.- La mejor película es, sin duda, la película de nuestra propia vida. Esa que protagonizamos cada día y que, con el paso del tiempo, será la que más atesoremos en la memoria. ¿Y si usamos el cine como aliado para hacerla todavía más especial?

Te propongo tres planes sencillos para este 2026, pensados para sumar entrañables recuerdos.

1. La ilusión de la primera vez.

Lleva a un niño o a una niña a vivir su primera experiencia en una sala de cine como regalo sorprendente. Prepárale con cariño, adaptando las explicaciones a su edad. Dile que vais a emprender una pequeña aventura: entraréis en una sala grande, las luces se apagarán y, de pronto, una pantalla gigantesca, y muy distinta a la de cualquier móvil, cobrará vida para envolveros con imágenes y sonidos.

Cuéntale que será un momento casi mágico, una historia compartida sin prisas ni distracciones. Durante la proyección, obsérvale de reojo: su sorpresa, su sonrisa, su emoción. Haz que se sienta especial y que comprenda que ese momento no se repetirá nunca igual. Y cuida ese recuerdo como un tesoro, para que siempre podáis decir: “¿Te acuerdas de la primera película que vimos juntos en el cine?”.

2. Volver a la sala, volver a sentir en compañía.

Piensa en alguien de tu entorno que hace tiempo no pisa una sala de cine. Tal vez porque no le resulta cómodo ir en solitario, por una movilidad reducida o porque la agenda siempre acaba imponiéndose. Invítale a asistir a una sesión de una película que creas que pueda interesarle.

Si lo necesita, pasa a recogerle por su casa y compartid el trayecto. Lo importante no es únicamente la película, sino el gesto de facilitar el sentir nuevamente una experiencia que quizás llevaba tiempo en mente. Propiciar ese momento es recuperar el valor del cine como espacio singular donde, en la oscuridad de la sala, las historias se viven con mayor intensidad. Y hacerlo en compañía, como la música en estéreo, revela muchos más matices y profundidad.

3. Un gran estreno para disfrutar de un coral reencuentro.

Celebrar, que en su origen en latín (celebrare) significaba concurrir en gran número, se relaciona con actos públicos donde la gente se reúne. ¿Y si convocas a un buen grupo de amistades para festejar el tiempo que lleváis conociéndoos? Toma como excusa el anunciado gran estreno de un largometraje y convierte la sala de cine en el singular espacio para vuestro reencuentro.

Compra las entradas para que podáis sentaros juntos; planea un bar o cafetería cercana para tomar algo después. Anima la conversación sobre lo que habéis visto, compartiendo opiniones y reflexiones. Vivirlo como una de esas corales tramas cinematográficas donde cada personaje importa, como un Cuenta conmigo donde la realidad supera a la ficción, porque esta vez la historia es totalmente vuestra, auténtica y cada cual tiene un insustituible papel.

Hasta que llegue nuestra hora (como en el título en español de Sergio Leone), nuestra existencia transcurre en sesión continua, escena tras escena; ninguna prescindible, todas valiosas. Y todavía perviven Cinemas Paraíso, resistentes al tiempo y sus nuevos consumos, para recuperar la experiencia del cine como espectáculo compartido, lejos del mundo multipantalla que nos dispersa y nos aleja de quienes tenemos cerca. De paso, al terminar la sesión, cabe intercambiar sensaciones cara a cara, conocernos un poco más gracias a ello y despedirnos, incluso, con un abrazo o con un beso (esos gestos que hace unos años, pandemia vigente, nos estaban prescritos). ¿Quién no recuerda con una sonrisa esos finales de película donde los protagonistas terminaban así?

Porque la magia del cine, cuando se disfruta en compañía, se multiplica. ¿Y quién no la necesita?