a la gran pantalla la novela «Me enamoró una lágrima», de mi gran amiga Clara Fuertes. Estamos inmersos en el casting y preparando el guion «mano a mano» junt@s. Todo un regalazo que rodaremos en una de mis zonas favoritas del Pirineo.

P.- Agnès Varda, a la que me consta que admiras, se definía como una gran recolectora de imágenes en compañía de su pequeña cámara digital en su maravillosa película “Los espigadores y la espigadora”. En tu camino en el audiovisual, ¿cómo has vivido la evolución tecnológica? ¿Cuáles han sido o son tus cámaras físicas más cómplices?

¡Ay, Agnès! ¡Qué persona tan maravillosa y fascinante! La admiro profundamente, a ella y a su obra, que revisito muy a menudo. La verdad es que siento algo parecido. Me siento un poco como un agricultor del fotograma. Y mis azadas han sido siempre Sony. La última, una Sony Alpha 7SIII  con la que he filmado casi todo en los últimos tres años y con la que espero rodar muchos documentales. He coqueteado con varias BlackMagic, Red, etc.,  hasta con una Arri de las top. En la actualidad, tengo dos cámaras de los años 50 y 70, una ochentera y otra del año 2000. Pero ya no me siento tan cómodo como con la Alpha 7SIII. Ahora voy a llevar a cabo algo muy vardariano con una Leica de los 70: voy a documentar lugares y personas durante un año. Por placer y con plan oculto.

P.- Como “hombre de cámara”, también realizas colaboraciones con otros nombres del cine en Aragón.

Me encanta estar en proyectos “ajenos”: como cámara, en la parte técnica o en producción (que creo es mi fuerte). Siempre se aprende algo, conoces a alguien nuevo o puedes aportar un punto de vista diferente que mejore el proceso o el resultado final. 

Además de colaboraciones frecuentes con Roberto Torrado y Álvaro Sancho para sus grabaciones, últimamente he participado en los rodajes de dos cortometrajes muy interesantes:

  • “Amo a mis amos”, de Paco Gómez Luesia, que habla de los Illuminati, esa sociedad secreta cuyo «ojo todo lo ve»; dirigen el mundo financiero, los gobiernos del mundo y los medios de comunicación. Se centra en una reunión de alto secreto con políticos y cargos influyentes que mueven los hilos, a todos los niveles. Tiene un elenco aragonés muy top. Se estrenó el pasado septiembre en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza. 
  • “One of those things”, de Cotton Filgaira, un corto musical con un claro homenaje a los fabulosos años 20 y 30. Con un aire ‘crooner’ y un toque ‘noir’ muy prometedores, un reparto de muchos quilates y unas actuaciones musicales que harán las delicias de cualquier amante de la música. Estén muy atent@s porque pronto se anunciará el estreno. 
P.- Entre tus otras facetas, eres también un gran cinéfilo y consumado lector. ¿Puedes darnos algunos de tus títulos de cabecera que te han marcado o han sido fundamentales en tu trayectoria? ¿Y recomendarnos una película y un libro que no deberíamos perdernos?

Títulos de cabecera cinematográficos: 

  • «Amanecer» («Sunrise», 1927), de Murnau.
  • «M, el vampiro de Düsseldorf» (1932), de Fritz Lang.
  • De Luis Buñuel, todos, pero mi favorito: «Los olvidados» (1950).
  • «Fresas salvajes» («Smultronstället», 1957), de Ingmar Bergman.
  • «Las noches de Cabiria» («Le notti di Cabiria», 1956), de Federico Fellini.
  • «Stalker» (1979), de Andrei Tarkovsky.
  • «Elogio del amor» («Éloge de l’amour», 2001), de Jean-Luc Godard.
  • «India Song» (1975), de Marguerite Duras.
  • De David Lynch, todos, si bien mi favorito es «Carretera perdida» («Lost highway» , 1997).
  • De la actualidad sigo a much@s cineastas muy interesantes, siendo mis favoritos Sean Baker y Wong Kar-wai.     

Libros que marcaron mi vida:

  • «El infinito en un junco», de Irene Vallejo.
  • «Nada», de Carmen Laforet.
  • «Cumbres Borrascosas», de Emily Brontë.
  • «Los hermanos Karamazov», de Dostoievski.
  • «Los restos del día», de Kazuo Ishiguro.
  • «La inmortalidad», de Milan Kundera.
  • «La historia interminable», de Michael Ende.
  • «Dune», de Frank Herbert.
  • «A puerta cerrada», de Luis García Montero.
  • «Poeta en New York», de Federico García Lorca. 

Voy a recomendar un libro que he leído decenas de veces y una película que creo que todo realizador o amante del cine debería ver:

“Momentos estelares de la Humanidad”: probablemente el libro más famoso de Stefan Zweig y seguramente el único libro del que he soñado realizar cada uno de sus 14 relatos. Un libro delicioso y espectacular, en el que asistimos a destellos privilegiados en los que actúan personajes prodigiosos. 

Y el mundo marcha” («The crowd», 1928), de King Vidor. Es uno de mis films favoritos de este olvidado realizador, uno de los cinco grandes de la historia del cine. Creo que es una película por la que el tiempo no pasa y en la que se muestra, como en pocas, un análisis de la lucha de una joven pareja para subsistir en Nueva York. Me sigue emocionando cada vez que la veo. Una obra maestra. Dudaba si poner una o varias de Luis Buñuel, probablemente mi director favorito, pero creo que la de Vidor puede ser más desconocida para quien lea esta entrevista.

P.- En tus cortos sueles incluir también citas literarias de terceros, que enmarcan el tono de su contenido. Tú también eres escritor. ¿Puedes regalarnos una frase tuya a modo de cierre de esta entrevista?

La verdad es que soy un poco citas o sentencias en mi vida real. Indirectamente lo suelo incluir, a modo de complemento, en el principio o final de cortos, largos e incluso de algunos libros que, por ahora, no he publicado, aunque me he prometido que antes de 2030 lo haré.  

Te voy a regalar un haiku incluido en un libro que algún día publicaré, así como una especie de cita con la que arranca  un proyecto muy personal  que no tardará mucho en salir.

Ricos profetas
cultivan sobre Gaza
campos de sangre
Todo es un sueño
un espectáculo sin final
pero sigo buscando tu mirada

haiku

cita