Ana Asensio

.- Resulta indiscutible que David Lynch fue un maestro en la creación de atmósferas inquietantes y sorprendentes gracias tanto a su rico imaginario visual como a sus evocadores paisajes sonoros. Por ello el Festival de Cine y Música Retina ya le había dedicado espacios en anteriores ediciones, sumándose en la de este 2025 a los homenajes al polifacético cineasta estadounidense, desaparecido el pasado enero, con una sesión titulada «El universo sonoro de David Lynch».

En el marco de la VIII edición del festival, en su sede en Zaragoza, el acto del 11 de marzo consistió en una dinámica conversación entre el docente, escritor y crítico cinematográfico Quim Casas y la podcaster y narradora con sonidos María del Castillo. La sala abarrotada del IAAAC Pablo Serrano daba fe de la cantidad de lynchianos interesados en la propuesta.

¿Por dónde empezar ante la vasta producción de Lynch y cómo ser concisos en un recorrido sonoro por su obra audiovisual? Esta fue la pregunta de partida de María, que Quim recogió abordando la faceta primigenia de Lynch como pintor, que «quiso hacer películas para dar volumen y sonido a sus pinturas», de ahí que el primer rodaje que se le conoce es un corto experimental, para proyectar en bucle con un sonido de sirenas de fondo, titulado Seis hombres enfermos (Six men getting sick, 1967). «A Lynch no le interesaba la música diegética ni los scores tradicionales, sino que para él la propia banda de sonido funcionaba como música«, subrayó Casas, de ahí que fuera fundamental en su primera etapa como cineasta su relación con el diseñador de sonido Alan Splet, con quien trabajó en el corto The grandmother (1970) y en los largos Cabeza borradora (Eraserhead, 1977), El hombre elefante (The elephant man, 1980), Dune (1984) y Terciopelo azul (Blue velvet, 1986). De hecho, se recordó que Lynch fue uno de los primeros directores que en sus títulos de crédito incluyó el concepto de diseño de sonido como creación narrativa.

María del Castillo fue la encargada de ofrecernos «una charla multisensorial» con fragmentos audiovisuales que dieron medida, como apuntó, de que «el sonido en el cine de Lynch era un personaje más«. Arrancó con la canción In Heaven, en una de los muchas perturbadoras escenas de Cabeza borradora (en esta ocasión, no existente en el guion original), con letra creada por el propio Lynch, ya que entre su polivalencia como autor fue compositor, letrista e intérprete, así como gran inspirador para las bandas sonoras escritas por terceros. De esto último contamos con el elocuente ejemplo del testimonio documental de Angelo Badalamenti sobre cómo le fue guiando melódicamente en la composición, en una única sesión al piano, del tema principal de la serie televisiva Twin Peaks, con unas ideas preconcebidas muy claras. Quim Casas destacó que «Lynch reconoció que el encuentro con Badalamenti le descubrió que la música cinematográfica tenía otra dimensión«. La gran simbiosis entre ambos tuvo su primera gran manifestación con Terciopelo azul, título escogido para la película porque el director se encontraba estancado en su concepción y fue precisamente la canción homónima, popularizada en los años 60 por Bobby Vinton, la que le desbloqueó. Imposible olvidar cómo la interpreta en el filme el personaje de Isabella Rossellini, así como la posterior escena de Ben (Dean Stockwell) con el playback de In dreams emulando a Roy Orbison. Este último también sería invocado en otra de las icónicas secuencias lynchianas: cuando en Mulholland Drive (2001) se versiona, a capela y en español, la balada Crying por Rebekah Del Río,  presentada en el Club Silencio como “La llorona de Los Ángeles”.

Con Terciopelo azul no solo se inició la fructífera relación entre Lynch y Badalamenti, también con Julee Cruise, elegida por el segundo para interpretar el evanescente tema Mysteries of love (con letra, de nuevo, de Lynch, surgida de la imposibilidad de que sonara en el filme Song to the siren, de Tim Buckley, por unos derechos de autoría de inalcanzable pago). La colaboración entre los tres continuaría y se recogería en el álbum Floating into the night (1989), que recopilaría, entre otros, numerosos temas aparecidos en Twin Peaks (como Falling, cuya versión instrumental sería la icónica apertura de la serie).

Casas y Del Castillo continuaron desgranando otras colaboraciones sonoras y fílmicas del director estadounidense, como la que mantuvo con John Neff, con quien publicó el álbum BlueBob, que recogía tres temas compuestos para Mulholland Drive, y del que nos proyectaron el videoclip Thank you, judge (1999), que cuenta en su elenco con Naomi Watts. También abordaron el trabajo conjunto con Trent Reznor, iniciado con Carretera perdida (Lost highway, 1997), caso ejemplar de reparto de protagonismo en la banda sonora, ya que incluye música original grabada por Reznor, Angelo Badalamenti y Barry Adamson.

La inclasificable Inland Empire (2006) contó con una banda sonora casi por completo suya, siendo su último largometraje estrenado en salas, si bien, como explicó Quim Casas, fue concebido en origen en exclusiva para su página web, como exploración de las posibilidades de Internet. Por otra parte, su última intervención como actor fue en Los Fabelman (2022) encarnando nada menos que a John Ford en la recreación de su encuentro real con Steven Spielberg; dos directores de estilos bien dispares al suyo.

Cuando el diálogo se abrió a las intervenciones del público, no faltaron las anécdotas, impresiones y reflexiones de los asistentes. A la pregunta de con qué momentos sonoros de la filmografía de Lynch se quedarían, Quim Casas respondió que, sin ser de sus favoritas, con la escena de Mulholland Drive de la reunión entre el director y los productores mafiosos (con el café por el medio), por la tensión generada con tan pocos elementos acústicos, o con el trabajo desplegado con la voz de John Hurt en El hombre elefante reproduciendo el problema respiratorio que sufría el personaje de John Merrick, sin olvidar la escenificación de la canción de Cabeza Borradora u otros de la legendaria Twin Peaks. Dicha serie también la destacó María del Castillo, así como la perturbación provocada por el sonido de la mascarilla de oxígeno usada por Frank Booth (Dennis Hopper) en Terciopelo azul. Ambos resaltaron la riqueza de texturas sonoras en toda su obra cinematográfica y su creatividad al respecto, a veces solventada con métodos caseros y sencillos pero de gran ingenio. 

Para terminar, Quim Casas aludió a la nueva revista de cine y series, donde colabora, Pickpocket, cuyo número 2 es un monográfico titulado David Lynch, misterio eterno. Los ejemplares que trajo se agotaron, pero yo no me quedé con la espinita y he encargado el mío a mi tienda de cine de referencia en Zaragoza, La ventana indiscreta.

Lynch es un cineasta inabarcable, por eso seguir profundizando, desde múltiples perspectivas, en su poderosa filmografía garantiza horas de disfrute cinéfilo. La charla entre Quim Casas y María del Castillo lo demostró sensibilizándonos mucho más con el intenso y complejo universo sonoro de uno de los más influyentes nombres de toda la historia del séptimo arte.

Retina, Festival de Cine y Música, que explora la relación entre el ámbito sonoro y la imagen, continúa. Puedes consultar la programación en su web.